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Rolando Tucker: Cuando un negro tomó el mundo por asalto

Por DAVID DIAZ

A Rolando Tucker León bien le pega aquello de saber aprovechar las oportunidades que la vida le pone en su camino. De por sí, es un hombre inteligente, en el arte de la esgrima, en el arte de la vida. Transcurría el año 1991 y Hungría era huésped ilustre entre el 13 y el 23 de junio del LIII Campeonato Mundial de Esgrima. El equipo nacional cubano de florete había hecho ya una proeza al llegar a la final de esa arma, pero de sobra está decir que irían por más, por la tan preciada corona ante su similar de Alemania.

Integraban la armada antillana floretistas todos de mucha valía, experiencia y sobre todo, competitividad. Eran tiempos de Guillermo Betancourt, Elvis Gregory, Tulio Díaz, Oscar García y el joven Tucker, quien apenas había salido de la formación juvenil y por azares de la vida, se convertiría en un pilar inestimable  del resultado alcanzado por su conjunto. Por el siguiente orden quedaron en el camino México, Polonia, Italia y Francia y la afición estaba ansiosa por disfrutar del duelo entre la escuadra teutona y el impetuoso e inconforme cuadro isleño.

Betancourt tenía una seria dolencia en uno de sus pies, se sabía necesario para la obtención de tan significativo éxito y las ganas de subir a la plancha superaban el dolor. No obstante, el centro de atención fue el fogoso Rolando Tucker, en quien el entrenador Eduardo Jhon fijó parte de la confianza para la consumación del título que estaba a punto de ocurrir.

Más que el destino, la competencia se las arreglaría para que el joven tirador tuviera un desafío superlativo en pos de la corona. Su adversario era todo un coloso en esta bella disciplina, mucho más curtido que el antillano, y con un escudo valiosísimo, la medalla plateada conquistada en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, a los que Cuba se ausentó. Udo Wagner, sorpresivamente, porque así fue, no pudo frenar los embates de Rolando y esto devino en un golpe de suerte en el conjunto cubano, que no terminaría hasta apoderarse de un legendario título por equipos en dicho Mundial.

Esa sería la primera clarinada sonora lanzada por Rolando Tucker a la élite de la esgrima mundial. Había sido un triunfo colectivo, pero era sabido que no cesaría hasta ver coronada su cabeza con un título individual a nivel universal. Y la ¿sorpresa? no se haría esperar. Pero antes se perdería par de momentos deportivos trascendentales a causa de su manifiesto interés por la Ingeniería Automática. Fueron ellos el fortísimo Villa de La Habana y la preparación de cara a la cita estival de Barcelona 1992.

Con un plus en sus pretensiones deportivas recibió el año 1994, al que le dio estocadas a diestra y siniestra, aunque su mano era la zurda. La helénica Atenas se rindió ante los pies de Rolando, quien disparó los cintillos noticiosos con la buena nueva de que un negro se proclamaba flamante campeón mundial en un deporte elitista de blancos.Lo hizo ante el italiano
Alessandro Puccini y su colega Oscar García lo acompañó en el podio con uno de los bronces.

La estampida provocada por el titular cubano se hizo sentir ostensiblemente a lo largo de esa contienda, pues también sumó el oro en el Villa de La Habana, el segundo sitio en la Copa del Mundo de Valencia y par de diademas en semejante lid en Bonn y París, para culminar ese año colado, meritoriamente, en el segundo escaño del ranking mundial de florete.

El año 1996 premiaría triple a Tucker. Primero, vería felizmente concluidos sus estudios y era a partir de ese momento Ingeniero. Segundo, en la magna cita multideportiva de Atlanta 1996 atraparía su primera medalla olímpica, un bronce en el florete por equipos. Unido a eso estaba el oro del orbe alcanzado el año antes con sus compañeros Elvis Gregory, Oscar García e Ignacio González en La Haya, Holanda.

Pero el fantasma perseguidor de una buena parte de los deportistas comenzaría a acosar al valioso atleta cubano. En casi tres meses visitó el salón de operaciones para someterse a sendas intervenciones quirúrgicas en la cadera y la rodilla. Su curva ascendente se tornó descendente, aunque en la lid universal de Ciudad del Cabo, Sudáfrica,  volvería a estar en un podio de premiaciones con la plata colectiva.

En sus segundos Juegos Olímpicos de Sydney 2000, no pudo hacer lo de Atlanta, al quedar su equipo en la séptima posición y él ubicarse en el peldaño 14 en el torneo individual, al ceder su encuentro por 13-15 frente al galo Jean-Noel Ferrari.

Al concluir esos Juegos y con una vitrina que lo favorece como uno de los mejores esgrimistas cubanos de todos los tiempos, Rolando Tucker se retira del deporte activo, contrae nupcias con una española y se traslada a  esa nación. Actualmente y sin desligarse de la esgrima, reside en Estados Unidos.

 

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