Béisbol Cubano

Jorge Fumero: “Allá aquellos que piensen que fui un pitcher del montón”

Por MARVIN LÓPEZ

Puede que el lanzador sanmiguelino Jorge Fumero no sepa quién es Elio Menéndez, pero de lo que sí no tengo dudas es que Elio sí sabe de Fumero. Ellos dos tienen algo muy grande en común y es que ambos llegaron a la cumbre de sus respectivos oficios de manera empírica. Menéndez, Premio Nacional José Martí por la obra de toda la vida, se autoproclamó una vez como un periodista a machetazos, tras no pasar por academia alguna, algo que se puede trastocar a Fumero y asegurar que fue un pelotero a machetazos, pues no transitó por la pirámide de alto rendimiento, lo que no impidió que fuera miembro de Metropolitanos, Industriales y pueda colgar en su pecho una medalla de oro olímpica.

Sin apenas conocimiento de la pelota, jugó la categoría 11-12 años y no volvió a participar más en este deporte hasta los juveniles, que se desempeñó con el equipo de San Miguel del Padrón. Allí fue prácticamente expulsado del conjunto por su director, sin razones. Se traslada a Regla y es auxiliado por ese gran lanzador de los Industriales que fue Manuel Hurtado. Después se alista en el Servicio Militar e integra el equipo del Ejército Occidental, con posibilidades de ingresar en la Academia de Isla de la Juventud, pero desiste.

Tras un rendimiento de siete victorias y tres fracasos en la Serie Provincial con el plantel sanmiguelino, lo invitan a la preselección de Metros y lo eliminan rápido bajo el pretexto de que era muy joven. Esa misma excusa se repitió dos años consecutivos y decide dejar de jugar pelota cuando “aparece una estrella llamada Andrés Ayón” que le dice que siguiera trabajando, pues él estaba propuesto para ser entrenador de Metropolitanos.

En definitiva, debuta con la escuadra roja en la Serie Nacional XXX y se mantuvo por cuatro campañas con ella, para luego vestirse de azul por cinco contiendas y cerrar par de temporadas con los Vaqueros de La Habana. En once series, el 69 del Reparto Monterrey ganó 53 juegos, perdió 35, salvó 26, trabajó para efectividad de 3.99, propinó 335 ponches, concedió 268 boletos y le batearon para .271. A pocos días de marchar a Italia, donde trabaja desde hace un tiempo como entrenador de pitcheo, gustoso accedió a regalarle a los lectores de Cronodeportes una larga entrevista sobre su vida deportiva.

Todo un calvario  que tuviste que lidiar con muchos escépticos e imponer tu calidad para lograr el anhelo de jugar con Industriales.

“Primero que todo, cuando yo debuté con Metropolitanos fue un momento importantísimo en mi vida, llegué a mi casa y me vestí con el traje de pelotero para enseñárselo a todo el mundo, concienticé que ya había llegado y solo restaba mantenerme. Si con Metropolitanos fue así, imagínate como fue mi contentura cuando integro Industriales, pero rápidamente ocurrió algo que era previsible. En mi anterior equipo tenía muchas libertades, mientras que con los Azules, en mi primer año, apenas trabajé 19 entradas, por la gran calidad que tenía el cuerpo de pitcheo.

“Recuerdo que me dijeron que yo era un atleta de interés para la provincia y yo respondí que si eso era así, que me dejaran en el conjunto que más oportunidades me daba para desarrollarme, pero ya eso era decisión tomada. A pesar de eso, ya era un integrante más de los anhelados Leones de la capital y echaría el resto por sobresalir allí. Poco a poco fui destacándome y llegaron rendimientos buenos en mi trayectoria, porque no todo podía ser  momentos malos.

“En esas cinco temporadas con los Azules destaca la contienda en que quedé champion pitcher con nueve ganados y cero derrotas, no me creerás si te digo que cerraba los ojos y daba strike-sonríe. Después logro hacer el grado para la Copa Revolución y termino con 3-3, pues el nivel aumentó. Con esos rendimientos y otros similares, es que aparezco en preselecciones nacionales, pero en papeles nada más. Que te digo con esto, que a la hora de llamarme nunca lo hicieron, mi presencia se remitía al papel y a la acción nunca me invitaban. Son cosas que, a pesar de los años, a uno le molestan y mucho.

“He tenido que aguantar en la calle que aficionados me digan que soy olímpico porque Luis Rolando Arrojo se quedó, algo que no es así. A veces los aficionados critican a los atletas sin tener razones de peso o sin saber nada y eso duele”.

En 1996 quedaste campeón con Industriales y tu desempeño se hizo sentir en los play off.

“En aquel momento existía en varios equipos, staff de pitcheo respetables y yo tuve una actuación que me permitió terminar como puntero en ganados, salvados, en juegos relevados y en efectividad. Me siento super orgulloso por ayudar a conseguir ese título a mi equipo, fue el momento de demostrarle a los incrédulos que yo sí podía”.

Un gran distintivo en tu carrera deportiva significa los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, donde te agenciaste dos victorias, para, de cierta manera, enmudecer las bocas de aquellos que en ti no confiaron.

“Ese año me propuse algunas metas, siempre pensando en mi familia y en no hacerla quedar mal. Si te digo que los Juegos de Atlanta eran mi ambición número uno te estaría engañando, pero tuve una temporada muy buena, porque redoblé mis entrenamientos con el fin de no defraudar a mi familia, sobre todo. Como te dije antes, en función de relevista gané varios encuentros y salvé ocho y eso me facilita llegar a la preselección, pero antes de eso un compañero de la Comisión Nacional llegó un día al Latino y me dijo «oye, no te pienses que porque estés ganando y salvando juegos tienes derecho a una pre, tienes que seguir con ese ritmo para que no te vayas a creer cosas». Eso por poco me tumba el ánimo.

“Como parte de los entrenamientos vamos a prepararnos a México, donde tengo mi destaque. Un buen día me dicen que no viajaría a Japón, tampoco José Ibar, porque mi visa no llegó. No me amilano, juego la Provincial, tengo dos actuaciones con San Miguel y cuando nos vamos para Nicaragua, noto en mi pasaporte que mi visa a Japón sí estaba y que era mentira lo que me dijeron en México. Recuerdo que le dije a Juan Padilla que yo no viraba más para Cuba sino era con el oro olímpico. Me soltaron contra un equipo profesional y me dijeron «o tomas o dejas la bola, esta es tu oportunidad, aquí te la estás jugando».

“Les respondí que yo me la estaba jugando desde Cuba y que no fallaría en mi chance. Gracias a los entrenamientos, trabajé cinco innings, metí 10 ponchados y solo permití un indiscutible, por bruto. Pasé mi prueba de fuego y logré conformar el equipo a Atlanta, algo, que como dije una vez, es como ser padre por primera vez. Durante el evento no fui uno del montón y a pesar de existir un pitcheo profundo, tuve dos actuaciones, salvé el juego contra Corea del Sur y le gané como abridor a Italia, que tenía como entrenador de pitcheo a Julio Romero. Le agradezco a Jorge Fuentes por su confianza, pues casi siempre fui relevista esa temporada con Industriales”.

Fumero, tu único chance con el traje de las cuatro letras fue a los Juegos Olímpicos y no importó que tuvieras una faena monticular notable en ese evento para futuras oportunidades.

“Desgraciadamente fue así. Pero me queda el consuelo de haber jugado con mi equipo Industriales tres de los desaparecidos torneos Clubes Campeones en México, en los que fui una pieza clave, debido a las ausencias del Duque Hernández y Osvaldo Fernández, dos lanzadores de cabecera que estaban en las preselecciones nacionales”.

¿Euclides Rojas?

“Un maestro en todos los aspectos de la vida, un estudioso de cada partido, de las debilidades de los contrarios. Me ayudó mucho en ganar paciencia, en mover más la bola, en trabajar con inteligencia en los partidos cerrados y en pitchear en diferentes ángulos. Él y el Duque Hernández eran tremendos consejeros”.

En 1998 te informan, al igual que a otro pequeño grupo de jugadores, que te tienes que ir a jugar a Colombia y que eras una especie de pelotero retirado.

“En Colombia quedamos campeones con el equipo que jugué junto a Orestes González, Lázaro Madera y Pablo Primelles. Después fui para Nicaragua y mi equipo discutió el campeonato contra los Indios del Boer, para quedar en segundo puesto, acompañado por Romelio Martínez, Dessy Lomba, Padrón, Heriberto Collazo, Bárbaro Arruebarruena y Pedro Luis Dueñas”.

En el 2002 te retiras, tras jugar par de temporadas con el equipo Habana bajo el mandato de Rigoberto Blanco.

“Después de regresar de Nicaragua y estar como dos años lanzando  en la Provincial, con buenos resultados y en condiciones, transmito mi intención de volver a lanzar en Industriales y me dijeron un no rotundo, por lo que busqué otra vía y me voy para La Habana, donde juego dos temporadas.

“Luego de tomar la decisión de retirarme, vengo para mi municipio y trabajo con las categorías inferiores. Después me trasladé para la Academia, donde estuve varios años y también fui entrenador de pitcheo con San Miguel en la primera categoría. Participé dos años como coaching  de pitcheo con Metropolitanos, siendo Juan Padilla el director.

“Posteriormente me traslado a trabajar en Habaguanex durante cuatro años y después me voy a Italia gracias a una carta de invitación que me pone un amigo y allá ayudo un poco al beisbol de ese país hasta que regreso. Luego ellos me mandan a buscar para que trabajara por la vía legal por Cubadeportes y no me autorizan. Voy a ver a Higinio Vélez y me dice que existe un escalafón para viajar a Italia y que yo no aparecía. Pero bueno, al final resolví y puedo ir a Italia cada año como un contrato de trabajo”.

 

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