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Peloteros cubano-americanos: “Nací en la otra orilla y ¿niegan reconocer mi cubanía?”

Moisés Alou nació en Atlanta, Alex Rodríguez, Edgar Martínez y Dellin Betances en Nueva York, Manny Machado en la Florida, Adrián y Edgar González en California, lo mismo que Sergio Mitre. Scott Hairston en Texas, su hermano Jerry en Iowa. Héctor Santiago lo hizo en New Jersey, Bernie Williams en Washington, Seth Lugo en Louisiana, Ian Snell en Delaware. En fin, la lista es larga. Un lector con vastos conocimientos de geografía y escasos de béisbol, te diría que todos son estadounidenses, y no es que le falte razón, sin embargo, es un tema con mucha tela por donde cortar.

No te atrevas a decirle a un fanático mexicano que el Titán es gringo, o a un dominicano que Moisés Alou no es un hijo de Quisqueya, tampoco se te ocurra quitarle a Edgar Martínez su identidad boricua, y mucho menos decir que va a entrar a Cooperstown como norteamericano, porque de seguro enfrentarás un problemón.

Durante una entrevista previa al pasado Clásico Mundial de Béisbol, el relevista Dellin Betances, quien se alistaba para participar en el torneo defendiendo los colores de República Dominicana, fue cuestionado por un reportero en repetidas ocasiones sobre el porqué de su decisión de representar al país caribeño, habiendo nacido en Estados Unidos, a lo cual, visiblemente molesto respondió: “Los dominicanos nacemos donde nos da la gana”.

La frase se hizo viral, y en una entrevista posterior, el atleta declaró que no fue su intención ofender, sin embargo: ”Me habían preguntado ya demasiado y quería decirle que soy dominicano, que mi sangre es dominicana y que no importa donde nací”.

El sentir de Betances, es sin dudas, el de decenas y decenas de peloteros que, producto de un fenómeno tan antiguo como la emigración, les toca nacer en un sitio diferente al de sus antepasados. Los cubanos, como todos, no escapan a esta situación.

Un gran contingente de peloteros nacidos en Estados Unidos, descendientes de padres cubanos ha atravesado por MLB en tiempos recientes. Nombres como Nolan Arenado, Julio Daniel Martínez, Eric Hosmer, Gio Gonzalez, Jon Jay, Carlos Rodon, Dan Otero, los hermanos Deven y Chris Marrero, Albert Almora jr., J. P. Arencibia, Gaby Sánchez, Raúl Ibáñez, Alex Avila, Sean Rodríguez, Danny Valencia, Bronson Arroyo, Nick Castellanos, Luis González, Henry Jay Owens o Eduardo Pérez y otros han aparecido en algún momento dado en un roster de Grandes Ligas.

¿Qué diferencia a este grupo de Jose Dariel Abreu, Yulieski Gurriel, Yoenis Céspedes, Yasiel Puig, Aroldis Chapman o Yasmani Grandal?

Sencillo: La decisión que en algún momento de sus vidas tomaron sus padres, y en algunos casos un pasaporte. Nada más.

Por solo citar algunos ejemplos, Nolan Arenado, mientras se preparaba para el pasado Clásico Mundial, declaraba en un entrevista: “Nunca olvidaré lo que mi padre hizo por mí al venir a este país, pero al crecer, nunca me avergoncé de ser cubano. Esa es mi sangre… Creo que es importante volver algún día, ver el país. Eso es lo que soy. Es la patria de mi familia.”

Precisamente en el concentrado previo al pasado Clásico Mundial, según informa el periodista Peter Gammons, saltó la idea de crear un “hipotético” equipo Cuba con peloteros nacidos en ambas orillas. El muchacho que tuvo la genuina idea no fue otro que Eric Hosmer, quien no conforme con hacer el planteamiento, fue más lejos aún, cuando dijo que él se traería a su “hermano” (de crianza) Deven Marrero para que jugara el infield de ese equipo.

Julio Daniel Martínez acaba de firmar un contrato multimillonario con los Medias Rojas de Boston hace aproximadamente un mes, sin embargo, cinco meses antes, exactamente el 4 de octubre del pasado año, con motivo de su canje a los Diamondbacks de Arizona procedente de Detroit, el nativo de Miami ofreció una entrevista a la periodista Marly Rivera de ESPN, donde afirmaba que había vencido tantos obstáculos en su carrera deportiva (y en su vida en general) gracias a la sangre cubana que corre por sus venas, y a las cosas que vio hacer a sus padres isleños para salir adelante en tiempos difíciles.

Gaby Sánchez y Jon Jay dijeron estar orgullosos de ser cubanoamericanos, pero que no tienen planes actuales de visitar Cuba “por respeto a sus familias”. Jay reconoció que sus padres, Justo y María, abandonaron la Isla cuando eran jóvenes debido a problemas políticos. Sánchez, por su parte, concuerda con la perspectiva de Jay: “Comprendo con mi padre y mi madre que una vez que las cosas

Estos dos bates los utiliza Nolan Arenado en el actual Spring Training

cambien definitivamente, entonces definitivamente querré ir”, dijo Sánchez. “Quiero ir a ver dónde vivía mi familia, la ciudad en la que vivían, todas esas cosas. Pero al igual que ellos, no retrocederé hasta que las cosas cambien.”

Precisamente hablando de Jay, aún está en nuestras mentes la Serie Mundial 2013, que enfrentaba a Medias Rojas de Boston y Cardenales de San Luis. Jay era el jardinero central de los dirigidos por Mike Matheny, y todos recordamos cómo en la presentación individual de la alineación antes de cada partido, en la posición ocho del orden de San Luis, aparecía un joven diciendo: “Jon Jay, Cuba”.

Raúl Ibáñez es otro que, a pesar de haber nacido a más de 90 millas, siente muy adentro la Cuba de sus antepasados. Hablaba con orgullo y respeto de su padre: “De él heredé mis hábitos. Nunca llegó tarde a su trabajo y más bien pedía más y más overtime. Y todo lo hacía así. Siempre nos hablaba de trabajar fuerte, que en este país se podía lograr lo que uno quería si se trabajaba fuerte… Tengo dos hermanos mayores, y como mis papás trabajaban mucho, con ellos aprendí a jugar béisbol… Nunca me había tocado jugar con dos cubanos (Dannys Báez y José Ariel Contreras). Son tremendos compañeros. Yo soy cubano, nací acá y me críe acá (EE.UU.), pero mis raíces son cubanas y me siento orgulloso de eso”, declaraba el entonces jardinero de los Filis de Filadelfia al Nuevo Herald en un visita que hizo su equipo a los Marlins el 5 de agosto de 2010.

Tampoco debemos olvidar las tantas veces que Gio González y Bronson Arroyo han manifestado el orgullo por su herencia cubana.

Todo esto es apenas una pequeña muestra sentimental, quizás de los más expresivos de este grupo, pero puedo asegurar que hablan por todos (o casi todos).

El pelotero cubano-americano es como el méxico-americano o el dominicano-americano. Llevan por dentro el amor a la tierra de sus antepasados, porque de pequeños crecieron aprendiendo eso de sus padres. Desgraciadamente por razones sociopolíticas, la realidad de los cubanos se ha convertido en más traumática que la del resto de los países, pero este fenómeno para nada les resta identidad a este grupo de muchachos. Ellos no pidieron nacer en “la otra orilla”.

Sin embargo, muchas veces, y de manera inexplicable, encuentras fanáticos cubanos, que por alguna razón, pecan de intolerantes, e incluso hasta xenofóbicos.

Si el fanático boricua acepta como suyo a Bernie Williams, el mexicano a Adrian González, y el dominicano a Manny Machado, ¿por qué un gran por ciento de la fanaticada cubana, de la Isla y el exilio, no acaba de aceptar a Nolan Arenado como compatriota suyo, si lo más difícil en este proceso es lograr que el pelotero reconozca sus raíces, y ya este grupo de muchachos hace rato que lo hicieron?

¿Si ellos lo sienten, quiénes somos nosotros para negárselo. Qué nos hace diferentes del resto del mundo. Acaso fuimos engendrados o pre-configurados?

El deporte es algo sano, limpio, sociable, recreativo. Una vía de inclusión y nunca de exclusión. Si creciste aprendiendo a mezclarlo con algún otro fenómeno, ahora que eres adulto, aprende por ti mismo a separarlo.

Los cubanos merecemos mejor trato por parte de nosotros mismos. A fin de cuentas, si los dominicanos nacen donde les da su gana, ¿por qué deberíamos los cubanos nacer obligatoriamente dentro de la Isla para ser merecedores de ese status? (Texto: Javier González)

 

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