Béisbol Cubano

Un Rey, mil verdades y el poder de la reivindicación

Si ahora mismo me pusiera en la piel de un escritor, de esos que viven solo de lo que escriben, pues no dudaría ni por un segundo hacer un libro sobre Rey Vicente Anglada. Nada más lógico con toda esa fiebre de pelota que vengo padeciendo desde que era un niño, cuando el viejo me llevaba al estadio. Aunque pensándolo bien, si sobre Rey me dispongo a escribir un libro, tendría que plantearme la misión de producir algo diferente a lo que hizo, con éxito, Juliana Venero hace más de un lustro con su volumen El Rey Anglada.

Sin temor afirmo que sería un proyecto viable, sustentable por arrobas, porque la vida en sí del otrora camarero habanero es un libro grueso con sobrados capítulos, que van desde la gloria, el hundimiento y la reivindicación. Y algo así, con los matices perfectos que cimentan  el presunto éxito de cualquier producto editorial, es pan caliente en un público como el cubano que suplica el beisbol y hurga en lo oculto o en lo poco conocido. También, no olvidemos, que el 36 azul, por naturaleza, es un showman, y personas así arrastran multitudes.

Ahora Rey Vicente Anglada es uno de los nombres más populares en La Habana, Cuba y en cualquier sitio fuera de la isla donde se hable de beisbol. Sin embargo, su popularidad no es una cosa coyuntural, su nombre nunca ha abandonado la palestra, solo que ahora la petición de un sinfín de aficionados se vistió de realidad, ante la salida de Víctor Mesa del alto mando de Industriales, por razones explicadas por el mismo Víctor, pero que, ¿curiosamente?, no encaja con el motivo que piensan numerosos amantes al beisbol, directamente vinculado con la estampida de sus dos hijos al profesionalismo.

Entonces, vacío el principal asiento del banquillo del equipo con más sentimientos encontrados de Cuba, surgieron instantáneamente un pequeño grupo de candidatos a ocuparlo, en el que el más improbable terminó siendo. El juego por el trono que vivió la capital vio erigirse a Anglada como el hombre indicado, como fruto de que la presión social —y otras también— a veces es un mecanismo efectivo para lograr algo. Y por qué no también la añoranza por lo vivido y la ilusión de volver a repetirlo.

No olvidemos que él había insistido hasta el cansancio que más nunca volvería a dirigir a los Leones de la capital, una decisión totalmente prudente de un hombre que terminó sus años como mentor de los azules con la frente en alto y todo un pedestal inmenso construido en su memoria.  ¿Acaso retirarse en el momento de esplendor no es lo que se les aconseja a atletas, cantantes o entrenadores?  Pues eso hizo Rey, de ahí el énfasis, a lo mejor,  de no volver a ser manager de Industriales.

Pero al final, el hombre de los tres títulos en siete temporadas consecutivas, terminó perdiendo un pulso ganado por cada uno de sus seguidores y por Industriales, un equipo que necesitaba, exclusivamente, las bocanadas de Anglada. Por lo que a partir de agosto lo veremos de nuevo vestido de azul, saliendo del dogout con las manos en los bolsillos o indicándole a sus jugadores que no quiere amistad de ningún tipo dentro del terreno con sus rivales, como llegara a decir en el documental Fuera de liga de Ian Padrón.

Pero en algo está claro él y es que el conjunto que próximamente colocará a sus órdenes no es el mismo de hace 12, 13, 14 o 15 años, cuando se viraba para cualquier posición y veía un aura grande de confianza. Ni hablar de la constelación de estrellas con que contaba desde el montículo, con Yadel Martí, Yamel Guevara, Francisley Bueno, Osbeck Castillo, Deinys Suárez o Arley Sánchez, ocupando distintas responsabilidades. Ya ninguno de ellos está en Cuba, él lo sabe, como también que ganar el campeonato no es un asunto de decir y hacer. La anticuada expresión latina de veni, vidi, vici parece quedar grande en estas circunstancias.

No obstante, Anglada no es un director cualquiera, es alguien inteligente, que sabe muy bien lo que hace y lo que tiene entre manos. Como única condición para su regreso esgrimió dirigir por una sola temporada.

Pero la gente no olvida, como él tampoco lo hace. Si ahora es una suerte de dios citadino, antes y me refiero a hace más de 36 años, su figura entró, injustamente asegura la mayoría, en un lodazal de venta de juegos que involucró a varios peloteros habaneros. Rey no salió ileso del proceso judicial que se abrió en aquel momento y sobre él cayó una condena en prisión de más de dos años.

“La prisión fue algo más que desagradable y la inocencia siempre conmigo; era lo que más me alentaba y a la vez más me molestaba. Yo decía: si cometí un delito tengo que pagárselo a la sociedad. Pero el saber que no había hecho nada y estar recluido no fue fácil, sobre todo para mi familia, que sufrió. Mi mamá lo llevó por siempre, esa carga la llevó toda su vida; era lo que más me molestaba”, reflejó en el libro de Juliana Venero.

Cada persona forja su propia grandeza. Los enanos permanecerán enanos aunque se suban a los Alpes, dijo un dramaturgo alemán hace dos siglos. Por eso, Rey Vicente Anglada, para bien, no ha parado de recibir ironías de la vida después de aquello, porque, después de todo, un hombre grande, con un corazón grande y una voluntad mayor, termina condenando a la calumnia y a la injusticia. Es cuestión de tiempo. (Pedro Villavicencio)

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