Béisbol Cubano

Maikel Cáceres y las cosas del Orinoco

En la mayoría de los peloteros cubanos de este siglo —y en un buen número de los de antes también— se cumple el deseo de jugar en la Serie Nacional y luego, cuando pasen pocas o algunas temporadas, marcharse al exterior, los más codiciosos con el afán de jugar en las Grandes Ligas o firmar con algún equipo de ese circuito, mientras que otros se conforman con estar en ligas caribeñas o de otra región, que les permitan comprobar hasta dónde llega el nivel alcanzado en Cuba y de paso cobrar por lo que hacen.

Esa es la mentalidad que por lo general existe en la isla: jugar y triunfar profesionalmente, sea donde sea, pero si es en las Mayores, mucho mejor, claro está. Con la política migratoria aplicada en Cuba hace pocos años y de la cual se benefició también el deporte, un número considerable de peloteros salieron legalmente del país con la intención de estar en el beisbol rentado.

Últimamente se han reportado varios casos de jugadores que retornaron porque las cosas no les salieron acorde a lo previsto o porque su breve actuación profesional fue insignificante. Pero nunca se había dado el ejemplo de un atleta —por lo menos en el beisbol— que tuviera éxito en todas las ligas que jugó y en un indiscutible momento de esplendor tomara la decisión de volver a Cuba y solicitar su reingreso a la Serie Nacional. Todo eso se derrumbó hasta que un día de este año Maikel Cáceres habló y dijo sus nuevos planes.

Muchísimos aficionados se han preguntado las razones por las que el holguinero, después de rendir como le vino en gana en torneos profesionales de tres países, ha determinado retornar a la isla y aspirar a hacer el grado con Holguín para la temporada 58, contrario a los peloteros que han tocado el éxito fuera de Cuba. Diría un amigo mío cuando me escribió por Facebook sobre la noticia: “son cosas del Orinoco…”.

Por lo pronto, el versátil deportista jugó la Serie Provincial —donde terminó subcampeón con su equipo Báguanos alineando como primer bate—, gracias a la aprobación de las autoridades deportivas del territorio. Ahora le queda rezar para que el dominó no se tranque en la instancia superior, la Comisión Nacional, encargada de ofrecerle el pasaporte definitivo al máximo evento deportivo en Cuba. En su caso, no creo que tenga muchas complicaciones, porque salió legal y regresó por voluntad propia en un momento de alza en su carrera deportiva. Eso deben considerarlo. Pero en la Viña del Señor no pocos horrores se han visto. Disculpen, donde dije horrores, digo errores.

A continuación les detallaré el caso de Maikel Cáceres, quien es un jugador de 34 años que estuvo en ocho Series Nacionales, tras debutar con 24 abriles, y ligó promedio ofensivo de .307 (725 imparables en 2362 veces al bate), 94 dobles, 25 triples, 23 cuadrangulares y 200 impulsadas.

En dos campañas sobrepasó los 100 imparables y en cuatro los 80, mientras que en seis contiendas rebasó los .300 de average ofensivo. Aunque sus dos primeras Series las jugó como camarero y torpedero, luego se desempeñó en la antesala y en los tres jardines, mientras que en la edición 52 reforzó a los Tigres avileños de Roger Machado y la fortuna casi nunca le dio la mano para integrar selecciones nacionales, pues estuvo en la cuadrangular por el centenario del beisbol en Colombia y en los terceros Juegos del Alba, en Cuba.

Tras pedir su baja, salió en mayo de 2015 rumbo a Haití y posteriormente llegó a República Dominicana, donde estuvo varios meses entrenando en la academia de Daniel Osuna. En noviembre de ese año se estrenó profesionalmente en la Liga Venezolana de Invierno, con los Bravos de Margarita, y promedió para altísimo .371 (36 incogibles en 97 oportunidades), 14 anotadas, 12 impulsadas, un jonrón y cinco tubeyes. Antes, en la Liga Paralela de ese país, convenció a los directivos de los Bravos, al irse con seis imparables en 10 oportunidades.

En la temporada 2016/2017 fue subcampeón de bateo en el beisbol profesional nicaragüense con los Indios del Bóer, al registrar average de .393. En abril de 2017 arrancó su participación en la Italian Baseball League, siendo monarca a la postre con el club ASD Rimini Baseball.

Debido a su versatilidad en el campo, defendió varias posiciones en el cuadro y los jardines, y terminó rindiendo para un promedio ofensivo de .309 (segundo de su equipo y decimoséptimo de la liga), líder de su novena en remolcadas con 20, tercero de su elenco en carreras anotadas (23) e indiscutibles (38), además de producir seis dobles y robarse cuatro bases en los 32 choques que jugó en la parte clasificatoria. En semifinales no alineó, probablemente por una lesión, y en la disputa por el gallardete compiló average de .400, con dos imparables y una impulsada.

Mientras que hasta el 29 de diciembre del año pasado, en su segunda experiencia con los Indios del Bóer,  tenía average de .318 (séptimo del torneo) en 36 juegos, con 48 indiscutibles (tercero del torneo), cuatro tubeyes, dos triples, dos vuelacercas y cinco bases robadas en siete intentos.

Como vieron, dondequiera que jugó Cáceres dejó su huella exitosa y por más que me pregunto la causa de su retorno, si todo iba bien en su carrera profesional, me resigno a responderme que al hombre lo venció la nostalgia de la Serie Nacional, su familia. Aunque pudo ser otra cosa, solo él sabrá.  (Néstor Pérez)

 

 

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