Béisbol Cubano

Industriales: ¿La Cenicienta, sin baile, sin fiesta?

En la noche de ayer lunes 13 de noviembre el equipo de Industriales le jugó otra mala pasada a su afición. Los Azules, que van teniendo una segunda fase merecedora del olvido, parecían que ayer tenían la sartén por el mango, traducido a que derrotarían por segunda ocasión en fila a los Cazadores de Artemisa y, dicho sea de paso, al fin se llevarían a los libros su primera subserie de esta instancia. El marcador, traidor hasta la médula y falso profeta, se prestaba para la suposición, cuando vencida la sexta entrada el lanzador refuerzo villaclareño Freddy Asiel Álvarez tenía a los contrarios en cero carreras, después de sortear no pocas escaramuzas.

La fanaticada habanera fue a apoyar a sus parciales al llamado Coloso del Cerro y en el juego de ayer fue un poco más numerosa respecto a la jornada dominical. Esos mismos aficionados que permanecían al pie de la emoción, más los otros que veían el partido desde sus casas por la TV o lo escuchaban a la vieja usanza, radio mediante, con todo su derecho comenzaron a pensar que el mal de ojo que tenía a su León raquítico y casi sin pelos desaparecería.

De pronto, sonó el despertador, eran casi las 10 de la noche. Poco a poco la escena de bienestar fue disolviéndose  -hubiese sido mejor que se extinguiera de súbito-, hasta que los fans azules comprobaron que habían sido víctimas de un gran sueño pasajero y veloz y como decía Julio Iglesias, la vida seguía igual. Nada había cambiado en el panorama de Industriales, continuaba siendo el plantel Cenicienta de la segunda ronda y sus parciales se preguntan, si de continuar el mal rato, se quedarán sin baile y sin fiesta, por otra temporada más.

A los dirigidos por Víctor Mesa poquísimo o nada le ha salido bien en la instancia que transcurre. Es como un mal de ojo real que le tienen echado, que de tan maligno, trasciende a los jugadores y se cuela en el coach de tercera base Carlos Tabares, lesionado con una fractura a causa de un pelotazo en una práctica de bateo, y antes cala en el director Víctor Mesa, envuelto en misteriosos escándalos que solo él sabe repetir y contrario a todo buen criterio que sobre él se pueda verter, lo que hace es que se le tenga más resentimiento.

El cáncer del León azul es grave, en estos momentos diría que tremebundo y nefasto. Sin medias tintas, Industriales es el peor equipo de la fase actual,  con un desastroso deambular que le ha privado de ganar al menos un compromiso particular ante los cinco planteles en liza, tras una vuelta de enfrentamientos. Cuando mañana se enfrenten en el Latinoamericano ante Matanzas por segunda vez en esta etapa, el llamado conjunto insignia del beisbol cubano lo hará gritando a voz en cuello un desespero desde el húmedo y agobiante sótano, como dicta su peyorativo balance de tres triunfos y once pasos en falso.

Discúlpenme quienes lo padecen, pero vivo convencido de que cualquier enfermo de Alzheimer está capacitado para responder que los tres tristes triunfos de Industriales, con el permiso de Cabrera Infante para alterar el título de una de sus obras bestiales, han sido aislados ante Pinar del Río, Las Tunas y Artemisa.

El Industriales de los primeros 45 juegos de esta Serie Nacional 57, el mismo que quedó en la cima entre sus similares, con ofensiva cruda y pitcheo neurálgico en reiterados encuentros, además de ser el causante de devolverle a sus admiradores hálitos de la buenaventura prohibida desde 2010, pues ese equipo parece que ya no existe. Parece como si hubiesen sido reemplazados casi todos sus miembros y traídos otros que desconocen o se les olvidó lo que es ganar y sentir el peso de una camiseta históricamente vencedora. Una camiseta que traspasa las fronteras insulares, no descuidemos.

Hombres que llegaron a este conjunto a partir del juego 46 con la misión de reforzar, en el sentido más estricto de la palabra, no han contribuido con la resistencia. No es que ahora vayamos a despertar el fuego de morteros hacia los refuerzos industrialistas, pero es que, entre las seis selecciones que solicitaron el pasado 21 de octubre, Industriales ha sido la menos favorecida en el aporte de los convocados. ¿Cuestión de mala suerte?

Entiéndase que se pidieron cuatro lanzadores, y a estas alturas del campeonato, ninguno ha aportado un triunfo, ni un rescate, en cambio han caído cinco veces en detrimento de las aspiraciones capitalinas.

Pero el mal no solo pertenece a los refuerzos, decir lo contrario nos convertiría en regionalistas. El cuerpo de pitcheo capitalino es el de peor efectividad y el único que promedia por encima de cinco carreras limpias por partido (5.91), además de ser igualmente el único al que le batean por encima de .300, exactamente .302, el que más cuadrangulares e indiscutibles soporta, 13 y 139 por ese orden y el más generoso a la hora de ofrecer boletos, con 74.

Hasta el momento, los únicos brazos fiables han sido el del abridor Frank Monthiet, con par de victorias, sin fracasos y efectividad de 3.45, y el del relevista Eddy Abel García, autor del otro triunfo y poseedor de un promedio de limpias de 0.75 en 12 entradas.

Si la efectividad de los lanzadores ha sido caótica, la producción ofensiva no se queda atrás, pues el equipo de la capital tiene el segundo peor average (.235), igualmente es penúltimo en cuadrangulares (6), último en indiscutibles (103) y un conjunto como este, habituado a hacer jugadas y con recursos para consumarlas, solamente ha salido al robo seis veces, con todo y que tengan un grupo de jugadores veloces y habilidosos.

Apenas cuatro de los bateadores regulares rebasan la cifra de .300 y uno de ellos, Víctor Víctor, se encuentra lesionado, junto a los dos principales receptores, Frank Camilo Morejón y Lázaro Ponce. A pesar de la hecatombe, la tropa de Víctor Mesa marcha tercera, con 36-22 en el global, pero las probabilidades amenazan con mantener el descenso.

Para concluir este extenso comentario, les dejo un fragmento de uno de mis poemas preferidos de Eduardo Galeano, Los nadies. Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy (….) ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte. (Marvin Pérez)

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