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A Rusney Castillo, con todo su talento, el béisbol le jugó una mala pasada

Resulta interesante la historia de Rusney Castillo en el béisbol de las Grandes Ligas, si la fuéramos a representar gráficamente, la vía más fácil para hacerlo sería tomar como ejemplo El Taijitu. Y es que en todo lo malo que le ha sucedido, siempre habrá algo bueno, y en contraparte, por todo lo bueno que le ha ocurrido, hay consecuencias nefastas.

Luego de robarse los titulares el 23 de agosto de 2014 con su contrato de 72.5 millones por seis temporadas con los Medias Rojas, cifra hasta hoy récord para cualquier cubano recién llegado de la isla y con lo cual garantizó su futuro y el de su familia, la carrera del cubano ha entrado en un túnel oscuro que parece no tener salida.

El avileño traía unos reportes de scouts de Cuba envidiables, algo que confirmó más tarde en el Showcase que realizó ante varios ojeadores del negocio, previo a su acuerdo. Incluso, su primer contacto con Grandes Ligas, apenas 25 días después de que se anunciara de manera oficial su firma, fue todo lo que la gente esperaba. Aunque la muestra fue muy escasa, Rusney bateó una línea ofensiva de 333./400./528./928, con un doble, dos cuadrangulares, 6 carreras empujadas y 3 bases robadas en igual número de intentos. Todo eso en apenas 10 partidos (36 veces oficiales al bate) que jugó en ese 2014.

Rusney sería invitado al Spring Training del 2015, por primera vez en su corta carrera, y una vez más dejaba una tremenda impresión, al batear para 310./310./621./931, con un doble, un triple y 2 cuadrangulares, además de 5 remolcadas en apenas 9 juegos, sin embargo, la gerencia determinó que aún tenía trabajo por hacer y fue enviado a Pawtucket al comenzar la temporada.

Con los Medias Rojas eliminados de la contienda por la postemporada por segundo año consecutivo (luego de su título mundial en 2013), los directivos deciden dar oportunidades a un grupo de jóvenes hacia el final de la temporada, y con esta medida, otra vez Rusney Castillo se convertía en grandesliga. Ahora el cubano recibía oportunidad como titular en un equipo que no tenía nada que perder (habían acabado de perderlo todo), y esta vez, sus números distaron mucho de ocasiones anteriores. El avileño bateó una línea ofensiva bastante discreta: 253./288./359./647, con 17 extrabases (incluyendo 5 cuadrangulares) y 29 carreras empujadas en 273 veces al bate (80 juegos).

Aún y con este retroceso, Castillo entró al Spring Training 2016 con la etiqueta de jardinero izquierdo titular del equipo para el comienzo de la temporada, una posición que obviamente tenía que ganarse en los entrenamientos, pero para la cual era visto como el amplio favorito.

Fue aquí donde la carrera de Rusney Castillo dio un giro de 180 grados, el punto de inflexión que jamas hubiera deseado tener. Castillo tocó fondo en su rendimiento al batear apenas para 183./246./200./446, con apenas un extrabase (un doble) en 60 turnos oficiales al bate. El cubano jugó 22 partidos y apenas pudo empujar una carrera.

Definitivamente la gerencia optó por darle el puesto a Brock Holt, el utility del equipo, que lució mucho mejor en todos los sentidos y Castillo fue enviado de vuelta a las menores.

La temporada 2016 quedó en el olvido para Rusney, quien apenas tuvo 8 veces al bate oficiales en Grandes Ligas, de los cuales 3 se saldaron por la vía del ponche.

Sin embargo, dentro de toda esta marea de resultados adversos, cabe destacar algo en particular y es que en ese preciso año 2016, y jugando en Liga Menor, Rusney fue un atleta en la primera mitad, y otro completamente distinto en la recta final de la temporada. Antes de la pausa del Juego de las Futuras Estrellas, el avileño bateó una línea de 233./288./316./604, en cambio, luego del break del All Star, sus Splits fueron 392./431./451./882.

Las estadísticas revelan, que después de esa coyuntura, Castillo jamás ha parado de batear: fue invitado al Spring Training 2017 y fue por mucho, el mejor pelotero del campamento, al dejar un grabado de 368./385./526./911 en 21 partidos, luego pasó toda la temporada en ligas menores con Splits de 314./350./507./857, en 347 veces al bate (87 juegos), con participación asegurada en Juego de Estrellas de Liga menor intercalada, y en el actual Spring Training 2018 está bateando para 294./342./441./783, sin embargo, jamás ha recibido el llamado a Grandes Ligas nuevamente, y lo peor es, que no se espera que lo reciba.

¿Por qué?

Es complicado, influyen una serie de factores que han jugado en su contra, y aunque, después del Spring Training 2016, Rusney no ha hecho sino acumular méritos para ser llamado al equipo grande, hay que decir que su enorme contrato le juega ahora mismo una mala pasada. Dicho en otras palabras: ya no es un tema deportivo, ahora es un tema única y exclusivamente contractual. Me explico…..

La pérdida en confianza de Castillo provocó en Boston el aceleramiento del fenomenal prospecto Andrew Benintendi, así como la movida de Mookie Betts del infield a los jardines. Ambos han comenzado en MLB explotando todo ese enorme potencial que tienen y ahora mismo son dos de los grandes jardineros de todo el béisbol, unos escalones debajo, Jackie Bradley se empina como uno de los mejores guantes de la pradera central en la actualidad, y junto a los dos anteriores, conforman un trío inamovible por varios años en Fenway Park.

Sin embargo, esto no es algo que bloquee “en teoría” el regreso de Rusney al big Show. Rusney perfectamente puede fungir como cuarto jardinero en el equipo de Massachusetts.

El tema en cuestión es que Boston, el 19 de junio de 2016, colocó a Rusney en waivers, buscando que alguien lo reclamara, algo que como todos esperaban, nunca sucedió. Al no ser reclamado en waivers, a los Medias Rojas les asistía el derecho de sacar el contrato de Rusney Castillo de la nómina de 40 jugadores y por ende, evitar que sus 11 millones anuales influyeran en fines de impuesto de lujo. Cabe recordar que Boston es una de las organizaciones más poderosas del negocio económicamente hablando, y sus nóminas anuales bordean (o sobrepasan) el umbral de impuesto de lujo establecido por MLB, y por ende, todo dinero que puedan sacar de la misma, siempre va a ser beneficioso a sus propósitos, máxime si se trata de un pelotero con el cual ya no contaban para titular en el equipo de Grandes Ligas.

Resumiendo, el umbral de impuesto de lujo para 2018 está en 197 millones de dólares. Los Medias Rojas ya lo sobrepasaron hace mucho, ya que su actual nómina está en 234.615 millones de dólares. Por esa razón, el magnate John Henry (propietario principal del club) y compañía, deberán pagar a MLB el 25% del excedente en multas. Sin embargo, si la nómina rebasa el umbral en 40 millones (es decir 197+40=237 millones), pues las multas ya no serían del 25% del excedente, sino del 40%, pero además, el equipo perdería un millón de dólares en dinero destinado a firmas internacionales en Julio 2, y para colmo de males, la primera selección del Draft estadounidense 2018 se les retrasaría 10 puestos (Boston seleccionará en la posición 26, o sea que estamos hablando que de quebrar los 237 millones, pues seleccionarían en la posición 36).

Dijimos que la nómina actual de Boston está en 234.615 millones a día de hoy, y no puede sobrepasar los 237 millones para evitar todo este tipo de penalidades. Eso explica por qué Rusney, quien estará cobrando $11.771.428 dólares, no es un jugador de Grandes Ligas en este momento.

Por lo tanto, si usted sabe contar, no cuente con que Rusney Castillo jugará en Grandes Ligas en 2018 con Boston.

Al avileño aún le quedan tres temporadas y 37.814.284 dólares pendientes de su contrato, por lo que se ve improbable que algún equipo se interese en sus servicios a ese precio, sin embargo, Rusney tiene una cláusula que le permite salirse del acuerdo una temporada antes de que acabe, y dejar atrás 14.271.428 dólares para darse una oportunidad de jugar Grandes Ligas a sus 32 años, pero siendo realistas, es poco probable que la ejerza.

No me cabe la menor duda que Rusney tiene talento para jugar en MLB, simplemente el béisbol le jugó una mala pasada. Castillo fue increíblemente dichoso al obtener el mayor contrato dado jamás a un cubano sin experiencia previa en MLB, pero tremendamente desdichado en jugar para un equipo de poca paciencia, con una filosofía de “ganar ahora”. (Texto: Javier González) (Con foto de Winslow Townson, de AP)

 

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