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La segunda mano que la vida le dio a Lerys Aguilera

Casi todas las personas viven la vida en una silenciosa desesperación, llegó a escribir hace ya más de 150 años el poeta Henry Thoreau en su ensayo Walden, un volumen que si lo extrapolamos al presente puede servirle a muchísimas personas para percatarse hasta qué punto puede ser vil la sociedad de consumo. Las palabras de Thoreau jamás se han diluido, solo que la desesperación de muchas personas puede llegar a ser tan agobiante, que por mucho que se expulse toda esa desesperanza o se calle, nada cambia el panorama.

Tragar en seco y tirar hacia adelante es lo que hizo el pelotero Lerys Aguilera desde que pasaron varios meses de su llegada a República Dominicana hace ya cuatro años. En junio ofreció una entrevista en la que su agobio florecía. Había pasado mucho tiempo y ante promesas que solo se quedaron flotando y evaporándose con rapidez, no tenía nada concretamente en sus manos. Del sueño que tuvo en Cuba de jugar profesional no existía ni un ápice de realidad.

Pero siguió ahí, en Dominicana, esperando que llegara pronto su primera oportunidad, como esperaba cada día y le pedía a Dios, como el creyente acérrimo que es. Los días pasaron y en octubre pasado se conoció que el slugger cubano firmaba su primer contrato en una liga rentada. Jugaría en el principal torneo de Nicaragua, con los Indios del Bóer. El chance que un sinfín de veces rogó que apareciera, desde su más crítico estado de frustración, le dio la mano por primera vez.

La paciencia sin límites del afable pelotero y su más profunda devoción por Dios, le permitieron jugar pelota de nuevo, después de su estancia durante 11 temporadas en la Serie Nacional con los Cachorros de Holguín, elenco al que aportó 108 jonrones. Al beisbol nicaragüense le cogió la vuelta en un santiamén y hasta el 29 de diciembre tenía average de .326, con 44 hits, cinco dobles, un triple, cuatro jonrones  y 24 impulsadas en 36 juegos.

Motivado por la excelente actuación que iba fabricando el cubano en la liga andina, desde diciembre el club italiano de beisbol de la ciudad de Nettuno anunció que era muy probable que se hicieran de los servicios de Aguilera para que le diera fuerza a su conjunto en uno de los circuitos bambinos, que generalmente empiezan cada abril.

Ayer el elenco oficializó la firma del toletero, en lo que constituye otra nueva oportunidad y experiencia profesional para Lerys, en una liga en la que el año pasado jugó su coterráneo Maikel Cáceres, quien ahora está en el compás de espera de si puede volver a participar en la Serie Nacional cubana.

Lerys Aguilera, a sus 32 años, encarna el concepto generalizado que existe del espíritu luchador que tiene el cubano. El sacrificio, la calma, la seguridad de que mañana es otro día diferente y la confianza en Dios, sobre todo eso, le han abierto las puertas al holguinero hacia su anhelo de jugar beisbol fuera de su país. De no tener nada, ya acumula en siete meses dos experiencias nuevas a su recorrido por la pelota. No hay mal que por bien no venga, ¿no creen ustedes? (Néstor Pérez)

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