Historia

Humberto Casamayor: De Industriales a Italia, la agridulce historia de un León azul

El pelotero industrialista Humberto Casamayor ha trasladado muchos años de experiencia en Cuba a diferentes niveles del beisbol italiano.

Como a muchos, a Humberto Casamayor Pérez (3 de mayo de 1962) la generación en la que le tocó jugar terminó por relegarlo a un plano secundario, debido a la presencia en la receptoría de Industriales de ese grande que responde a Pedro Medina Ayón. De Medina, Humberto se nutrió con la avidez de un aprendiz que sabe que su tutor es ponderado. Aunque tuvo 698 veces al bate nada más, en las que ligó siete vuelacercas, 27 dobletes y 145 indiscutibles, además de 985 de average defensivo, este mulato natural del municipio Playa  despliega numerosas anécdotas curiosas y de gran interés.

Cuenta que una noche en el estadio lajero Nelson Fernández, Lázaro Valle, como siempre, estaba durísimo. Bateaba el corpulento Romelio Martínez y Valle se equivoca. En vez de tirar slider –la solicitud de Casamayor-, lanzó una recta a la esquina de afuera que no le dio tiempo al receptor cogerla con la mascota y la atrapo a ¡¡¡mano limpia!!!, en menuda acción de reflejo y osadía. Otra vivencia muy importante es que fue el que le recibió a Orlando “El Duque” Hernández cuando propinó su no hit no run ante Matanzas. Casamayor se encuentra hoy día viviendo y trabajando en Italia, desde donde accedió encantado en contar parte de su carrera deportiva a los usuarios de Cronodeportes en medio de una noche bien fría.

¿Tu infancia fue lo normal que suele ser para un niño cubano que quiere ser pelotero?

“Mi infancia fue bastante alegre, con mi abuela quien fue la que me crió con la ayuda de mi padre, ya que soy huérfano de madre desde el primer año de edad. Mi primera escuela fue Ciudad Libertad y ahí comencé mis primeros pasos en el deporte. En el barrio todos los muchachos eran como familia.

“Yo primero practiqué esgrima en un gimnasio lindísimo que ahora es una ruina. Mi difunto hermano jugaba béisbol,  él era mayor que yo y me iba con él cuando faltaba alguno del equipo.  Te hablo de piquetes de barrio, ya eso no existe casi. Cuando yo veía a esa gente jugar con ese amor, solo por divertirse,  le dije a mi papá que quería probar.

“En esa época estaba becado y me inscribí en el equipo de la beca. Al no clasificar el conjunto, me sacaron para una selección de perdedores. Más adelante pasaron a hacer pruebas de béisbol para la EIDE Makarenko y aprobé. Esa escuela deportiva era la antesala de la EIDE de La Habana. En mi segundo año voy a mis primeros Juegos Escolares en Pinar del Río y automáticamente paso para la otra EIDE y comienzo en la pirámide de alto rendimiento, lo que me llevó a participar en cuatro Juegos Escolares más y dos Juegos Nacionales juveniles.  En mi último año juvenil integro el equipo al Mundial de la categoría, al que no pudimos ir por problema políticos”.

Según he leído, ese conjunto estaba pletórico  de estrellas que luego alumbraron las Series Nacionales y los equipos Cubas.

“La verdad que era un tremendo elenco dirigido por esa eminencia llamada José Miguel Pineda. Por arribita te digo algunos nombres que seguramente te dirán mucho.  El difunto Contreras de Matanza, Heredia, Alexis Díaz, Antonio Pacheco, Lázaro Vargas, Orestes Kindelán, Jorge Luis Rivero, René Arocha, Javier Gálvez. El evento se celebraría en 1980 en Venezuela”.

Te referías a José Miguel Pineda como una enciclopedia, algo muy similar a la opinión de otros jugadores.

“En ese corto período de entrenamiento vi que era una persona con una vista larga para el béisbol y con el tiempo me lo confirmó su trabajo como director de varios equipos que dirigió  y en la selección nacional.  Varias veces conversé con él y me demostró que era una enciclopedia. Hay otros directores grandes y muy bueno en Cuba como fueron Servio Borges, Juan Gómez y Jorge Fuentes”.

En 1985 ocurre tu llegada a las Series Nacionales, pero pudo haber ocurrido antes, ¿no es así?

“Yo iba a estar en la Serie anterior,  pero no quise dejar al lado los estudios en el Fajardo y no participé con Metropolitanos.  Luego debuté y fue una gran emoción jugar en un equipo Industriales donde estaban Agustín Marquetti, Pedro Medina, Rolando Verde, Lázaro Vargas, Tony González, el zurdo, y otros más. Ver ese estadio lleno por primera vez fue impresionante, llegar a ese peldaño fue uno de mis sueños y se cumplió. Me desempeñé una sola campaña con los Metros, el director era Raúl Reyes, y las demás con los azules”.

Casamayor, casualmente al llegar al punto culmen de la pelota cubana, en tu posición figuraba uno de los mejores de la historia en Cuba, Pedro Medina.

“Empecé cuando estaba Medina y después jugamos varios receptores como Juan Bravo, Armando Ferreiro, pero gracias a Dios pude hacer algo por mi provincia y estuve cuatro años en la preselección nacional y fui a varios Cuba B. Medina es uno de los grandes receptores que ha pasado por la pelota cubana. Además tengo el privilegio de haber estado con él en los equipos Industriales, incluyendo el plantel que ganó la famosa Serie del año 86. Con Pedro aprendí otras cosas de la receptoría, me ayudó en algunos defectos que yo tenía. Como receptor qué más te puedo decir de Pedro, él habla solo con toda su gran carrera y te digo que como director no lo hizo mal. Estuve a su lado en la dirección del equipo Industriales del año 1996 y una anécdota que posiblemente ni Pedro se acuerde, es que la primera mascota de marca que tuve en mi vida me la regaló él y eso se lo agradezco”.

¿Aprendiste mucho en esas comparecencias en las preselecciones nacionales?

“Bueno, en aquellos años la pelota tenía mucho nivel y estar en la preselección nacional era un sueño y quedar entre los 25 seleccionados era lo máximo. Era la época de Luis Giraldo Casanova, Omar Linares, Víctor Mesa, Lourdes Gurriel, Germán Mesa, Antonio Pacheco, Orestes Kindelán, Lázaro Vargas, Juan Padilla, Javier Méndez, Luis Ulacia, Pedro Luis Rodríguez, Pablo Miguel Abreu, Omar Ajete, José Luis Alemán, Jorge Luis Valdés, Lázaro Valle,  Arocha.  Te puse unos cuantos nombres, pero faltan más. Imagínate estar entrenando y jugando con esa cantidad de grandes peloteros, ¿un orgullo sí o no?”

 ¿Recuerdas algunos de esos torneos en los que participaste?

“Los años 1988,1989 y 1990 fueron los más importantes en mí carrera porque en el 89 estuve a punto de ir a la Copa Intercontinental de Puerto Rico. Participé en varios topes con selecciones de Estados Unidos, acudí a un certamen en Holanda y a topes en Nicaragua e Italia. Asistí a un Centroamericano Universitario en Barquisimeto, Venezuela, donde  alcanzamos el título”.

Me dijiste que fuiste partícipe de esa inolvidable y legendaria final en 1986.

“Una  final impresionante, que ganamos con una mezcla de jóvenes jugadores y consagrados. Ganar ese campeonato con los equipos que teníamos en contra no fue fácil, pues te hablo de Santiago de Cuba  y Pinar del Río, el primero con una ofensiva enorme y el segundo con un pitcheo respetable, que daba miedo. Por eso, esa victoria a uno nunca se le olvida, ese jonrón de Marquetti es para la historia. Ese equipo, muy unido y que nunca se dio por vencido, Agustín se lo echó al hombro”.

¿Cuándo te desligas de las Series Nacionales? Si no me equivoco te fuiste joven.

“Salgo en 1991, pues tuve un lesión en el hombro del brazo de tirar  y una rodilla que ya me estaba dando problemas, pero la más fuerte fue la del brazo. Después seguí jugando en provinciales para entretenerme y los últimos cartuchazos los tiré en dos series Postobón en Colombia, con los equipos de Bogotá y Medellín.

“En esa época empezó alguien a hablar de los veteranos y comenzaron a retirar a un poco de ello.  Yo estaba fuera como otros y nos fuimos a jugar a Colombia y Nicaragua, fundamentalmente, entre 1995-96.  Por esa época era entrenador de la Liga de Desarrollo, porque cada equipo de la Serie tenía un conjunto abajo para subir jugadores”.

Después de esas experiencias qué ocurrió en tu vida.

“Después me fui preparando como entrenador y aprendiendo de los preparadores viejos y estudiando y leyendo mucho para superarme. Gracias a Dios tuve suerte con un amigo italiano que a lo mejor no te dice nada, pero pregunta  por Ruggero Bargelemani, el mejor jugador de Europa en su tiempo. Él  me trajo a Italia, concretamente al equipo de Nettuno por cinco años, y posteriormente estuve un tiempo sin salir de Cuba a causa de  un personaje que es mejor ni mencionar.  Su nombre da náuseas, te diré que pocos hablan bien de esa persona.

“En ese tiempo en Cuba trabajé en la Academia Provincial con los receptores. También en la preparación de los cátchers de los equipos a las Series Nacionales, hasta que pude salir por un contrato gestionado por mí. Inicialmente me fui del 2000 al 2005 –en 2001 gané el Campeonato Italiano Serie A- y en 2015 regreso nuevamente. Actualmente trabajo como entrenador en una sociedad aquí en Milano”.

Háblame un poco más de tu familia, de tu descendencia…

“Mi familia es bastante numerosa, como te dije soy huérfano de madre.  Mi padre tiene 87 años, somos siete hermanos y uno murió. Tengo dos hijos,  una hembra que estudia Música y el varón que lo crié desde un año y tiene 28. Son hijos de una gloria del atletismo, Caridad Balsindes García, campeona de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de República Dominicana 1986 en heptatlón. Gracias por darme la oportunidad de esta entrevista y sigan adelante con este bello proyecto, porque hay muchos atletas olvidados en un rincón. Gracias”. (David Diaz)

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