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Radbel Hechavarría: “Cuba es mi patria siempre presente”

“Salvaguardando la distancia, él era como Russell Westbrook de Oklahoma City Thunder. Era muy explosivo atacando al aro y tiraba muy bien de tres puntos”, son las palabras que le profiere el basquetbolista cubano Lázaro Borrell a su ex compañero de la selección nacional Radbel Hechavarría. . “La verdad es que semejante jugador opine así de mí, es más que un elogio”, son las palabras de agradecimiento de Radbel hacia lo dicho por Borrell. Lázaro no se equivocó, Radbel piensa que esas son sus mejores virtudes. Otrora base del conjunto cubano, mide 1.89 metros y desde finales del año 2000 se casó con una argentina y se fue a vivir al país de su esposa. Más nunca ha vuelto a Cuba, pero me deja caer que quizá pronto sorprenda a su familia. Más pronto que tarde.

Nació el 18 de marzo de 1975 en el municipio capitalino de San Miguel del Padrón, pero a su madre le ofrecieron trabajo y casa en Bejucal, por lo que con nueve años se traslada a ese territorio, enclavado en la actual provincia de Mayabeque. Su llegada al baloncesto fue por casualidad. Dice que era un chico de pelearse mucho en la escuela y un día se encontraba en una riña frente a una casa, cuando sale un señor llamado Nacho y le pregunta por qué se fajaba tanto y si deseaba jugar baloncesto. Desde ese día se enganchó con este deporte, tenía nueve años.

Luego de jugar un tiempo en Bejucal, se traslada a la EIDE de Cangrejeras, donde estuvo cuatro años jugando varios Juegos Escolares. Posteriormente pasa a la ESPA de Artemisa y se desempeña con el plantel juvenil, con el que se titula campeón. Tales resultados y su visible calidad, lo promueven a la ESPA Nacional e integra el conjunto patrio de esa categoría que asistió al Centrobasquet de Mérida, México, donde quedaron quintos. 1.89

Tras ese rendimiento en México, me imagino que te convocan a la preselección nacional…

“Ocurre después de jugar mi primera Liga Superior con Occidentales. Me llaman a la preselección que estaba entrenando para el Mundial de 1995 en Toronto. Al final no conformo el equipo, pero hago la gira por Argentina y México y al regresar no quedé entre los 12 jugadores. Mi debut con el Cuba fue en el Preolímpico de Argentina en 1995, donde quedamos quintos. Para mí fue fabuloso jugar ese torneo en el que había muchísimos jugadores de alto nivel. No ocupé la regularidad, pues era de Leonardo Pérez”.

Después acudes al III Premundial de Montevideo 1997, en el que repiten el quinto sitio…

“Fue una oportunidad muy buena y vivida más intensamente, ya que ahí ya tenía un poco más de experiencia, más soltura y minutos en cancha. Es decir, alternaba mucho más tiempo con Roberto Carlos Herrera en la posición de base. Yo no era base, siempre jugué de escolta, pero en la categoría juvenil habíamos dos jugadores (Sergio Ferrer) con las mismas características y el DT de la selección mayor le sugirió al de la juvenil que fuera yo el que jugara de base y así empezó el cambió de posición.

Por cosas del torneo, nos tocó jugar dos veces con Canadá, a quien le ganamos la primera vez, pero en el segundo partido teníamos a Ángel Oscar Caballero lesionado, que en el partido anterior había anulado al mejor jugador de ellos y eso se notó en la derrota.

Posteriormente jugamos el Preolímpico de Puerto Rico 1999, en el que influyó totalmente en que quedáramos últimos el hecho de que se quedara el grueso del plantel, tres de los cinco titulares (Roberto Carlos, Ángel Oscar, Borrell) y Héctor Pino. Además también desertó el kinesiólogo Mandy. Realmente tuvo un impacto tremendo y más porque coincidió que dos días después jugábamos contra el dream team de Estados Unidos”.

Eres una de las piezas que compuso la maquinaria cubana en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1999. ¿Ese fue el evento más importante de tu carrera?

“Sí, por lo que significa dicho acontecimiento en el cual están todos los deportistas de élite de cada país de la región. Quedamos séptimos, no creo que podríamos haber dado más, pero fue un golpe grande, luego de en tan poco tiempo sufrir el cambio de jugadores tan importantes, los cuales costó reemplazar. Pero si lo miras desde otro punto de vista fue meritorio.

También participé en otros eventos como los Centrobasquet de Honduras 1997 y La Habana 1999, en los que quedamos campeones. En los Centrobasquet siempre Puerto Rico fue el rival a vencer en la final En los de La Habana fue fabuloso ganar con toda tu gente y seres queridos viéndote.”

Y qué pasó una vez iniciado el nuevo milenio…

“En el 2000 decido no jugar más, ya que estuvimos casi un año entrenando sin ningún objetivo y sentí desilusión. Mi último evento fueron los Panamericanos”.

¿Pensaste desertar alguna vez?

“Sí, en algún momento. No te voy a mentir, pero siempre pensé que las cosas podrían mejorar y que tendría otra oportunidad. Desde mi baja de la selección nacional en el 2000 hasta que me voy, me dediqué a terminar los trámites para mi salida de Cuba. Fui a ver algún partido de la Liga, pero siempre alejado de todo.

Me fui el 11 de noviembre de 2000 rumbo a Argentina. Durante un viaje a ese país conocí a la que hoy es mi mujer y se dio la posibilidad de venir a vivir hacia acá. . Las autoridades deportivas medio que se enojaron, pero era una decisión tomada, también pensaron qué haría yo en Cuba sin jugar al básquet. Me fui de Cuba porque veía que después de los Panamericanos, echaron a un lado mi deporte y no veía futuro, eso me desilusionó mucho”.

Si te pido que hurgues en tus recuerdos y me hables de estas tres letras: LSB…

“Mucha nostalgia y buenos recuerdos me trae la Liga Superior de Baloncesto. A veces veo algunas fotos de la Liga de ahora en Cuba y me pongo a pensar que antes se llenaban las gradas y había un fanatismo total con el básquet. Yo jugué siempre con Occidentales, Capitalinos era el equipo más difícil y Leonardo Pérez me llamó siempre la atención como atleta”.

Ahora que hablas de Leonardo, él junto a Borrell, están considerados entre los mejores de nuestro básquet…

“Son los dos los mejores jugadores y considero que ambos marcaron un antes y un después en el básquet cubano. A Leonardo lo disfruté ya más grande, pero a Lázaro lo pude ver más y compartir y ver las cosas que hacía en una cancha de baloncesto”.

Cuando llegas a Argentina, descríbeme tu itinerario de clubes hasta la fecha…

“Luego de un año empiezo a jugar de nuevo al básquet en 2001. Comencé en el club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, luego paso al Peñarol de Mar del Plata, después jugué en 9 de julio de Morteros, Unión de Santa Fe, San Martín de Marco Juárez, Italiana del Chaco, Banda Norte de Río Cuarto, Huracán de Trelew, Indios de Moreno, Red Star de Catamarca, Club Hacoaj y por último en el que juego desde el año pasado, Deportivo Morón, del cual soy entrenador de todas las categorías. Es un club de la tercera liga, es más para no perder el vicio. Además tuve un paso por un club de Bolivia, Económica de Oruro”.

Se puede vivir del básquet en Argentina…

“En cierta manera sí. Aunque cuando dejas de jugar profesionalmente, tienes que hacer otra cosa. Yo tengo la suerte de ser entrenador y también trabajar de lo que siempre he hecho”.

¿Nunca pensaste en ampliar los horizontes hacia Europa…?

“No tuve la posibilidad y tenía que tener los papeles y acá estoy cómodo. A pesar que me hubiera gustado jugar en otros lados”.

¿Como la NBA?

“Para poder llegar allí tienes que tener la posibilidad de jugar desde más joven en ligas más fuertes y destacarte para que te seleccionen, algo que era muy difícil de hacer en Cuba”.

¿Cómo vive Radbel su vida fuera de la duela?

“La verdad que tranquilo, tratando de mejorar día a día en esto de ser entrenador y con dos hijos una de 13 años, Ana Laura, y el varón de 8, Camilo, que juega conmigo en el club al básquet”.

No has venido a Cuba desde que te fuiste…

“Traje a mi madre de vacaciones hace dos años. Pero tengo pensado ir pronto.

Desde que me fui no he ido a Cuba, porque siempre estuve jugando y en las vacaciones siempre viajaba a otro lado. Además, como la mayoría de mis amigos están fuera del país, no me ha urgido. Mis hijos están pidiéndome ir para ver dónde estudié y aprendí a jugar y cómo fue mi infancia”.

¿Miguelito Calderón?

“Muy bueno, muchas cosas de las cuales pongo en práctica en mis equipos se las debo a él, aunque tengo mi filosofía de básquet. Creo que fue un adelantado en su tiempo y lo marcó tanto en la selección como en Capitalinos”.

¿Tu generación?

“Sin menospreciar a los de ahora, era fascinante jugar en esa época. Las canchas llenas, los grupos musicales del momento tocaban en los entre tiempos y después de los partidos. Era un momento de efervescencia. Muchos jugadores de nivel como Roberto Carlos, Leopoldo, Borrell, Ángel Oscar, Matienzo, Leonardo, Judith Abreu, Covarrubias, entre tantos jugadores. Cada equipo tenía muchas figuras”. (Marvin López)

 

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