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Regina Lowry: “Extraño mucho a mi patria, nuestras costumbres y bondades”

¿Saben ustedes quién es Paola Espinosa? Pues Paola es la clavadista más exitosa de México. Una atleta de 31 años que no debe tener espacio ni en su cuarto ni en la sala de su casa para colgar tantos trofeos y medallas que acumula durante más de 20 años de vida deportiva. Por solo tocar los desempeños más importantes de la azteca, les digo que tiene una plata y un bronce en plataforma sincronizada a 10 metros en Juegos Olímpicos, posee un título y par de bronces en Campeonatos Mundiales, además de 13 preseas en Juegos Panamericanos, especialmente ocho de oro.

Pero lo que pocos conocen es que en la formación deportiva de esta excepcional deportista estuvieron los conocimientos y enseñanzas de la cubana Regina Lowry Reyes, quien en su época perteneció a la cúspide del clavado cubano y hoy día reside en Estados Unidos, pues desde hace 25 años trasladó su vida fuera de Cuba.

“Me sentí muy orgullosa de haber participado en la formación deportiva de Paola, aunque debo aclarar que no la hice clavadista, inicié su carrera deportiva. Siempre que compite quiero trasmitirle mis buenas vibras”, declaró la gloria deportiva nacida el 12 de abril de 1955 en Ciudad de La Habana y quien llegó al clavado porque “vivía a una cuadra de la instalación deportiva El Pontón, en Centro Habana, y de ahí salió mi interés”.

Comenzó en 1963 cuando tenía 8 años y fue seleccionada para ingresar en la Escuela de Natación Marcelo Salado en 1965. Después, con 12 años, representó a Cuba en unos Juegos Centroamericanos juveniles-infantiles en México y en 1968 ingresó a la selección nacional, donde se mantuvo hasta 1983 que se retiró.

En 1970 participó en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Panamá, donde logró plata en la plataforma y bronce en trampolín de 3 metros. Para ella, este evento fue el primero de fuerza con resultados y lo afrontó con 14 años. Posteriormente, en  los Juegos Panamericanos de Cali 1971, consiguió el quinto lugar en plataforma a 10 metros, al quedar detrás de las estadounidenses y canadienses.

En resumen, participó en cuatro Juegos Centroamericanos (Panamá 1970, República Dominicana 1974, Medellín 1978 y La Habana 1982) y se llevó bonitos recuerdos de ellos, pues ganó tres consecutivos, implantando un record. También asistió a igual cantidad de Juegos continentales y la mejor posición fue el citado quinto lugar.

A nivel regional tu hegemonía siempre estuvo patente, no obstante, no pudiste acudir a unos Juegos Olímpicos.

“Estuve de 1979 a 1980 sin entrenar, porque el entrenador me retiró, dijo que ya estaba grandecita para la práctica del clavado, tenía 24 años cuando aquello. Cuando regresé, volví a ganarme mi lugar, hasta que me retiro con 28 años en 1983. Esta es la primera vez que lo digo en una entrevista, pero pasó así, me retiraron en aquel entonces, son cosas que pasan en el deporte. Aunque no me tocó, no vi lejos la posibilidad de ir a unos Juegos Olímpicos”.

¿No fue prematura tu decisión de retirarte con apenas 28 años?

“Bueno, ya sabes que los resultados más grandes se dan en atletas más jóvenes, unido a eso estaba comprometida y decidí retirarme para tener a mi hija Giselle, la única que tengo, que me ha dado cuatro nietos. Me gradué en 1979 de Licenciada en Cultura Física y Deportes, soy de la tercera generación de graduados del ISCF Manuel Fajardo”.

Apenas descansaste tras dejar el deporte activo y te abriste tu camino como preparadora

“Trabajé como entrenadora en la Marcelo Salado con la selección nacional juvenil desde 1984 hasta 1992, que salí de mi hermoso país hacia México, para ayudar a este hermano país en el subsistema de clavados. Laboré muchos años en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y luego dos años y medio en el Comité Olímpico. Obtuve muy buenos resultados a nivel juvenil con los muchachos de esta nación.

“Cuando llegué a la UNAM no existía el alto rendimiento, comencé desde abajo con un equipo infantil hasta que llevé mis enseñanzas a los universitarios. Participaron en eventos nacionales e internacionales, como centroamericanos, panamericanos, mundiales, todo eso a nivel infantil y juvenil. En fin, estoy orgullosa del trabajo que hice en esa institución.

“Hoy día, la mayoría de los atletas medallistas de México son parte de esa base, aunque no puedo dejar de reconocer que aprendí mucho con los entrenadores de aquí, dígase Jorge Rueda, Francisco Rueda, Salvador Sobrino y los que no menciono que me disculpen”.

Es inobjetable que tu apego a México, a su gente, y a la UNAM fue determinante en tu futuro…

“Decidí permanecer aquí por la oportunidad que tuve de trabajar en la UNAM, sin menospreciar todo lo que aprendí en mi país y las vivencias que tuve como atleta y entrenadora. Para mí es un orgullo ser cubana. Llegué en 1992 y me naturalicé en el 2001, llevo 25 años viviendo fuera de Cuba. Actualmente estoy retirada y vivo en El Paso, Texas, con mi familia. Hago mucho ejercicio, nado, camino y apoyo a mi hija con los nietos cuando se ofrece”.

¿Cuánto influyó tu generación en el posterior desarrollo de esta disciplina en Cuba?

“Éramos todos muy buenos estudiantes y muy conscientes en la importancia del entrenamiento. Me imagino que eso sirvió de ejemplo para las generaciones que nos sucedieron. Te puedo mencionar a compañeros de esa época como Milagros González, María Elena Carmusa, Miguel Bueno, Clara Elena Bello, Josefina González, Maylin Aquino, Leonor Ponce y de los hombres Rolando Ruiz Pedreguera, Juan Carlos Ramírez, Abel Ramírez, Enrique Cortina, Roberto Hung, Rolando Prieto, Raúl Pérez y José Luis Ponce”.

¿Es realmente como muchos afirman que el santiaguero José Antonio Guerra es el mejor clavadista cubano de todos los tiempos?

“Para mí, el mejor clavadista de todos los tiempos en Cuba es José Antonio Guerra, pienso que llegó a estar entre los cuatro mejores del mundo”.

En tu caso, ¿por qué decides enfocarte en la plataforma?

“Me llamó mucho la atención y por mis características físicas, que no tenía mucha fuerza en el brinco, la plataforma es un evento más fácil, aunque puede resultar complejo por la altura”.

Tantos años fuera, Cuba se extraña…

“Representé a mi país dignamente y tuve el orgullo de escuchar el himno nacional y ver el izamiento de mi bandera, para mí es lo máximo haber nacido en Cuba. Extraño mucho a mi patria, nuestras costumbres, bondades y sobre todo el sentido que tiene el cubano de cooperación. Lo que aprendí en mi país me sirvió para tener muy buenos resultados en México”.

Para concluir, ¿te hubieses atrevido a incursionar en la hoy de moda especialidad del Cliff diving?

“Quién sabe…está muy alto. Es el doble de altura para las mujeres teniendo como referencia la plataforma, es decir, 20 metros”, concluye Lowry, quien hace dos años vino a Cuba. (Rafael Rofes)

 

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