Historia

José Antonio Huelga, muchas cosas en poco tiempo

Muy rápido pasó José Antonio Huelga Ordaz por la vida. Tan solo había vivido 26 años cuando el 4 de julio de 1974 un accidente de tránsito ocurrido en la carretera de Mariel puso fin a su corta pero intensa existencia.

Fue la primera de las grandes estrellas surgidas al calor de las series nacionales que desapareció físicamente y uno de los tantos famosos que en cualquier parte del planeta se marcharon prematuramente hacia la vida eterna de un modo trágico, como Carlos Gardel, Marilyn Monroe, Nino Bravo, Elvis Presley, John Lennon, Polo Montañez, Roberto Clemente, Santiago Changa Mederos, Guillermito García, Roberto Balado, Raúl Cascaret y Selena, por mencionar algunos nombres.

Nació en el central Melanio Hernández, de Tuinicú, actual provincia de Sancti Spíritus, el 14 de marzo de 1948. Ese día, aunque en diferentes años, también se produjo el alumbramiento de otros sobresalientes peloteros: Modesto Verdura (1936) y Vicente Díaz Martínez (1948) y en 1968, lamentablemente ocurrió el deceso del jugador villaclareño Urbano Hernández en plena juventud.

Sin embargo, a pesar de su trayectoria fugaz por este mundo, en siete años, pocos serpentineros en el periodo revolucionario hicieron tantas cosas en tan escaso tiempo como este astro del montículo.

Conocida es su gran hazaña en el play off decisivo de la cita del orbe de 1970 cuando en 48 horas, primero como abridor contra el fenomenal Burt Hooton y luego en funciones de relevista, derrotó dos veces a Estados Unidos y les dio el título a los criollos. Por ello fue catalogado por Fidel como el Héroe de Cartagena y resultó el mejor atleta del año en Cuba y uno de los diez más sobresalientes en Latinoamérica.

Una tercera victoria a costa de los estadounidenses (4-3) se apuntó en los Juegos Panamericanos de Cali-71. Ese mismo año dejó en dos jits a la Selección de Estrellas que enfrentó a Cuba en la clausura del certamen mundial, efectuado en nuestro país.

En campeonatos de casa ganó los partidos que les dieron a los Azucareros —representantes de la antigua provincia de Las Villas— la corona en las campañas nacionales de 1968-1969 y 1972. Además, salvó el encuentro decisivo de la Serie de los Diez Millones (1970).

También le propinó a Granjeros el sexto juego de cero jit-cero carrera en nuestros clásicos beisboleros y trabajó durante 20 entradas frente a Occidentales en la primera Serie de Estrellas (1968). En ese desafío se dio el gustazo de ponchar en el último capítulo a Urbano González, considerado el bateador de mejor vista en los campeonatos nacionales.

En siete contiendas del patio acumuló 73 triunfos y 32 descalabros y solo permitió nueve jonrones en 871 innings y un tercio. Todavía ostenta el mejor promedio de carreras limpias (1,50) entre todos los tiradores que han desfilado por el montículo durante las 55 series efectuadas a partir de 1962.

«Usted cantó bien»

Abundan las anécdotas que ilustran la extraordinaria modestia y sencillez que caracterizó al Héroe de Cartagena. Me place recordar aquella que leí hace algún tiempo en un trabajo del colega Arnaldo Prado y a la cual he hecho alusión en otras oportunidades.

Taguasco y Caibarién se enfrentaban, en 1966, en un partido de exhibición, en el cual actuaba como árbitro Leopoldo Campos.

El juego arribó a la novena entrada con empate a cero carreras. Los caibarienenses, que eran visitadores, le llenaron las bases a Huelga con dos outs y el bateador en turno en cuenta completa de tres y dos. El siguiente lanzamiento a juzgar por los presentes fue un strike perfecto; sin embargo, Campos cantó bola y provocó una carrera forzada que a la postre resultó decisiva.

Años más tarde, al rememorar ese momento, el árbitro declararía: «Yo me demoré en levantar el brazo y cuando vine a reaccionar ya era tarde. Había convertido en bola aquel envío», y añadió: «El público me gritó cuanto pudo y algunos jugadores criticaron mi decisión, Huelga metió su guante debajo del brazo izquierdo y se marchó al dogaut sin pronunciar una palabra.

«Por la noche me dirigí a él y le dije: “José Antonio ¿Qué te pareció el último lanzamiento del juego?”. El me miró, puso una mano sobre mi hombro y respondió: “Leopoldo, yo la vi por el centro, pero era muy bajita, usted cantó bien”».

«Sus palabras —expresó Leopoldo— me llegaron al alma, pues yo sabía que había cometido una injusticia».  (Osvaldo Rojas Garay)

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