Béisbol Cubano

Maels Rodríguez: “Mi inmadurez me costó una carrera de más de 100 millones de dólares”

Por MARVIN LÓPEZ

Antes de Aroldis Chapman, el lanzador más veloz que ha pasado por Series Nacionales sin duda alguna, existió un pitcher espirituano todopoderoso cuando de velocidad supersónica se hablaba. Maels Rodríguez (15 de octubre de 1979) fue aquel serpentinero derecho que lanzó más de un envío sobre las cien millas a fines de 1990 e inicios del nuevo milenio. En los años que estuvo en la selección nacional fue una de las piezas imprescindibles e incluso algunos lo sitúan como el mejor lanzador de su época, por encima del pinareño José Ariel Contreras y el habanero José Ibar.

Pero resulta que Maels se despidió de Cuba hace más de doce años y junto a él marchaba la seguridad de miles de aficionados de que pronto el jugador tendría lugar en uno de los 30 equipos de Grandes Ligas. Sin embargo, los años pasaron y Maels se operó tres veces el brazo de lanzar en pos de un sueño que nunca llegó. Para colmo de males, no lanzó ni un envío con Missoula Osprey, equipo de Rookie perteneciente a los Diamonbacks de Arizona, que lo firmó en 2005.

Se dice y no se cree. El espirituano nunca lanzó de manera oficial desde su salida de Cuba, ni en Estados Unidos ni en cualquier otra parte. El brazo que logró burlar la mítica barrera de las 100 millas, que propinó el único juego perfecto que se ha dado en Series Nacionales y que rompió un antiguo record de ponches para una temporada, jamás pudo lucir en un beisbol para el que estaba concebido. Maels Rodríguez nació para jugar en Grandes Ligas, pero no pudo.

En diálogo directo con Cronodeportes aclaró algo que muchos no conocen. “Soy de un pequeño campo que pertenece al municipio de Placetas, llamado Cacique, en Villa Clara. Allí teníamos escuela hasta quinto grado y tuve que hacer el sexto en Báez, donde di mis primeros pasos en el beisbol, ya que era entrar en el equipo categoría 10-12 años o ir al campo a trabajar,  así que me fui por la primera opción.

“Estuve en la EIDE de Villa Clara, pero cuando pasé a 13-14, dijeron que era pequeño de estatura y no cumplía con los estándares. Entonces mi mamá, que sí era de Sancti Spíritus, tiene una pérdida en la familia y tuvimos que mudarnos para su provincia y terminar de criar un sobrino.  Mi padre me dijo que si quería seguir jugando y yo le dije que sí, me llevaron a la EIDE espirituana con la carta de mejor 10-12 de Villa Clara, luego me hicieron las pruebas necesarias y así empezó mi carrera en tierras yayaberas.

“Fue muy constructivo jugar en esas dos provincias, ya que me ayudó mucho en mi formación. Tuve muy buenos entrenadores con Villa Clara, gané todos los juegos que tiré en la categoría 10-12 y me fue muy bien a la ofensiva, pues podía batear.  En Sancti Spíritus me fue mejor,  ya que representé a Cuba en varios campeonatos internacionales en cadete y juvenil,  entre ellos Campeonatos Mundiales y Panamericanos y di mi primer no hit no run en un certamen del orbe. Además, lancé siempre por la medalla de oro en cada uno de esos torneos”.

Sembraste signos de exclamación desde esas categorías, y me refiero a ese no hit no run del que me hablabas.

“Fue en la categoría 15-16 en Londrina, Brasil 1995, ante la selección de México, que en ese momento lideraba la ofensiva del torneo, algo increíble”.

El serpentinero que lanzó en seis Series Nacionales declaró que su debut en la misma fue terminando los juveniles, en la temporada 1997-98. “Ese primer año fue difícil, pues Sancti Spíritus no tenía buen equipo y era casi imposible ganar con ellos. Fue tanto, que llegué a la selección nacional con récord negativo, pero mis números estaban entre los primeros cinco en casi todos los departamentos.

“Estuve en los juegos contra los Orioles de Baltimore en 1999 y en los Juegos Panamericanos de Winnipeg, donde me tocó lanzar como relevo en la final ante Estados Unidos. Después vinieron eventos como Copas de las Américas, Juegos Olímpicos, Copas Mundiales e Intercontinentales y otros que casi no recuerdo.  Lo que sí no olvido es estar en el juego final de casi todos”.

Fuiste uno de los pocos agraciados en participar en aquellos memorables encuentros contra la escuadra del Baltimore.

“Esos partidos contra los Orioles fue algo increíble, ya que tuve la oportunidad de estar en décadas en la primera serie amistosa entre una selección profesional estadounidense y un equipo cubano. En ese juego en Estados Unidos solo estuve en el bullpen, pues era el cerrador y el partido se definió por muchas carreras y en el celebrado en Cuba estuvimos perdiendo desde temprano, así que no fue necesario mi trabajo”.

El artífice de 65 triunfos y 45 reveses, efectividad de 2.29 y 11 salvamentos expresó que “desde los juveniles estaba tirando entre 94 y 96 millas, era mucha velocidad para esa edad, pero nunca pensé llegar a las 100. Fui muy competitivo siempre, quizás eso me ayudó a seguir subiendo,  pues en los entrenamientos tiraba entre 98 y 99 millas y no rompía la barrera, hasta que un día se dio. Recuerdo un juego en Holguín que dicen por el audio local del estadio que Maels Rodríguez acababa de tirar 102 millas, fue increíble y después de ese momento, en cada estadio de Cuba se comentaba mi velocidad”.

¿Cómo fue esa gesta del juego perfecto ante Las Tunas?

“Fue de película. El juego 0-0 hasta el noveno inning.  El equipo de Las Tunas saca un emergente y con dos outs en la pizarra, me da un roletazo por encima de mí, pensé en ese momento que se rompía mi hazaña, pero el torpedero Omar Arrozarena realizó una gran atrapada y salvó el juego. Después, con dos outs en el noveno y hombre en segunda, dieron un machucón entre el lanzador y la tercera, la cogió el pitcher y tiró mal y los dejamos al campo. Así sucedió la historia de ese juego”.

Los Juegos Olímpicos de Sydney te traen sentimientos encontrados…

“Fue duro, pues nadie quiere que le den un hit y menos en el momento que yo entré en ese juego por el oro frente a Estados Unidos. Pero así es el beisbol, todo venía del banco y fue lo que hice. Me mandaron a tirar demasiadas rectas y el bateador era un profesional, después dejaron que tirara y me dieron uno o dos inatrapables más en cinco entradas y  ponché como ocho o 10 bateadores, pero son decisiones que hay que respetar en un equipo. Lo bueno es que en todo el evento no me hicieron carreras y quedé primero o segundo en ponches con menos entradas lanzadas.

“Fue difícil la derrota y más contra Estados Unidos, pero nos dimos cuenta que el beisbol estaba cambiando, que ya no era tan fácil ganar torneos y el tiempo lo ha demostrado”.

En la temporada 2000-01 rompes un añejo récord de Changa Mederos, al propinar 263 ponches en una Serie. Destrozaste un reinado de uno de los mejores zurdos de la pelota cubana.

“Siempre que logras algo es importante, pero poder romper un récord de más de 30 años y de una leyenda como Changa, me llenó de satisfacción y orgullo por lo que representaba y logré la triple corona además”.

Tu mejor resultado con los Gallos, aquella final que perdieron ante Holguín en 2002.

“Una gran Serie esa, pues tuvimos que enfrentar a tres grandes equipos para llegar hasta allí. Primero a los Azules de la capital, después a la Isla de la Juventud y como si fuera poco, a Pinar del Río, que era en ese momento el mejor conjunto con Pedro Luis Lazo, José Ariel Contreras, Faustino Corrales y otros, sin hablar de la ofensiva con Omar Linares, Yobal Dueñas, Daniel Lazo.

“Holguín jugó muy bien, su pitcheo funcionó, igual que su ofensiva y defensiva. Creo que  la suerte estuvo con ellos, pues el juego contra mi casi lo daban por perdido, pero nosotros no bateamos, cosas del beisbol. Ellos jugaron mejor, pero nuestro equipo hizo su trabajo, cualquiera que ganara se lo merecía”.

Tanta gloria en Cuba, sin embargo te vas.

“Fue por algo que preocupa a todos los jugadores en la Isla. El futuro que pueden tener  los peloteros y deportistas en Cuba cuando terminan sus carreras es algo preocupante. Yo lo veía en los atletas retirados que iban a mi casa para que los ayudara a conseguir comida y otras necesidades para vivir, eso me motivó a irme de la tierra que me vio nacer y crecer, a la cual no olvido y nunca hubiese querido abandonar. La travesía para marchar de Cuba fue muy difícil y no se la recomiendo a nadie, separación de familias, gente mala, personas que te ven como mercancía y no como ser humano, pero es lo que nos tocó vivir a muchos cubanos.

“Cuando llegué a Estados Unidos me enfrenté a mucha decepción, pues todos me querían y debido a mi inmadurez de querer darlo todo por la bandera y el pueblo, me costó una carrera de más de 100 millones de dólares. Llegué lastimado, fue duro, me hice tres cirugías y nada”.

Maels, quien en 938 entradas alcanzó 1148 ponches, regaló 486 boletos y solo aceptó 30 vuelacercas afirma que “no pienso mucho en que no pude llegar a las Mayores, pues no podría dormir. Lo que te puedo decir es que no quedó por mí,  mi familia siempre me apoyó  y yo hice mi trabajo para volver, pero ya no estaba en mis manos. Solo Dios sabe, hay que aprender a vivir con eso y saber que en la vida hay cosas más grandes. Cada atleta tiene un comienzo y un final, algunos tienen la suerte de durar, a otros nos toca terminar temprano.

“Fui elegido por los Diamondbacks de Arizona, el equipo del tanque Tomás. No tengo números, pues estuve todo el tiempo en recuperación a causa de mi brazo, a un 80 por ciento hubiera lanzado en Estados Unidos”.

¿Chapman?

“Estoy muy orgulloso de su trabajo, lo que hace lo pone entre los mejores de todos los tiempos. Sabes, es bueno saber que algún día fuiste alguien importante, pues te comparan nada más y nada menos que con Aroldis Chapman, “El Misil Cubano”. Por esa y otras cosas más, no solo yo, todos los que amamos el beisbol, tenemos que sentir felicidad por la representación de él a nombre de Cuba en las Grandes Ligas, al igual que de todos esos otros jugadores que ponen el nombre de nuestra patria cada día más en alto: Gurriel, Abreu, Escobar, Kendry, Iglesias, Céspedes, Puig y otros que dieron los primeros pasos como El Duque, Arrojo, Arocha, Euclides, Ariel Prieto, Osvaldo Fernández y otros grandes que han pasado por las Mayores”.

 ¿Consideras que la lesión que te privó de jugar en Grandes Ligas fue a causa de una sobreutilización en Cuba?

“Estoy completamente seguro, pues ya la tenía cuando llegué aquí”.

¿A qué te dedicas hoy?

“Estuve un tiempo trabajando con nuevas generaciones de peloteros y me fue bien. Ahora trabajo un negocio de familia, gracias a Dios todo marcha muy bien”.

Fórmula para ser supersónico.

“Creo que es una bendición. Primero, tener un buen brazo, luego trabajar duro y ser competitivo, eso te motiva a ser cada día mejor. Así fue como mejoré por días.

“Pero la base, como dije antes, es tu disposición al trabajo, de ahí saldrá el resultado”.

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