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Lorenzo Mambrini: de un escándalo por corrupción al banquillo de la selección nacional

Por YOSVANI PEÑA

Con foto tomada de: http://www.sierramaestra.cu/

En la zona técnica de la selección cubana de fútbol en el Pedro Marrero, el césped hierve o, al menos, es lo que la imagen incita a pensar. Resulta tarea complicada, casi quimérica, que alguien permanezca allí con quietud. Camina para aquí, camina para allá, levanta la mano y da dos indicaciones, aunque sepa que serán anodinas, pega tres brincos y quéjate al árbitro… Jamás celebrar un gol; no está comprendido en la agenda. En las selecciones cubanas el gol es muy escaso. Cuando suena el pitido final, camina apresurado hacia el entrenador rival, felicítalo por su holgado triunfo y discúlpate por el espantoso estado del césped. Excúsate otra vez si algún jugador contrario se lleva la pierna destrozada por los horrores del pasto. Invéntale alguna justificación fútil. Luego, ya con el insoportable peso de la culpa que realmente no tienes, dirígete cabizbajo al túnel y, sin mostrar el rostro a la gente, decepcionada otra vez, lanza tres carajos al viento y maldícete hasta la saciedad por ser el entrenador del equipo nacional cubano.

Más o menos así sucede. No es una hipérbole. Quien sigue al fútbol cubano lo sabe. Desde hace mucho tiempo el deporte de las multitudes en la Isla se ha convertido, lejos del espectáculo que debería ser, en un infortunio constante para quienes se empeñan, tercamente, en mantener vivas las esperanzas de algún día mejorar. Pese a que son muy pocos, un número bien ínfimo de locos que no abundan en el caimán, siempre quedan los que conservan ese hálito de pasión hacia una selección que pocas veces lo ha merecido.

El panorama es realmente gris. La memoria da mil vueltas, se retuerce una y otra vez en busca de un momento de oro para el fútbol cubano. Difícil encontrarlo. Habría que recorrer un siglo casi, hasta el lejanísimo 1938, cuando ni siquiera los abuelos de esta generación soñaban con ser lo que son, para encontrar la participación de un elenco antillano en un Mundial. Y fue por invitación, para colmo. Sin embargo, en aquel entonces todavía al fútbol le quedaba por estos lares un atisbo de lucidez, un vestigio de calidad traducido en goles que al parecer los años se han encarnizado en desaparecer.

Hoy visitar el Marrero duele. Conste decir que la popularidad ganada por el bien definido como deporte más hermoso del mundo no es ya un fenómeno simple, sino una abrumadora oleada de fanatismo que ha incrustado peligrosamente al béisbol contra la pared, amenazándolo, revólver en mano, con ganar la hegemonía de deporte con más fieles en el país. Los conocedores, o falsos conocedores del tema, se escudan con la manida justificación de que el virus pasará, pues solo es consecuencia de la transmisión de las mejores ligas por la televisión. Se equivocan rotundamente. ¿Acaso estarán ciegos? Solo tienen que salir a la puerta de su casa y protegerse de los balonazos que van y vienen en la carretera. Quien diga algo así peca de inepto, de desconocedor absoluto de lo que engendra un deporte que fue definido como “lo más importante dentro de lo menos importante” en la vida de mucha gente, que ha movilizado la atención de algunos de los grandes hombres del mundo.

Pero entremos en materia. En medio de una sequía noticiosa provocada por una Federación inactiva, el italiano Lorenzo Mambrini asumirá las riendas de la selección, además de las del equipo La Habana, al cual intentará sacar del lodo de la Segunda División. En el elenco nacional acompañará a Raúl Mederos, en otra jugarreta de los directivos de no levantar críticas, luego del aceptable juego desplegado por los Leones del Caribe bajo la égida del villaclareño en el amistoso ante Estados Unidos hace casi un año.

De Mambrini se puede decir mucho. Lo primero y más evidente: viene de una nación que guarda celosamente en sus vitrinas cuatro Copas del mundo, dueña de un estilo paradigmático como el Catenaccio, cuna de grandísimos jugadores como Paolo Rossi, Roberto di Baggio, Del Piero, Maldini, Pirlo, Totti y otros ciento. Mambrini lleva mucho tiempo merodeando el banquillo nacional. Traerá algo de conocimiento, totalmente exiguo en la mayoría de los técnicos “de fabricación nacional”. Hasta un aficionado en Italia ha visto más fútbol en su vida que un entrenador cubano. Ojo, me refiero a la mayoría de los casos y no soy absoluto para no herir sensibilidades.

La noticia es, ante todo, un latigazo al dormido proyecto antillano. En el entramado misterioso que es la Asociación de Fútbol de Cuba (AFC), pocas interioridades salen a la palestra pública. Es un caso endémico, podría decirse que el mayor pecado del fútbol cubano: estar lejos de su gente. Sin embargo, la irrupción del técnico sensación en el pasado Campeonato Nacional debe y tiene que ser la excusa para devolver la actividad al balompié en las oficinas y la deteriorada cancha del Marrero.

Hablando del transalpino- segundo de dicha nacionalidad que dirige una selección cubana, tras la experiencia de Giovanni Campari en 1990-, es necesario decir que su trofeo con Santiago fue en efecto espectacular. Aplastante. Logró impregnar un pensamiento táctico a sus jugadores muy efectivo en una liga en la cual reina el físico, pero pocos saben ubicarse en la cancha. Incluso en un estadio horrendo, cuyo césped no existía y era cubierto por arena, Santiago mostró el fútbol más vistoso del país y consiguió llenar las gradas. Un mérito más que suficiente.

Llegó a Cuba hace más de cuatro años, por intermedio de su esposa cubana y comenzó de inmediato a dirigir al equipo de Guanabacoa en la Liga Provincial, para luego tomar el puesto de entrenador de Santiago de Cuba en el Campeonato Nacional. Precisamente con los santiagueros consiguió alzar la corona durante la última temporada, en lo que constituyó una gran sorpresa, dada la plantilla del equipo suroriental. Sin embargo, la disciplina táctica mostrada por los jugadores hace pensar en la seriedad del proyecto de Mambrini.

Sin embargo, las sombras de corrupción que han atacado al fútbol italiano cubrieron en cierta forma al ya técnico del CUBA. Fue enjuiciado en el año 2013 por un presunto amaño de partidos cuando dirigía al A.S.D. Valfabbrica, de la sexta división del Calcio y, luego de apelar, fue exonerado de culpa. Dicen que la AFC lo rechazó un tiempo por ello. Sin embargo, al parecer hicieron las paces. Algunas personas creen que Mambrini quiere usar su puesto al frente de una selección nacional para ganar prestigio de cara a un posible futuro al frente de un club en su país. Entonces, dilucidadas las intenciones de ambas partes, llegó el acuerdo.

De cualquier manera, la apuesta por el italiano como acompañante de Mederos –habrá que ver hasta cuando mantienen al villaclareño en la dupla- no puede traer más que beneficios. Dicen que cuando se toca fondo es imposible ir a peor. El fútbol cubano hace tiempo tocó fondo. Rusia 2018 ya es historia para nosotros, sin embargo, muchos compromisos se asoman en el horizonte, como las fechas FIFA a las cuales regresa Cuba – ¡ya era hora!- con dos partidos ante República Dominicana el 14 y el 27 de noviembre próximos, primero en La Habana y luego en Santo Domingo.

Cambiar la mentalidad de los jugadores de la selección sería un paso de avance. El otro, modificar la percepción de los directivos de la AFC. Ahora mismo un cubano, Onel Hernández, pone los goles en uno de los históricos clubes de Alemania, el Eintracht Braunschweig de la Segunda División. ¿Por qué no es convocado? Y como él hay muchos otros como Marcel Hernández y el letal goleador Osvaldo Alonso, quienes podrían aportar la calidad que hoy no tiene la Isla. Muchas interrogantes quedan por responder y, en la mirilla, un único objetivo: que los tercos que todavía sienten por el fútbol cubano tengan una justificación para seguir haciéndolo.

 

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