Ligas Menores

Jorge Padrón: “Desgraciadamente no pude llegar a las Grandes Ligas, pero nada, la salud es lo importante”

A veces, por más que uno se esfuerza por lograr algo, las cosas no salen a pedir de boca y tiene que conformarse con lo que venga. Pero, la insistencia es quizás una de mis mayores virtudes. Si no hubiese sido por ella, no tendría al menos unas escuetas declaraciones, en vez de una larga y rica entrevista que era la idea,  del pelotero pinareño Jorge Alberto Padrón Bravo. Es mejor poco que nada, me digo en señal de consuelo, y como un acosador que asedia insistentemente a su presa, logré que me dijera lo que más me importaba de él.

-¿A qué se dedica hoy alguien que en Cuba era un prospecto en toda la magnitud de la palabra?

“Estoy trabajando en un compañía de camiones transportando cosas. Todo bien gracias a Dios”.

-Entonces,  ¿ya no te ofreces de manera organizada a tu mayor talento? 

“No, ya no. Me he centrado más en criar a mi hija. Desgraciadamente no pude llegar a la MLB, pero nada,  ahí vamos, no hay de otra y la salud es lo importante”.

En una ocasión, rápidamente me dijiste que entrenabas a niños…

“Sí, pero no son muchos. Yo estoy empezando y trabajo a la vez”.

Al menos el esfuerzo ingente sirvió para que los muchos seguidores de la pelota cubana y del béisbol pinareño en particular conocieran sobre la vida actual de este jardinero e inicialista que vive en Estados Unidos, marchó de su país natal en 2009 y en su última temporada con la escuadra vueltabajera celebró 88 partidos, conectó cinco triples, 19 dobletes, once cuadrangulares, 124 inatrapables en 359 veces al bate –válido para un promedio de .345-, además de alardear de un tacto refinado, pues apenas se ponchó en 29 ocasiones.

Sin la más mínima gota de duda, afirmo que Padrón, nacido el 20 de julio de 1986,  fuese hoy uno de los jardineros de la selección nacional, o a lo mejor el dueño de la inicial, posición que ha sido en los últimos años una especie de pasarela, en la que ninguno de los “modelos” ha logrado caminar a sus anchas. Este criterio lo mantengo, fundamentalmente por dos razones, una es la desmejorada situación que atraviesa la Serie Nacional doméstica y la otra es la línea ofensiva que él poseyó en sus cinco temporadas: average de .329, 91 tubeyes, 23 triples, 21 vuelacercas, 606 incogibles, 204 carreras impulsadas y promedio defensivo de .983, con 33 errores.

Lo vi varias veces jugar, tanto en el estadio Latinoamericano, en el Sandino, así como en sus predios del Capitán San Luis, pero el momento que mejor conservo de él fue uno de los cuadrangulares más largos que he visto dar a un zurdo y ocurrió en un choque de los desaparecidos torneos de Clubes Campeones. Fue un batazo sin mucha altura, más bien raso, pero que voló mucho, mucho, hasta perderse en el verdor de un monte.

Según consta en mis archivos, el pinareño conformó cuatro selecciones nacionales a justas distintas, a países diferentes. La primera  fue a un peculiar torneo cuando era juvenil, la II Serie de las Américas (AAA) celebrada en septiembre de 2003 en Venezuela. Luego alzó el trofeo de monarca en el Campeonato Mundial juvenil de Taipei de China 2004 y después se involucró, ya en la primera categoría,  en un Torneo Amistoso efectuado en Italia en 2007, para cerrar en 2009 con un certamen en Rotterdam, Holanda, en el cual se proclamaron campeones los cubanos, bajo la batuta del avileño Roger Machado, y pusieron fin a una penosa cadena de fracasos en certámenes internacionales.

Pero el que pudo haber sido su evento más notorio, no lo pudo concretar, tras quedar en la preselección a la Copa del Mundo de 2009, acontecida en varios países europeos. A la postre los jardineros que hicieron el grado fueron los granmenses Yoennis Céspedes y Alfredo Despaigne, el villaclareño Leonys Martín, el guantanamero Giorvis Duvergel y el espirituano Frederich Cepeda. De ellos, dos son piezas de la Gran Carpa,  uno es luminaria en el béisbol profesional japonés de primer nivel, otro es de los mejores bateadores cubanos de la historia y Giorvis, zurdo de tacto, acostumbraba a visitar con frecuencias los equipos grandes. Una ausencia más que justificada la de Jorge.

Cuando salió de Cuba firmó con celeridad con un plantel de las Grandes Ligas, pues recuerden que los Medias Rojas de Boston echaron mano por su calidad con un contrato de Ligas Menores en 2010. Existieron tantas expectativas por lo que podía llegar a hacer a partir de ese momento, siempre con la ambición de que fuera un cubano más en la MLB. Sin embargo, las expectativas son una posibilidad que tiene cada cual de conseguir algo, que bien se cumplen o no, y por desgracia para Padrón  fue liberado a finales de 2011 por su novena. Lo más lejos que llegó fue a AA, y de manera genérica promedió para .260, produjo 91 impulsadas y burló las cercas ocho veces en su tour por las Menores.

Ante el desinterés por sus servicios de los elencos de las Mayores, Jorge Padrón pasó casi tres años sin jugar pelota y se dedicó a otros menesteres, nada que ver con su verdadera pasión. Pero no podía quedarse sin intentar de nuevo lo que tan bien hacía y en 2015 trasladó sus bártulos hacia Baja California, para integrarse con el conjunto Centinelas de Mexicali, correspondiente a la Liga del Norte de México, principal filial de la Liga Mexicana.

Esa vivencia deportiva derivó en que el cubano se proclamara titular con su equipo –conformado también por el tunero Joan Carlos Pedroso y el pinero Michel Enríquez-, y en la fase clasificatoria fue puntero en indiscutibles con 123, segundo en carreras impulsadas con 65, tercero en promedio ofensivo con .374 y cuarto en tubeyes con 26.

Después de eso, borrón y cuenta nueva. Jugar béisbol profesional ya no lo tiene entre sus planes, pero a mí una corazonada me dice que si vuelve, otro gallo podría cantar, porque el hombre de talento, vive aún de muerto, como dijo un escritor romano. (Rafael Rofes) (Foto: John Ewing, pressherald)

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