Béisbol Cubano

Yunesky Maya: cara o cruz hoy ante Cuba

«Lo primero que haría sería saludarlos, pero no jugaría en contra de ellos», declaró hace exactamente cuatro años y un mes un lanzador cubano ante la gran posibilidad de enfrentar al equipo Naranjas de Villa Clara en la Serie del Caribe de Venezuela 2014, la misma que implicó el regreso de un conjunto de la isla a esta competición caribeña. Y efectivamente, el pitcher lanzó par de encuentros luciendo el uniforme de los dominicanos Tigres de Licey y ninguno de ellos fue ante sus antiguos compañeros de la Serie Nacional.

Entonces, pasaron cuatro años y nos encontramos con la edición 60 de la Serie del Caribe, que se celebra desde el pasado 2 de febrero en la ciudad mexicana de Guadalajara. Como es lógico, un conjunto de República Dominicana y otro de Cuba animan esta histórica versión. Para ser más explícito, por los quisqueyanos están las Águilas Cibaeñas y por los insulares los Alazanes de Granma, por segundo año consecutivo.

Antes de iniciar el torneo, dije exactamente con estas palabras que era casi seguro que un lanzador cubano en representación de las Águilas se midiera al elenco de la Mayor de las Antillas. Fui casi absoluto porque en la rotación de cuatro abridores presentada por el manager Lino Rivera aparecían el habanero Francisley Bueno, el artemiseño Raúl Valdés y el pinareño Yunesky Maya, pero en el juego correspondiente al round robin entre ambas selecciones el estadounidense Bryan Evans fue el encomendado para maniatar a los Alazanes y los maniató durante sus siete sólidas entradas de labor.

Sin embargo, después de todo no me equivoqué. Después de todo, mi jugada arriesgada de ser casi absoluto no me salió mal. Después de todo, uno de esos tres lanzadores cubanos saldrá hoy a derrotar a la escuadra granmense. Pero, lo más interesantes es, que después de todo, el lanzador que hace cuatro años y un mes dijo que no jugaría contra su país de nacimiento, lo hará. A partir de las nueve de la noche, hora de Cuba, el vueltabajero Yunesky Maya será la apuesta de las Águilas Cibaeñas para doblegar a nuestro equipo e incluirse en la final de mañana.

Después de que los tres serpentineros antillanos hicieran todo lo posible por evitar a Cuba, e incluso los tres hablaron personalmente con el estratega Rivera para no pasar por esa situación incómoda, fue a Maya al que le tocó iniciar nada más y nada menos que en un choque crucial, más delicado que cualquier otro de la etapa clasificatoria.

Porque eso sí, no es lo mismo ocupar el rol del camagüeyano Dayron Varona (Criollos de Caguas) o el santiaguero Ronnier Mustelier (Tomateros de Culiacán), bateadores ambos que fueron oponentes de los lanzadores de los Alazanes hace pocos días, que tratar de poner out durante cinco, seis o siete capítulos —o los innings que sean— a una batería compuesta en su mayoría por antiguos adversarios de la pelota cubana.

Mientras, por las huestes de Carlos Martí no podía ser otro que el derecho Lázaro Blanco el encargado de ganarle a las Águilas por el boleto a la discusión de la corona. Esa misma misión la tuvo el pasado año ante las Águilas de Mexicali y a pesar de lanzar una pelota de altos quilates, cayó vencido por estrecho marcador de 1-0.

Creo que el choque nocturno de hoy estará repleto de ese morbo que nos caracteriza a los cubanos cuando nos enteramos que un paisano servirá de contrario ya sea en beisbol, voleibol o boxeo. Para Maya, el jugador de 36 años y recordado por sus vivas lágrimas en el primer Clásico Mundial, será un choque de cara o cruz, de «gano o pierdo ante mi añorada isla». (Néstor Pérez)

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