Los gringos, dedo en la boca a los incrédulos; Cuba, se enloda en el pantano

24 Marzo, 2017 1:47 pm1 commentViews: 124

Mientras los gringos disfrutan su merecida corona en el IV Clásico, la pelota de Cuba continúa en el pantano.

La historia habla por sí sola, pero de tanto hablar, a veces aburre y en otras no convence. Como un coro que nunca calla, se escucha en todos lados, hasta en lo más insospechados, que la mejor liga beisbolera del mundo es la estadounidense, la bien llamada MLB, magníficas siglas que responden a muchísimos slogan y es el delirio de incontables jugadores a nivel mundial. A ella ambicionan llegar, por eso de que es dueña del mejor beisbol que se juega en el orbe, afirmación que encuentra aisladas discrepancias.

Las Mayores se nutren de peloteros de diversas naciones, pero el mayor grueso lo aporta, inobjetablemente, Estados Unidos. Por esa razón y por ser los norteamericanos los “propietarios” desde hace muchos años de un circuito acreditado, organizado y cualitativamente superior al resto, es que necesitaban capitalizar lo que hicieron ayer, en la noche, en Los Ángeles y ante un Dodger Stadium que quería reventar.

Cuando Estados Unidos blanqueó a Puerto Rico 8-0 en la final del IV Clásico Mundial, a partir de ese sacro instante la historia  de ese país estalló de júbilo, ya no cargaría con el pesado sambenito del descrédito que quizás no merecía y los gringos gritaron a voz en cuello Here we are, fue el momento de ponerle el dedo en la boca a aquellos escépticos. A partir de ahora, ¡al fin!, Estados Unidos es el mejor equipo del mundo en materia beisbolera, se llevó el trofeo cumbre, el que les faltaba, el que al menos por cuatro años guardarán en los anaqueles.

El veinteañero Marcus Stroman, quien lanza bajo las órdenes de los Azulejos de Toronto, tuvo un cierre de 22 de marzo inmejorable. Difícil que logre olvidar, ni con el peor Alzheimer, el día que enmudeció durante seis entradas a una banda boricua que llegó inspirada a su segunda final consecutiva en Clásicos, luego de ganar sus siete partidos previos. Un solo indiscutible toleró en seis entradas al que hasta ese momento era el máximo plantel ganador de la justa, y del resto se encargaron Dyson, Neshek y Robertson. Puerto Rico, más allá de tener que adaptarse de nuevo a una plata que pudo oler a oro, se avergonzaba de soportar su segunda blanqueada en esta instancia.

Los chicos de Jim Leyland estrenaron la corona del evento con balance favorable de seis triunfos y dos fracasos, uno de ellos precisamente ante los puertorriqueños en la segunda vuelta. Moraleja positiva para los yumas, el bueno es el que hay que ganar. Además, cuando en semifinales le ganaron al complejo juego que proponen los nipones, 2-1, fue que la corazonada me indicó que este y no otro, era el Clásico de los estadounidenses.

En cuanto al plantel cubano, a quien le dedicaré un pequeño paréntesis, porque creo que todo está dicho, valga decir que concluyeron en la séptima posición del torneo. De un subcampeonato celebrado y requetecelebrado con vítores hace once años, ahora pocos se conforman con quedar entre los siete mejores. Pero por más que se quiera soñar en grande, eso es lo que nos toca, con lo que contamos y con lo que tendremos que quedarnos por cuatro años. En 2021 veremos si el panorama cambia o tal y como intuyo, Cuba, la otrora potencia de antaño, seguirá revolcándose en el lodo del pantano. (David Diaz)

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