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Lo que consiguió Aledmys Díaz

Por IGNACIO VALENZUELA

En julio próximo hará cuatro años que el torpedero Aledmys Díaz abandonó la selección cubana en Haarlem, Holanda, con el fin de probar fortuna en el béisbol profesional. Tenía 21 años, y era el suplente de aquel equipo, aunque en el Villa Clara de pelota nadie le quitaba la titularidad. Aledmys era callado, sin dudas el más inteligente de ese equipo. Contestaba a las preguntas de cualquiera en la calle sin eufemismos, pausado, como quien tiene bagaje cultural y lo tenía. Era de gustar hablar con todos los aficionados que acudían a verlo al Sandino, estadio de los Naranjas de Villa Clara.

Díaz, de seis pies de estatura y 183 libras de peso, debutó en la Serie Nacional cubana, en la temporada de 2007-2008 y jugó desde entonces como titular del campo corto de Villa Clara en los campeonatos cubanos, alternando con el mítico Eduardo Paret, que ya estaba en franco retiro entonces. En la 51 Serie promedió al bate para 315, con 85 hits, 12 jonrones y 49 carreras impulsadas. Al campo cometió solo 10 errores en 76 juegos. Con ese aval llegó a Estados Unidos.

No fue hasta marzo de 2014, que el santaclareño (amigo de la infancia del desaparecido lanzador José Fernández, entrenaban juntos en el estadio infantil Natilla Jiménez) debutara en la Gran Carpa. Y la primera vez que visitó a su amigo en el Marlins Park de Miami, y ya establecido Fernández como as de la rotación de los Peces. Díaz lo castigaba entonces, otra vez el mes de julio, de 2016. El de los Cardenales de San Luis se iba de 2-2, con doblete y cuadrangular incluido, pero Fernández siempre le decía algo, el guiño cómplice del amigo.

“Fue divertida aquella vez. Él me decía cosas, bromeaba después de cada pitcheo. Ahora se siente raro estar aquí. Aunque a José siempre lo tengo presente, pues éramos hermanos, venir al estadio y que él no esté más resulta difícil”, dijo entonces el campocorto cubano.

Eso sucedió el pasado 10 de mayo, Díaz volvió a Miami, y ya no estaba su hermano del alma. “Ahora, cada vez que me pongo el uniforme, trato de disfrutar esto al máximo porque era lo que él quería. Cada vez que él se ponía el uniforme, solo quería jugar duro y disfrutar el juego”.

Otro lujo que le ha permitido las Grandes Ligas, fue compartir con Ozzie Smith, 13 veces ganador del Guante de oro. “Me dio muchos consejos, me ayudó a adquirir confianza, me dijo que debía mantenerme en una posición baja para poder atacar mejor los roletazos, a anticiparme a cada bateador rival de acuerdo con sus características. De verdad le agradezco su dedicación y los resultados ya se están viendo”. Y tiene razón Aledmys. Por estos días, ha impulsado 14 carreras, ha estafado en 4 ocasiones y promedia 261, un poco menos que su average histórico.

Aledmys Díaz, ese muchachito que empezó desde infante, ha crecido, ha confiado, se ha arriesgado y sobre todo, lo ha conseguido. Sigue siendo un referente positivo. (Con foto de Jeff Roberson)

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