Béisbol Cubano

Las Series Nacionales también se vistieron de luto

Por ALDO LUBERTA MARTÍNEZ

“Huelga y yo éramos grandes amigos; aún no creo que se marchó para siempre. Todavía creo que un día lo voy a ver entrar por esa puerta”, me confesó, en cierta ocasión, Betty Díaz Bernal, una persona verdaderamente especial para quienes tenemos el privilegio de conocerla; y rememoro esa conversación con Betty, tan espirituana como “Pensamiento”, de “Teofilito”, pieza musical insigne de esa región cubana, para iniciar este recuento donde, de manera breve, pretendo abordar varios momentos que han vestido de luto al deporte nacional de la mayor de las Antillas.

José Antonio Huelga Ordaz, conocido en el mundo beisbolero como “El Héroe de Cartagena”, por su actuación en el Campeonato del Mundo de Béisbol Aficionado celebrado, en 1970, en la mencionada ciudad colombiana, es quien todavía ostenta el mejor promedio de carreras limpias por juego de 9 entradas entre los lanzadores que han intervenido en nuestras Series Nacionales (1.50); además en 871.1 innings de actuación solo permitió 9 cuadrangulares.

Huelga, nacido el 14 de marzo de 1948, en el central “Tuinicú”, vio trunca su vida cuando, con apenas 26 años, falleció, víctima de un accidente de tránsito, el 4 de julio de 1974, en la carretera de Mariel, provincia Habana. “Perdí a un hermano”, afirmó Betty sin impedir que sus ojos de anegaran en lágrimas; “no quise creer la noticia; el velorio y el entierro fueron multitudinarios. “Sabíamos que ‘el héroe’ no iba a estar más”.

A Betty siempre le agradezco, primeramente, su amistad, desinteresada; luego, sus recuerdos compartidos; y, finalmente, la pelota que me obsequió, firmada por los Azucareros titulares nacionales en la Serie de 1968-1969. Entre las rúbricas, obvio, se puede leer “José Antonio Huelga, #1”.

La década de 1970 resultó, decisivamente, dolorosa para el béisbol nacional, sobre todo en el área de pitcheo. Cuba, insisto, el 4 de julio de 1974, lloró la sorpresiva muerte de José Antonio Huelga, y poco más,  5 años más tarde, el público, capitalino y nacional, despedía, para siempre, a otro grande del montículo: Santiago Mederos Iglesias.

“Changa”, como aún se le identifica, lanzador zurdo, poseedor de una de las curvas más pronunciadas que se ha podido constatar en Series Nacionales, en la madrugada del 14 de diciembre de 1979, sufrió graves quemaduras, tras un accidente de tránsito, en la carretera de Lucero y Calzada de Managua; a consecuencia de lo anterior, Santiago Mederos Iglesias, falleció, a los 34 años, el 15 de diciembre, en la sala de quemados del hospital Calixto García, de la ciudad de La Habana.

“Apenas lo recuerdo. Yo tenía 5 años cuando falleció. Sé que me quería mucho, y que fue un gran pitcher. Se habla mucho de los 208 ponches que dio en 1968; de los 20 que le dio a Camagüey, también ese año; de los 21 que le dio a México, en los Juegos Centroamericanos de 1970; y que fue el primer pitcher, en Series Nacionales, en llegar a los 100 ponches”, asegura Michel Mederos Valdés, único hijo de quien, siendo un lanzador descontrolado, llegó a convertirse en titular de nuestras Series Nacionales.

La idea de esta consecución de ideas, por así llamarle, surgió de una conversación con Rafael Rofes Pérez, amigo y colega, cuando recordamos, en las redes sociales, fundamentalmente, el aniversario de la desaparición física de Miguel Caldés Luis, tercera base de los equipos camagüeyanos y outfielder de las selecciones nacionales. Una locomotora, que recién había iniciado la marcha, impactó, en un paso a nivel, contra el auto que conducía el destacado beisbolista.

Milton Bacallao Rodríguez, ingeniero, residente en Asunción, Paraguay, nacido en tierras agramontinas, accedió, gustoso, a ofrecer su testimonio respecto al trágico accidente, acontecido el 4 de diciembre de 2000:

“Llamativamente, la locomotora, no golpeó el lado de Caldés, sino de Rey Isaac, ese que era jardinero de Santiago de Cuba; pero sucede que a Caldés se le abrió la puerta, salió disparado, y su cabeza proyectó contra la línea del tren varias veces. Él muere por lesiones cerebrales, mientras que Rey Isaac perdió 2 ó 3 dientes, no recuerdo. También iban 2 chicas que resultaron ilesas”.

En 1989 mi padre me regaló “Con el alma en el terreno”, compilación de entrevistas, realizadas por Leonardo Padura y Raúl Arce, a ex estrellas del llamado “béisbol revolucionario”. El libro, valioso para quien desea tener un acercamiento, certero, a las primeras Series Nacionales, está dedicado, además, a “la memoria de Ricardo Lazo”.

Reconozco que poseo no pocas lagunas acerca de la historia de Ricardo Lazo, más exactamente, de su fallecimiento. Sé que es considerado, junto a Pedro Medina, como uno de los grandes receptores que ha integrado los equipos capitalinos.

Lazo jugó en 11 Series Nacionales, bateó 347 hits, en 1367 veces oficiales al bate, para 254 de average; Lazo, por ejemplo, por su rendimiento, en 1967, fue llamado para asistir a los Juegos Panamericanos, celebrados en Winnipeg, Canadá, donde el team cubano fue relegado al segundo lugar por su similar de Estados Unidos.

Pero Lazo murió, pero, vuelvo a reconocer, desconozco la manera. “Era torrero en el estadio ‘Latinoamericano’, y cayó al vacío desde lo alto de una de las torres de luces, durante una sesión de mantenimiento eléctrico”, me comentaron en cierta ocasión, empero, hay quien asegura que no cayó, sino que una fuerte descarga eléctrica le ocasionó la muerte.

En la figura de Lazo, no importa la manera, si existe algo muy cierto: Su sorpresivo deceso enlutó al deporte cubano. “Fue mi figura a seguir”, aseguró, el también otrora receptor Pedro Medina Ayón que, con sus 221 jonrones, conserva el título de “jugador capitalino con más cuadrangulares en Series Nacionales”.

Durante los Juegos Olímpicos de 1996, los llamados “Juegos del Centenario”, la natación cubana protagonizó su momento cumbre en la historia de esta tipo de eventos. Rodolfo Falcón y Neisser Bent, en la final de 100 metros espaldas, lograron ubicarse en los lugares segundo y tercero, respectivamente, con tiempos de 54.98 y 55.02 segundos. Ipso facto la prensa, nacional e internacional, se centró en ellos. Falcón y Neisser fueron merecedores de no pocos materiales periodísticos. “Dedico esta medalla, además, a la memoria de mi padre, Ricardo Bent Williams”.

En efecto, Ricardo Bent Williams, beisbolista de la provincia de Holguín, había perdido la vida, fulminado por un rayo, teniendo Neisser escasos años de existencia.

Los nombres de Frank Tamayo, receptor de los equipos de Santiago de Cuba, y de Andrés Luis Martínez, pitcher camagüeyano, también engrosan el listado de peloteros cubanos fallecidos violentamente. Tamayo, en evidentemente estado de embriaguez, el 31 de diciembre de 2004, impactó la motocicleta que conducía, contra un árbol; Andrés Luis Martínez, por su parte, fue atropellado por un camión de gran porte mientras viajaba en bicicleta.

Las riñas, callejeras y familiares, no quedan fuera de esta referencia. Los casos de Enrique Cutiño y Eddy Nelson Savón, pitchers, ambos; nacidos en Santiago de Cuba y Guantánamo, respectivamente, ejemplifican lo anterior. Cutiño recibió una puñalada durante una reyerta pública; Eddy Nelson falleció durante una trifulca familiar.

Quizás, de los 9 casos citados anteriormente, el más dramático sea el del outfielder matancero Lázaro Contreras. Contreras, excelente beisbolista, poseedor de excelencia tanto, en el fildeo, en el bateo, como en el corrido de las bases, falleció a manos de su esposa, de la madre de su hijo.

Tras arribar a Cuba, tras participar en un evento internacional, Contreras, dado a las juergas, cometió el “grave delito” de “no ir directamente a su casa”. La esposa, insisto, le había advertido, en no pocas ocasiones, que le mataría si “continuaba con esa vida”, es la responsable, directa, de su pronta desaparición física.

Según lo narrado por Fernando Sánchez, ex estelar pelotero, “Contreras llegó en tragos, y ella esperó a que se durmiera. La señora tenía un galón de gasolina, se lo echó encima, sobre todo en sus genitales, y le prendió fuego.

Él sobrevivió, pero al verse imposibilitado de jugar béisbol, de por vida, y sabiendo que había perdido el pene y los genitales, prácticamente se dejó morir, y falleció”.

El desenlace de la “amantísima esposa” de Lázaro Contreras es, según mi criterio, una leyenda urbana. Y aseguro lo anterior, porque hay quien asegura que sí, pero existen los que afirman que desconocen el dato, no obstante, doy a conocer la anécdota y, sinceramente, agradecería que, de ser cierta, lo pongan en mi conocimiento:

Fue condenada a 20 años de privación de libertad, y, hay quien dice, que el día en que le fue otorgada la libertad, se encaminó a una estación de trenes para abordar el que la trasladaría a su destino final. Cuentan que, accidentalmente, cayó del andén y, en el percance, perdió una pierna.

Si es real o producto de la imaginación popular, lo desconozco. La muerte de Contreras, ocurrió en 1985, enlutó, motivada por los celos, al béisbol cubano, y, por consiguiente, privó a un menor el hecho de crecer bajo la tutela de su figura paterna.

Pocos días después de regresar con el quinto lugar en el III Clásico, el lanzador Yadier Pedroso inundó Artemisa de congoja.  Era sábado 16 de marzo de 2013, de noche. Yadier manejaba un auto, en compañía de su novia Yanet y de su amigo futbolista Raciel Sánchez, miembro de la selección nacional. Cerca de Artemisa, en la carretera Mangas Central, su auto se estrelló contra un camión de caña. Los tres fallecieron, instantáneamente casi. Las imágenes del accidente son un conflicto de dolor y tristeza. Su vehículo quedó destrozado, fue una fiel respuesta de cuán violento fue el choque y el estado en que quedaron los cadáveres. Pedroso dijo adiós prematuramente, con 26 años.

Cuentan que José Manuel, su padre, su entrenador y quizás hasta su más temprano ídolo, sufrió muchísimo por el deceso de un hijo que le había dado la alegría que él no pudo conseguir con tanto resplandor como pelotero. Pedrosito, como le decían muchos en Artemisa y más allá, se aburrió de integrar equipos Cuba. Es más, de no haber fallecido, completamente seguro estoy que él, junto a Yuliesky Gurriel y Norberto González, tendría la distinción de ostentar la participación en tres ediciones de los Clásicos Mundiales (2006 y 2009).

Antes de finalizar recordar las prematuras muertes también de Andy Fache, lanzador espirituano. Lo más triste es conocer que fue electrificado en casa de un tío, más exactamente en una mata de mangos; el señor había colocado cables de alta tensión para evitar los consabidos robos de la fruta que, normalmente, se generan. Andy fue detrás de un chipojo y encontró la muerte. Falleció un joven, excelente lanzador, que, no pocos afirman, podía haber llegado a ser mejor que Maels, mientras el joven receptor villaclareño Angel Sánchez Cabello, también se electrocutó (rayo) quitando una antena de tv porque se había anunciado la pronta llegada de un ciclón.

NOTA: Este trabajo fue publicado el 12 de diciembre de 2012 en el sitio beisbolero Pasaje Derpotivo (http://pasajedeportivo.blogspot.com) y los últimos tres párrafos de dicho artículo, fueron agregados posteriormente gracias al escrito del colega David Díaz (http://cronodeportesonline.com/yadier-pedroso-la-bola-le-canto-la-vida/) y a los comentarios de los lectores, entre ellos el de Raiquel Jorge Perdomo.

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