Historia

Yo nunca he olvidado al receptor Alberto Hernández

Por DAVID DÍAZ

En los compases conclusivos de 1997 apareció en el diario Granma una de esas notas que provocan morbo, ponen a temblar a más de una persona y rápidamente se convierte en la comidilla de todo un país. La publicación anunciaba la separación definitiva del béisbol cubano de tres peloteros con visibles ribetes de estelaridad. Eran los casos de los integrantes de la selección nacional Orlando “El Duque” Hernández (lanzador) y Germán Mesa (torpedero), ambos de Industriales, y el receptor holguinero José Alberto Hernández Pérez.

La espada de Damocles que se le clavaba al trío, según informaba el INDER, eran vínculos con el agente deportivo cubano-americano Juan Ignacio Hernández Nodar, quien fue arrestado el 12 de agosto de ese año en el estadio espirituano José Antonio Huelga, mientras efectuaba “labores de captación de jugadores”, como señalaba el escrito aparecido en el principal periódico cubano.

“Me acusaron de incitar la salida ilegal de un ciudadano. Celebraron un juicio sumario que duró solamente tres horas. Era obvio cuál iba a ser la decisión. El fiscal pidió 20 años. Me condenaron a 15. Los cumplí todos”, declaró Hernández Nodar en el documental Hermanos en el Exilio. A raíz de ese maremágnum, comienzan, fundamentalmente para El Duque y Albertico Hernández, las ansias desesperadas por tratar de encontrar una tabla de salvación a la situación comprometida de ambos. Claro estaba que en Cuba el vicio de jugar pelota para ellos era una práctica vetada, al menos de manera oficial.

A propósito de la visita realizada a Cuba por el papa Juan Pablo II en 1997, los dos jugadores aprovecharon la Navidad de ese año para abandonar la Isla de manera clandestina. En un barquito de pesca, junto a otras seis personas más, emprendieron la travesía –la cual no sabían si tendría un final feliz- desde el municipio costero villaclareño de Caibarién, territorio acostumbrado a este tipo de operaciones. Aproximadamente a las siete de la noche Alberto Hernández y compañía llegaron a Cayo Anguila, Bahamas, donde estuvieron cuatro días en precariedad de condiciones.

Unos guardacostas estadounidenses rescataron a toda la tripulación y la trasladaron hacia Bahamas. En breves días, ya en año nuevo, Estados Unidos confirió visas al holguinero y al Duque y a su esposa, para después aprobar el visado del resto de la tripulación rumbo a Costa Rica. El padre del conocidísimo agente Joe Cubas fue un factor determinante en que la suerte de Alberto se encauzara hacia esa nación centroamericana. Como es sabido, meses más tarde el lanzador industrialista firmó por 6.6 millones de dólares por cuatro temporadas con los Yankees de Nueva York, mientras el máscara holguinero no corrió semejante suerte que su paisano.

Hernández no rubricó contrato alguno con organizaciones del béisbol rentado estadounidense y su golpe de fortuna ocurrió bien lejos del territorio norteamericano. En el propio 1998 acordó un convenio con la franquicia taipeana Taichung Agan, en la que acumuló línea ofensiva de .254/.319/.317 en 24 desafíos y al año próximo conectó un vuelacercas en dos veces al bate. En 2000 tuvo un tryout con los Marineros de Seattle.

Cronodeportes realizó infructuosos esfuerzos por localizar a Alberto Hernández, quien incursionó en 11 temporadas de las Series Nacionales, con average de 253, 616 indiscutibles, 98 dobles, 359 carreras impulsadas y se quedó a solo seis cuadrangulares de los 100. A la defensa promedió 985 y atrapó a 344 corredores en 815 oportunidades. Preguntar por él a cualquier aficionado conocedor del devenir de nuestro pasatiempo nacional trae como respuestas incluidas que fue un pelotero con excelentes virtudes a la defensa, respetado por los corredores, guía de los lanzadores en situaciones complejas del juego y un bateador de la media con una fuerza al bate no despreciable en la era del aluminio. Debutó en la campaña de 1985 y cinco años después lucía las coloridas letras del equipo Cuba en la Copa del Mundo de Canadá 1990, donde se tituló monarca como sustituto defensivo del habanero Pedro Luis Rodríguez.

Esa misma temporada asistió a los Juegos de Buena Voluntad celebrados en la ciudad estadounidense de Seattle y al año siguiente intervino en los Juegos Panamericanos de La Habana. Como carta de crédito fundamental en su hoja de servicio destacan los dos títulos olímpicos alcanzados, primero en Barcelona 1992 –donde ocupó la receptoría como regular- y luego en Atlanta 1996. Como eventos trascendentales en su trayectoria deportiva brillan también la cita regional de Ponce 1993, dos Copas Intercontinentales (1993 y 1995) y otra Copa del Mundo, la de Nicaragua 1994, donde quedó incluido en el All Star del evento.

Según varios peloteros de su época que se encuentran fuera de Cuba, el holguinero Alberto Hernández vive en la actualidad en West Palm Beach, ciudad perteneciente al estado de Florida. Sin dudas, constituye uno de los receptores más establecidos de la pelota cubana y aunque su decisión de marcharse de Cuba, unido a las acusaciones que se le planteaban, lo sacaron casi de golpe del radar deportivo interno, la verdad es que la impronta tejida por este pelotero cubano no se olvida y por ello nuestra página le dedica estas líneas con el afán de que lleguen a sus ojos.

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