Béisbol Cubano

La ruta perdida de Dainer Moreira

Por NÉSTOR PÉREZ

Con foto de MATT RYERSON

Mientras estuvo jugando pelota en Cuba, el guantanamero Dainer Moreira participó en nueve temporadas de la Serie Nacional, desde que debutara con los Indios del Guaso en el año 2006. Sin mucho ruido, paulatinamente se incluyó entre los mejores torpederos de la pelota cubana, al bate y a la defensa, y llegó un momento en que estuvo entre los dos mejores campocortos del país y fue el corredor más rápido, como quedó registrado en el Juego de las Estrellas de la campaña LIV, en la que estampó los mejores tiempos en la vuelta al cuadro y en la carrera de home a primera base.

Moreira dejó Cuba a inicios de 2015 con un promedio ofensivo de más de .300, .314 para ser más exacto. De sus nueve temporadas, en ocho terminó bateando por arriba de .300 y desde que debutó, logró siete campañas consecutivas por encima de la preciada cifra. Su tope lo fijó en .336 y la contienda que menos promedió lo hizo para .295. Aunque solamente burló las cercas ocho ocasiones, a lo largo de su experiencia en Cuba conectó 967 inatrapables, quedándose apenas a 33 hits de los 1000 mil.

En seis temporadas ligó más de 100 imparables por cada una. La Serie de Oro fue su serie dorada, al producir sus mejores números en casi todos los apartados, entre ellos 140 incogibles. Se quedó a un doble de los 100, anotó 495 carreras, se robó 63 bases en 123 intentos y se ponchó en 176 ocasiones, para un excelente promedio de uno cada 17.5 veces al bate, que solidifica el criterio de que el guantanamero era uno de los peloteros de más tacto de su época y con una zona de strike bien definida.

Esos números tan exquisitos, con todo su derecho necesitaban un premio, por lo que el primer equipo Cuba principal que integró el oriental fue el que ganó el título de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Veracruz 2014, donde cubrió el short stop y fue el hombre proa de la alineación. Ese conjunto fue dirigido por Víctor Mesa, quien hiciera público una vez en un programa televisivo un SMS que Moreira le envío, que le decía a Víctor si se le podía tener más en cuenta para llegar al equipo grande. Por ironías de la vida, luego el torpedero jugó par de temporadas bajo el mandato de Mesa en Matanzas, provincia donde vive la madre del guantanamero.

Como se dijo antes, Dainer dejó atrás su país natal en febrero de 2015. En ese entonces, parecía que su lugar en el equipo Cuba comenzaba a ganar en fortaleza, y fue incluido en la selección de Pinar del Río que a la postre se proclamó campeona de la Serie del Caribe. Pero Moreira no terminó el evento, decidió, junto al lanzador pinareño Vladimir Gutiérrez, emprender el camino hacia las Grandes Ligas. Quedaba claro que el mejor momento de su carrera estaba patente.

Pero, desde el mismo instante en que Moreira abandonaba el concentrado nacional, era un pelotero con mucha velocidad, con gran vista sobre la bola en el cajón de bateo, buen defensor, primer bate ideal, pero con una fuerza al bate casi nula, no era un gran productor de extrabases y como preocupación principal tenía que estaba presto a cumplir 31 años. Con suerte, su situación se pintaba sola para ser un pelotero de varias temporadas en Ligas Menores, probablemente con buen average y semejantes condiciones a las mostradas en Cuba, pero ya las Grandes Ligas eran harina de otro costal para él. Moreira no era una superestrella como Gurriel, quien con más de 30 años sí las tenía casi todas consigo para hacer lo que está haciendo.

En octubre de 2015, casi ocho meses después de dejar su equipo en la Serie del Caribe, vuelve a jugar oficialmente en el mismo estadio que lo hizo por última vez, cuando vestía el uniforme de Pinar del Río, el Hiram Bithorn. Los Cangrejeros de Santurce se interesaron por sus servicios y por ese equipo jugó doce partidos, promedió .286, con diez incogibles en 35 veces al bate, tres impulsadas, sin ningún extrabase.

Luego de participar en la liga invernal boricua, en 2016 los Marineros de Seattle decidieron hacer una apuesta por el cubano y llegaron a un acuerdo de liga menor con él. Los planes de la franquicia estaban ubicados en convertirlo en un jugador multiposicional, de gran utilidad, por lo que el 21 de febrero se presentó al mini campamento de Ligas Menores en Peoria, Arizona. Sin embargo, Moreira nunca  llegó a tener ni siquiera un turno con las sucursales de los Marineros, por lo que fue liberado.

El año anterior terminó en la liga independiente American Association con el conjunto de Lincoln Saltdogs, y apenas produjo dos extrabases, y en este 2017 tan solo tuvo, en esa misma liga, una vez al bate. Por el momento, aseguró un contrato con los Indios del Bóer, de la Liga Nicaragüense de Beisbol Profesional y allí participa con varios cubanos, distribuidos en cuatro equipos.

A pesar de que el futuro del guantanamero es muy impredecible, y cada día que pasa se escurre más el sueño inicial por el que dejó la pelota cubana, Moreira ha pasado de ser un pelotero virtuoso, con potencial para jugar en los niveles inferiores de las Mayores, a un atleta que, aunque tal vez conserve parte de ese virtuosismo, tiene más vacilaciones que certezas sobre lo que le deparará la brújula de su carrera deportiva.

 

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