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Yoel Romero: La orden incumplida del Soldado de Dios

Por DAVID DÍAZ

“Un poco adolorido por la derrota, porque esperaba darle a Miami, a Pinar del Río y a Cuba ese título por el que luché, por ser el primer peleador cubano, de aquí, de Miami, en tener una corona mundial en la  UFC, pero eso todavía se mantiene en pie. Hay muchas posibilidades de que la pelea por el título se dé, porque todavía estoy bien pegado en el ranking mundial, estoy entre los dos primeros, y el muchacho que acaba de obtener el título sufrió una lesión y se están esperando los resultados. Depende de ese resultado, podrían ocurrir muchas cosas”.

Son exactamente las palabras de Yoel Romero Palacio, más calmado, sentado en un set televisivo, días después de su sonada derrota el pasado sábado ante el neozelandés Robert John Whittaker por la puja del cetro interino de los pesos medianos de la UFC. Una derrota muy dolorosa, sobre todo porque lo priva de batallar por el cetro absoluto de la división ante el inglés Michael Bisping –aunque ya leyeron las declaraciones de Romero-  y también porque se le derrumbó el castillo de ocho victorias sin reveses desde hacía seis años. Yoel, a pesar del fiasco, es uno de los grandes atractivos de la UFC.

El combate, comentado hasta la saciedad por numerosos espacios informativos, se definió por decisión unánime, después de cinco asaltos. El veterano peleador cubano, de 40 años cumplidos, comenzó como casi siempre: furibundo sobre el colchón, todo un torbellino por tratar de llevar a su rival al suelo, ahí, donde Yoel es todo un especialista, en su arte de lucha libre, el mismo estilo que le permitió ser subcampeón olímpico en Sidney 2000, obtener cinco medallas mundiales: un título, dos segundos lugares y par de bronces, además de una corona y un tercer puesto a nivel continental.

El Soldado de Dios, genuino nombre por el que es conocido el vueltabajero por ser un cristiano devoto, desprendió respeto con sus agarres infranqueables, pero fue una patada lateral a la pierna del oceánico lo que, en buena medida, le aportó ganar los dos primeros tiempos y dejar a su rival un tanto tambaleante. Pero ojo, lo mejor de Whittaker estaba por llegar, cuando más hacía falta, en los períodos restantes.

De 26 años, 19 victorias, cuatro derrotas e imbatibilidad en ocho peleas desde hace tres años, Robert aplicó, entre otras, un arma muy valiosa, a la que yo le cedo toda la importancia del mundo: la resistencia, en cualquier deporte, es un garante muchas veces de triunfo. Pues el neozelandés puso en marcha el no al desgaste -algo que sí le pasó factura al cubano-, su depurada técnica fue impulsada por una furia ofensiva que no encontraba coto, las patadas frontales eran continuas y su agilidad con las manos iban encerradas entre signos de exclamación.

Todos esos poderes se confabularon y terminaron por rendir al pinareño. Fue inobjetable su derrota ante un rival de 14 abriles menos. Es ley de vida aquello de que los años por gusto no pasan, pero Yoel es un auténtico gladiador que antes de su fracaso de marras, solo había perdido en una ocasión, ante el brasileño Rafael Cavalcante  en Ohio, el 10 de septiembre de 2011. También engrandece su  pasado haber sido parte en tres ocasiones de la distinción Pelea de la Noche de la UFC, dos veces Actuación de la Noche y se apuntó el KO de la noche el 20 de abril de 2013.

Por lo pronto, todo ese rifirrafe verbal –porque el bueno es en el octágono- entre Romero y el inglés Bisping no ha perdido intensidad. Recueden que Bisping, un provocador nato, rompió el día de la pelea una bandera cubana, a lo que, ni corto ni perezoso respondió Yoel breve tiempo después, quemando una imagen de Bisping con la enseña de su país, unido a la advertencia de que “voy a quemarte a ti y a tu bandera, por haberle faltado el respeto a la mía. Soy tu gran ticket chico, planeo ser tu pesadilla”.

De veras que me encanta toda esa serie de desafíos, como los que cada día se lanzan Floyd Mayweather y Connor McGregor. Son como un círculo de fuego alrededor de lo que está por llegar. Por eso quiero que llegue ese peleón entre Romero y el tal Bisping. Que el cubano pueda cumplir la orden de Dios ante el británico, pues ante Whittaker le fue imposible.

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