Béisbol Cubano

Más allá de la silla de Mesa

Por JUAN CARLOS TEUMA DÍAZ

Cuando la selección de Industriales enfrentó a su similar de la Isla de la Juventud en el debut de ambos conjuntos en la recién inaugurada 57 Serie Nacionalde Béisbol, ya  comenzó a recuperar —después de varios años— su condición de equipo más mediático del ámbito beisbolero cubano.

Probablemente, esta vez la razón no será porque se trata del elenco más amado u odiado en la historia de nuestros certámenes nacionales. En esta ocasión, las miradas y los lentes reflejarán el color azul porque el nuevo manager de los Leones estrenó uniforme con igual tonalidad. Ese será, acaso, el primer éxito —ojalá no el único— de Víctor Mesa y, por extensión, de la nómina que dirige.

La causa de tal seguimiento quizá tenga que ver con lo difícil que resulta separar el adjetivo “polémico” cuando a continuación toca mencionar o escribir el nombre del ya policromático director.

El hombre que de un año a otro sufrió una singular y controvertida metamorfosis al dejar de ser Cocodrilo para convertirse en León, tendrá ante sí muchos retos y el primero que debe superar —porque con eso haría propia a la afición capitalina— es el de evidenciar que lo suyo no es un romance con la casaca azul, sino un amor auténtico, verdadero…

Para Industriales, los 45 juegos de la etapa regular serán —sin dudas— 45 capítulos de una novela que podrá tener de todo un poco, y aunque el “libreto” lo deberá escribir el “reparto” completo, nadie desconocerá quién es el principal “guionista” y de él dependerá el género de la puesta.

Asimismo, suya será la decisión de evitar o promover que sea drama, comedia o la más pura trama de sano y exquisito entretenimiento. Estará en sus hábiles manos o, mejor aún, en su vivaz temperamento, matizar la propuesta con buen diálogo o con un lenguaje de adultos que suele incomunicar y entorpecer en vez de motivar y hacer visible el propósito.

Ante tanta expectativa y una dosis grande de especulación, pudiera parecer como si el universo de nuestra pelota nacional se dividiera entre quienes se deleitan con ver jugar al equipo de su predilección —de cualquier provincia del país— y quienes tendrán suficiente con seguir de cerca el desempeño de la escuadra que guarda en sus vitrinas 12 títulos nacionales, solo porque su manager es Víctor Mesa.

Sin embargo, para los verdaderos seguidores del estandarte azul; para quienes pueblan las gradas del Latinoamericano con la misma fidelidad de hace más de medio siglo; para los que ser “Industrialista” es una categoría que honra, incluso, a muchos que no nacieron en La Habana; nada podrá desvirtuarnos del espontáneo deber de apoyar a la selección que año tras año nos roba el corazón y nos lo devuelve —herido o feliz, pero vital— al final de cada temporada.

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