Béisbol Cubano

El luto y el sufrimiento que nos dejó 2017

Cuando el reloj marque las 12:00 am del primero de enero de 2017, junto a las más ocurrentes maneras de recibir el año entrante, casi todas las familias cubanas se desearon el típico feliz año nuevo y si me preguntan ahora sus orígenes, el de la frase digo, solamente puedo responder que sus orígenes se pierden en el tiempo. El feliz año nuevo encierra un sinfín de deseos, que van desde la prosperidad, el dinero, los buenos hábitos, la abundancia, el cumplimiento de los sueños y por encima de todo, tener salud y huir de las desgracias.

Sin embargo, 2017 está a punto de expirar y en lo que concierne al beisbol cubano, fueron pocas las buenas nuevas que surgieron. El ámbito competitivo internacional se despedirá con la cabeza gacha, después del esperado fiasco del IV Clásico Mundial, se sucedieron dos noticias muy decepcionantes que vinculan directamente a la cantera de talentos: un sexto lugar en el Campeonato Mundial juvenil, escenificado en septiembre en el territorio canadiense de Thunder Bay, y hace menos de un mes el conjunto nacional sub 23 no pudo hacerse en Panamá de uno de los cuatro boletos en disputa para el certamen del orbe de la categoría, a celebrarse en 2018.

El año que concluye enlutó al beisbol cubano, por otra parte. Indistintamente nos enteramos de muertes repentinas de jóvenes talentos, o de fallecimientos de leyendas que tenían una salud delicada. La guadaña de la muerte también se llevó a un ser icónico en el mundo de la narración deportiva de Cuba y de las Grandes Ligas, el natural de Bayamo Felo Ramírez, quien falleció el 21 de agosto a los 94 años, y será recordado como la voz de los Marlins o cuando se visite el Salón de la Fama de Cooperstown y se contemple su placa.

Lo que resulta más llamativo de los decesos de peloteros cubanos  ocurridos este año, es que la inmensa mayoría se sucedieron cual efecto dominó a partir de septiembre, como si los seres representativos de la muerte se hubiesen confabulado para que la familia del beisbol tuviera una recta final de año bañada en la tristeza.

En el primer día de septiembre el villaclareño Enmanuel González perdió la vida a los 21 años víctima de un accidente eléctrico cuando ayudaba en el encofrado de una placa en Matanzas. González era uno de los integrantes del conjunto de Villa Clara en la Serie Nacional Sub 23 y defendía la segunda almohadilla.

Cuatro días después se conoció el fallecimiento del santiaguero de 22 años Fabricio Miniet, oriundo del municipio Contramaestre e integrante de los conjuntos de su provincia en la categoría sub 23 y en la Serie Nacional. El joven no rebasó una operación quirúrgica, después de ser diagnosticado con un fallo renal que le causó complicaciones respiratorias.

El siete de octubre nos dejó a los 62 años el pelotero apopado como El Caballero, por su integridad dentro y fuera del terreno. Fernando Hernández, jardinero  acostumbrado a integrar selecciones nacionales y una de las piezas simbólicas de los equipos de Pinar del Río, sufrió un derrame cerebral hace aproximadamente una década y esa condición le impidió mantener una vida normal. En la mente de los aficionados siempre quedará esa gesta de impulsar doce carreras en un partido y sus 20 temporadas, en las que dejó 1600 imparables,  average de .284, 198 vuelacercas y 269 dobletes.

Uno de los lanzadores más talentosos del siglo XXI que pasó durante ocho contiendas por las Series Nacionales con los conjuntos de La Habana y Artemisa fue el natural de Mariel Miguel Alfredo González, quien falleció el 24 de noviembre en Miramar, a los 31 años, víctima de un accidente automovilístico,  igual que le ocurrió a su compañero Yadier Pedroso en 2013. El pitcher conformó varios equipos Cuba desde las categorías inferiores hasta la selección absoluta, logró 42 triunfos y 33 reveses al más alto nivel cubano y tras su salida del país, contó con la fortuna de debutar en las Mayores con los Phillies de Filadelfia.

El domingo 17 de diciembre, en horas de la madrugada, Guane y Cuba sintieron la muerte de uno de los más grandes lanzadores que ha escalado un montículo en nuestro país, el pinareño Jesús Guerra, quien murió tras meses de lucha contra el cáncer. “Requemo”, como se le conocía entre los parciales a la pelota, falleció a los 69 años tras una brillante carrera, pletórica de éxitos desde su etapa como jugador y, posteriormente, como entrenador. Precisamente en el rol de técnico, adquirió un gran prestigio al desarrollar a figuras de reconocidos resultados como José Ariel Contreras, Pedro Luis Lazo y Norge Luis Vera, y dejó escrita esa impresionante marca de 22 victorias y ninguna derrota en eventos internacionales como serpentinero.

El propio 17 de diciembre, con todo lo místico de ese día, la pelota cubana despidió también a uno de sus mayores sluggers, cuando en la noche el hijo de Bejucal, Romelio Martínez, falleció a causa de un paro cardíaco a los 52 años. Sin embargo, el mayabequense dejó escrita una importante página del beisbol en la isla con su impactante cifra de 370 jonrones en solo 13 Series Nacionales.

Para concluir y dándole marcha atrás a la máquina del tiempo, el 27 de abril nos dejó a los 76 años el pelotero guantanamero Andrés Telemaco. Tuvo el honor de ser uno de los fundadores de la Serie Nacional en 1962 y ocupó el segundo cojín durante 13 campeonatos con los planteles de Orientales y Mineros, para dejar promedio ofensivo de .260 y 25 jonrones. Integró el equipo Cuba ganador del Campeonato Mundial en República Dominicana en 1969. (Rafael Rofes)

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