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Guillermo Heredia: De la banca matancera a la pradera de los Marineros

El paso de Víctor Mesa por Matanzas dejó muchas cosas positivas y otras negativas, como todo en la vida, el balance entre lo malo y lo bueno. Y Víctor, tan polémico como se presenta, dejó pasto para varios análisis. Por estos días, uno que sufrió sus cambios intempestuosos en la pradera de los Cocodrilos, Guillermo Heredia, brilla por sí solo en la Gran Carpa, con la franela de los Marineros de Seattle. El que tenía que ver banca en Cuba porque el benjamín de Mesa tenía que probarse en los jardines, hoy le enseña al mundo del béisbol mundial, su verdadero nivel.

En febrero de 2016, el matancero y los Marineros llegaron a un acuerdo por un año, y un poco más de 500 mil dólares. El matancero le haría competencia, sin pretenderlo, a otro compatriota que se había estabilizado con los del oeste, el villaclareño Leonys Martín. Martín comenzaría la temporada como titular, pero su bajísima ofensiva, y los errores defensivos, terminaron por calar su titularidad, y un Heredia rompiéndola en Triple A, le dio el empujón final al villaclareño barranca abajo. Lamentablemente para él, afortunadamente para el de Matanzas, de una estirpe beisbolera en casa. Pero el paso de Heredia junto a sus amigos cubanos, sumando luego al pitcher Ariel Miranda, fue fundamental.

“Ellos han sido parte de este proceso. Tenerlos aquí ayuda, obviamente. Si bien no tenemos a nuestras familias aquí, nosotros tres somos una familia. Y nos vamos a ayudar entre todos a salir adelante y lidiar con las cosas del día a día”, ha dicho.

Cuando Heredia  llegó a Miami todos querían preguntarle lo mismo: ¿Por qué Víctor te sentaba para abrirle paso a su hijo? Heredia una y otra vez se negaba a hablar de eso, quería olvidar, dejar en Cuba, todo lo negativo. Se enfocó en batear, en exhibir lo que sabía ante los scouts.

“Son cosas de la pelota —decía a principios de 2016 al Nuevo Herald—. Uno hace un trabajo y no es lo que la gente quiere. Al final lo importante es que estaba jugando, pero no me molestó. Son cosas del béisbol. Son golpes que uno se da, pero debe seguir adelante. Ya ves, aquí estoy buscando jugar Grandes Ligas, quiero cumplir mi sueño. Decidí irme de Cuba cuando se había acabado el play off en que Pinar del Río quedó campeón. Ya no me sentía cómodo jugando en el país, ni cómodo con la dirección del equipo nacional. No le echo la culpa a nadie. Lo que me pase aquí, bueno o malo es mi entera y única responsabilidad”.

Y así se lo ha tomado el matancero. Desde que lo subieron a la alineación establemente, batea para 296, y sigue siendo una pieza interesante dentro de unos Marineros que pierden más de lo que ganan (17-21). Por demás Heredia se sostiene con un poderoso brazo, la velocidad en las bases y una defensiva de lujo, dejando para el recuerdo par de joyitas contra el colchón. Visiblemente, Heredia, quien al llegar a Estados Unidos, tuvo que pasarse dos años sin pisar un terreno de pelota, se ha adaptado al exigente nivel de la Gran Carpa y hacia el infinito apunta. No será un slugger de renombre tipo Yoennis Céspedes o José Dariel Abreu, pero posee las herramientas necesarias para establecerse en Seattle. Más de uno en Cuba, debe estarse acordando de Heredia. (Ignacio Valenzuela)

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