Béisbol Cubano

La primera “casa” de José Fernández: entre la basura y el tiempo

En este enero de 2017, José Fernández, el otrora as de los Miami Marlins, de cierto modo, volvió a la que fuera su primera casa deportiva, el estadio beisbolero Natilla Jiménez, de la ciudad de Santa Clara, situada a más de 200 kilómetros al este de la capital cubana.

David Samson, presidente de la franquicia de los Peces y Mike Hill, presidente de operaciones de béisbol, junto a la madre y abuela de Fernández, volvían a por sus predios, al pequeñito parque infantil del reparto Bengochea en esta ciudad. Y no es que haya cambiado mucho desde entonces.

¿Con qué se encontraron? Pues con un césped deformado por la sequía, entre verde claro y amarillo, una pizarra que parece la misma de hace dos décadas, de hierro corroído y una pinturita que de vez en cuando le mejora la cara interna. Era un fin de semana, y al menos pudieron ver algo de vida familiar, en el único estadio de la ciudad donde los niños van a formarse como atletas del llamado “deporte nacional” en la Isla, cosa que ha cambiado en los últimos años.

Por estos días la vida sigue igual para el Natilla, como la famosa película de Julio Iglesias. El cartel que anuncia el nombre de ese lanzador derecho nacido en Santa Cruz, Habana, por 1920 tiene la misma rotura de hace años. Una pedrada a su apodo, descolorido. Algo ha cambiado a su alrededor, pero la primera “casa” de José Fernández sigue incambiable, inalterable, en conclusión, a merced del tiempo. Allí continúa el primer entrenador de Fernández, Osvaldo Castillo, mientras el beisbolito está vacío. Las manos descubridoras de antaño, ya no tienen qué descubrir.

“Ya todos se van para el fútbol ahora, es el deporte de moda—comentan en la entrada principal varios entrenadores—Ayer mismo se me acercó un estudiante y me dijo que se iba para el fútbol, que es lo que le gustaba, todos sueñan en ser grandes futbolistas y aquí en Cuba eso no sirve”.

Pero, ¿qué ofrece el Natilla? Desde hace par de años que se creó el llamado complejo recreativo-deportivo del Sandino, el Natilla Jiménez se quedó sin agua dentro de sus instalaciones.

“Rompieron la tubería para hacer el parquecito de enfrente que ahora tiene wifi y nunca más pusieron el agua. No se puede regar el césped, por lo tanto el terreno solo depende de la naturaleza. Así no se puede”, comentan. Por ese mismo motivo, además de la dejadez de lo que a nadie le importa, el estadio se quedó sin baños. Cosa que se viene denunciando en algunos espacios de la prensa local, pero no se avanza.

José Fernández pisaría este césped junto a otro grande de la actual pelota de las Grandes Ligas en la misma categoría infantil, el infielder de los Cardenales, Aledmis Díaz. Fernández nacido en Santa Clara el 31 de julio de 1992, formó parte del equipo villaclareño en la categoría 15-16 años y en 2008 marchó hacia Estados Unidos, donde se consolidó como as del pitcheo hasta su trágica muerte en septiembre de 2016.

Su primera guarida, su primer pretexto para jugar béisbol, desde aquella foto, donde se le ve alegre, en las afueras del “Natilla”, es la misma, más vejada, rodeada de basura, foco de borrachos y bicitaxistas. Nada que sumar, nada que usted no sepa. (Ignacio Valenzuela)

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