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Rigondeaux: ¿un rey decapitado?

Mañana, en la noche de Estados Unidos y Cuba, amanecer del domingo en Ucrania, el mundo o parte de él volverá a paralizarse a causa de un ring. Antes, hace casi tres meses y medio, el globo terráqueo giraba mientras los reflectores no tenían luces para otro sitio que no fuera el pabellón T-Mobile Arena de Las Vegas, que recibió  la bien denominada The Money Fight, combate que tuvo como protagonistas al invicto boxeador estadounidense Floyd Mayweather Jr. y al campeón de peso ligero de la UFC, el irlandés Conor McGregor, además de al compañero Don Dinero, presente antes, durante y después de una pelea loca, ridícula y corrupta, de la que confieso que nunca me interesó el cantado veredicto.

Mañana, igualmente en Estados Unidos, el mundo del pugilismo volcará sus ojos en una pelea que sí es digna de ver, cuando un templo mítico, histórico y de campeones, como el Madison Square Garden de Nueva York, preste sus mejores galas para recibir a dos pugilistas galácticos como el cubano Guillermo Rigondeaux, 37 años, y el ucraniano Vasyl Lomachenko, 29 años y defensor de su corona súper pluma de la WBO. Algunos especialistas absolutizan sus criterios cuando afirman que el europeo y el latinoamericano son los dos mejores boxeadores amateurs de la historia. En mi caso, prefiero posicionarlos entre los mejores.

Pero, ¿qué llevó a estos dos hombres a tener un aval tan convincente en el pugilismo no profesional? Por lo pronto, como ya muchos deben saber a estas alturas, será la primera vez que dos bicampeones olímpicos choquen guantes en el profesionalismo.

Rigo lo fue en Sidney 2000 y Atenas 2004; Lomachenko en Beijing 2008 y Londres 2012, donde todavía tengo el vivo recuerdo de cómo derrotaba en semifinales y dejaba en bronce al camagüeyano Yasnier Toledo. Rigo fue campeón mundial en Belfast 2001 y Mianyang 2005; Lomachenko en Milan 2009 y Baku 2011, donde volvió a vencer a Toledo, pero en la final. Rigo, según el diario español As, ha perdido cuatro veces, todas en el amateur, y Lomachenko ha cedido dos, una en el amateur y la otra en el profesionalismo, el 1 de marzo de 2014, ante el mexicano Orlando Salido.

En torno a esta pelea inminente, que la gente venía deseando desde hace no poco tiempo y que hace dos meses vendió todas sus papeletas, mi rey de Cuba, Guillermo Rigondeaux, carga, diría yo, bastante descrédito sobre sus hombros, o mejor dicho, sobre sus guantes. El santiaguero que no perdía con nadie mientras compitió por Cuba, que eslabonó combate por combate una preciosa cadena de victorias consecutivas, ahora no, desde hace ratico, está colocado contra las cuerdas por culpa de aquellas dos palabras que salieran de la boca de Bob Arum, en cuanto a que el estilo de Guillermo “es aburrido”, pequeña frase que los seguidores al boxing acogieran con aceptación, no dudemos, y le ha costado muchísimo para poder concretar peleas.

La gente, desde tiempos antiquísimos, pide y está acostumbrada a mucho pan y circo, que es igual en boxeo a la ecuación de golpes, golpes y más golpes, entretenimiento que, la verdad, dista bastante de la filosofía boxística que Guillermo propone sobre el encerado, conservadora y de pocos intercambios, defensa infranqueable y efectividad en el contraataque, duros contraataques, por cierto. Como es lógico, el cubano, invicto en sus 17 combates oficiales, sale debajo en las apuestas contra el ucraniano Lomachenko, el “niño mimado” del boxeo mundial como tan bien dice un colega español, que, como dije antes, ha caído solo una vez en sus diez desafíos, además de que cuatro importantes entidades y publicaciones del panorama boxístico lo ven entre los cuatro mejores boxeadores de la actualidad y todas coinciden en que es el number one entre los súper plumas.

Pero Rigo no se queda atrás en eso de estar entre los elegidos por los especialistas. La revista especializada The Ring, la Transnational Boxing Rankings Board (TBRB) y el sitio web BoxRec lo evaluaron como el mejor súper gallo del presente, mientras que The Ring lo califica como el cuarto mejor púgil activo del planeta. Pero aún así, la balanza de los pronósticos se empecina en descansar en Lomachenko y no en El Chacal de Santiago, monarca súper gallo de la AMB.

Zona de Boxeo lo deja todo claro. Ni Lomachenko, ni Arum, ni las cabezas pensantes relacionadas con el ucraniano han dejado un solo detalle al azar para que todas las opciones apunten a un triunfo de Vasyl, y minimicen las chances de victoria para el indómito. Toda su vida Rigondeaux ha hecho carrera en la división súper gallo y ahora ha subido dos categorías para encarar al europeo y despojarle de su título. Junto a la ventaja que saca Lomachenko en su zona de confort de los súper plumas, aparece la edad —ocho años más joven- y el tamaño —5′ 6 por 5′ 4 el santiaguero.

Fuera del fuego cruzado de criterios, este regalo navideño por adelantado para los amantes del boxeo tendrá su ganador en las altas horas de la noche de mañana. Aunque el cartel de favorito le ha sido encasquetado a Lomachenko, Rigondeaux no ha desheredado su apellido y sus golpes, ¡uff, cuidado con sus golpes! (Néstor Pérez)

 

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