Béisbol Cubano

Pido la palabra por Erly Casanova y Misael Villa

Puede que todavía resuenen los ecos de la edición 57 de la Serie Nacional del beisbol cubano. Un campeonato cuya instancia conclusiva sirvió para desacreditar todos los criterios que mantuvieron la tesis de que una final entre los equipos de Granma y Las Tunas no respondería completamente al atractivo de la afición cubana. Todo por el hecho de que ambos planteles representan al oriente de nuestro país, territorio cuyos elencos no cuentan con muchos adeptos en materia de pelota.  La gente, en su mayoría, prefirió una final entre Matanzas e Industriales por todo el morbo que provocaría y en pleno siglo XXI la sociedad cubana sigue pecando de regionalista.

Muchos especialistas coinciden que la discusión por el título fue tan atractiva, que el mero hecho de irse hasta el séptimo partido y las interioridades de cada juego le dan el merecido reconocimiento de una de las mejores finales que han existido en el beisbol cubano en su último cuarto de siglo. Granma fue fiel a los vaticinios que la colocaron como favorita al cetro, aunque con reiterados sustos incluidos, y el subcampeón Las Tunas fue un adversario ejemplarizante, un conjunto que no pocas veces dio señales de que podían agenciarse el banderín inédito.

Pero la temporada beisbolera cubana ya es cosa del pasado. Ahora las luces se han volcado hacia la inminente Serie del Caribe, que tendrá su voz de play ball este viernes en el Estadio Panamericano de Guadalajara, México, con el enfrentamiento entre los Alazanes de Granma y  los venezolanos Caribes de Anzoátegui. Este año los directivos de la Comisión Nacional no se durmieron en los laureles y ayer hicieron pública la nómina del conjunto que representara a Cuba.

En efecto, como ustedes conocen, es un plantel conformado por 28 jugadores (dos receptores, diez jugadores de cuadro, cinco jardineros y once pitchers) de 12 provincias, con mayor representación, lógicamente, de los actuales titulares con 10 exponentes y de los subcampeones, con tres, aunque también hicieron el grado el santiaguero Ulfrido García, el avileño Raúl González, los villaclareños Yulexis La Rosa y Alain Sánchez, el holguinero Yordan Manduley y el vueltabajero Raidel Martínez (refuerzos de Granma) y el camagüeyano Alexander Ayala, el holguinero Luis Ángel Gómez y el pinareño Vladimir Baños (refuerzos de Las Tunas).

A todas luces, el gran ausente entre los convocados es el receptor tunero Yosvani Alarcón, quien no asistirá justificadamente, al estar “sometido a un régimen de inmovilización y tratamiento de fisioterapia, y debe permanecer fuera de actividad durante unas cuatro semanas”, según informó el jefe médico de la selección nacional, el Dr. Francisco Montesinos. El máscara durante el último juego por la discusión de la corona sufrió una fractura longitudinal en los metacarpianos del tercer dedo de la mano izquierda.

La ausencia de Alarcón deja la receptoría vulnerable en cuanto a un receptor ofensivo, toda vez que La Rosa y el habanero Frank Camilo Morejón son receptores con prestaciones defensivas por excelencia. No obstante, aunque no es lo más indicado, el tunero Rafael Viñales, quien conformó

la selección como inicialista y la mayoría de los encuentros con su equipo los jugó en esa posición, podría ser esa opción de un máscara con dinamita en sus muñecas.

En un equipo que tiene como principal virtud el flanco ofensivo, considero excesiva la cantidad de peloteros convocados para defender el cuadro —repito, diez—, cuando es una perogrullada que el talón de Aquiles de nuestras selecciones nacionales recae en el pitcheo y que para enfrentar este evento, en el que se ha comprobado en cada edición la presencia de no pocos recios bateadores en cada uno de los conjuntos, lo que hace falta son lanzadores. En el caso de Cuba, sin ambages, mientras más, mejor.

Solamente llevaremos once pitchers, cuando, por poner un ejemplo, los titulares de la liga invernal boricua, los Criollos de Caguas, anunciaron que a Guadalajara harán el viaje 15 lanzadores, conscientes de la necesidad de armar hasta los dientes esa importante área. Para que se tenga una idea, los Alazanes de Granma en la edición pasada llevaron 12 serpentineros, lo que fortalece aún más el criterio de que para el inminente torneo los bateadores cubanos están llamados a responder constantemente madero en ristre. No habrá de otra, cuando las probabilidades apuntan a que el cuerpo de pitcheo no sea el punto refulgente del equipo.

Ya que hablo de lanzadores, voy a poner el dedo en la llaga en una de las pocas inconformidades que tengo sobre la selección cubana. Entre los once hombres que subirán al montículo, no están dos nombres que considero sumamente importantes para las pretensiones de este elenco. Son ellos los abridores Erly Casanova, de Pinar del Río, y el artemiseño Misael Villa, ambos con una trayectoria notable durante la etapa clasificatoria con sus respectivos equipos y luego se hicieron sentir durante la postemporada, cuando reforzaron a Industriales.

Villa, por su condición de zurdo, bien pudo haber estado en un staff en el que aparecen tres serpentineros de esa mano. Me encajaba como un buen iniciador —teniendo en cuenta sus características y que no depende de los envíos rápidos, muy usuales en las ligas caribeñas— o como una valiosa pieza para enfrentar a bateadores siniestros. Durante la etapa clasificatoria participó en 20 juegos y le aportó diez triunfos a Artemisa, cedió en cinco, tuvo efectividad de 2.85 y regaló 38 boletos en 116.2 entradas, mientras en los play off con los Leones protagonizó dos aperturas de lujo, con un triunfo y promedio de carreras limpias de 0.63 en 14.1 episodios.

Por su parte, Erly, convertido a días de hoy en uno de los principales lanzadores de Cuba, con la escuadra vueltabajera, en 18 encuentros, alcanzó ocho triunfos, perdió igual cantidad, le batearon solamente para .248, con efectividad de 2.91 en 123.2 innings. En la postemporada fue recordado porque estuvo a punto de propinarle no hit no run a Las Tunas en el quinto choque de la semifinal, venció en un desafío y le batearon para anémico .178 en 12.2 capítulos con diez ponches recetados. (Néstor Pérez)

 

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