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La agonía de Aguelmis Rojas llegó a su fin

Por DAVID DÍAZ

La bendición tocó la puerta de un creyente como el habanero Aguelmis Rojas. Tuvo que esperar hasta los 39 abriles para que se acabara la agonía de ver cumplido un sueño de años, participar en un Campeonato Mundial de atletismo, en este caso el de Londres, donde llegó junto a cuatro compañeros que defenderán la camiseta de Uruguay, de ellos dos pertenecientes a su prueba de maratón, Nicolás Cuestas y Ernesto Andrés Zamora.

«Para mí es muy especial haber logrado estar acá, en Londres, representando a Uruguay. Estoy muy contento y daré lo mejor de mí, ya que es la forma que tengo de agradecer ese apoyo que me han dado. Es la segunda vez que compito por este país en un evento de primer nivel, antes lo hice en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015”, declaró a Cronodeportes el atleta, que consiguió su clasificación a Londres en octubre de 2016, durante la Maratón de Ámsterdam, con registro de 2:15.36 horas.

Pero esta buena nueva en la vida de Aguelmis estuvo antecedida por su clasificación a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, algo que a la postre no pudo hacer realidad, tras una denuncia que prosperó por parte de Andrés Zamora, que lo incluyó en la cita estival y sacó al cubano.

Sin embargo, cuatro años antes, en la edición de Londres 2012, pudo haber asistido bajo el estandarte charrúa, porque cronometró 2.15.22 horas, marca que le aseguraba un cupo, pero en aquel entonces no tenía aún la nacionalidad, recibida en septiembre de 2014. Donde sí pudo competir fue en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015, evento que lo vio llegar séptimo, mientras que el antillano Richer Pérez se titulaba sorprendentemente en esa modalidad.

Aguelmis es natural del municipio capitalino de Cotorro y según algunos reportes, en una de sus carreras iniciales en el alto rendimiento reflejó tiempo de 2.15.03 horas en La Habana en 2002. Su progreso, su calidad intrínseca para esta sofocante especialidad y las perspectivas que él prometía lo llevaron a competir por Cuba en la cita continental de Santo Domingo 2003, donde ancló en la cuarta posición y según sus declaraciones “yo venía tercero, pero no me sentí bien al final y perdí el lugar. Más que culpa mía fue culpa de Cuba, que me hizo correr ese año tres maratones muy seguidas. Y cuando llegué a la fundamental estaba muy cansado y no pude correr de la mejor forma”.

Al año siguiente concursó en la cita estival de Atenas y lo más meritorio fue que culminó el trazado de 42. 195 kilómetros, al entrar en la posición 47, gracias a tiempo de 2.21.59 horas. Antes de rivalizar en ese magno evento, el 18 de abril, consiguió en Cuba su mejor marca de por vida en la maratón: 2.14.16 horas.

Los años pasaban y pasaban y Aguelmis sentía que estaba estancado, quería superarse deportivamente, además de que según él, el dinero no le alcanzaba y tenía que alimentar a su pequeña hija Elianis. En reiteradas ocasiones hablaba con su entrenador Rafael Díaz, con el que llevaba junto muchos años y era una persona de entera confianza, sobre alguna vía para cuando salieran los dos a algún país, al que fuera, quedarse ambos y no retornar más a Cuba en calidad de atleta y entrenador.

Hablaban en secreto. “Él y yo, nada más. Ninguna persona de nuestras familias sabía lo que estábamos planeando. Cuando vas a hacer algo así, tienes que hacerlo en el máximo secreto. (…) Pudo haber sido Italia u otro país de Europa. Se dio en Uruguay (…) Fue muy duro, muy duro”, declaró Aguelmis a una publicación, a la vez que hacía alusión a su hija, con la cual se reencontró en marzo de este año.

“Eso es lo que más me duele hoy”, fueron las palabras, en aquel entonces, de dolor, misterio y nostalgia de este atleta cubano, que como tantos, deseó buscar otros horizontes en un país ajeno al suyo.

El ímpetu de ser un vencedor en el deporte y la vida y los anhelos de capitalizar los propósitos establecidos determinaron que el 10 de febrero de 2009 se asentara en Uruguay, junto a su preparador Díaz. Llegado el momento, ambos cruzaron el umbral esperado sin vacilaciones, aprovechando la coyuntura de competir en ese país. “Yo en Cuba no tenía nada, no lograba tener la tranquilidad de saber que con un trabajo iba a poder mantener a mi familia. Acá he logrado tener una mejor calidad de vida”, expresó al sitio Referí.

Poco más de cinco años tardó la naturalización. Con ese punto a su favor, se lanzaría en 2015 a intentar lograr la marca para la cita olímpica brasileña, pero la suerte no marchó a su vera. Obstáculos equivalentes a lesiones como una lumbalgia, una molestia en el tendón de Aquiles y una caída antes de concluir el año, que le dañó una rodilla, lo privaron de obtener el registro en certámenes más ventajosos como los de Sevilla y Valencia, ambos en España.

Pero el habanero, quien tiene un niño pequeño con su actual esposa uruguaya, consiguió el ansiado cupón olímpico en un evento más adverso en cuanto a condiciones naturales como lo es la Maratón de Montevideo. Sin embargo, ese boleto se le desvaneció de sus manos en un abrir y cerrar de ojos y nunca llegaremos a saber si el cubano-uruguayo hubiese superado en Brasil su lugar 47 de hace 13 años. La vida de un deportista es dura, pero la de un deportista cubano emigrado es doblemente cruel en ocasiones. Aguelmis desde ya ansía que llegue el próximo domingo para salir con el disparo inicial, y cumplir la ruta establecida en Londres lo más satisfactoriamente posible. ¡Éxitos campeón!

 

 

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