Béisbol Cubano

¿Qué hubo detrás del título de Despaigne y Moinelo en Japón?

Desde que una leyenda viviente de 84 años como el matancero Roberto “Chico” Barbón se convirtiera en la temporada de 1955 en el primer cubano y latinoamericano en jugar en la Liga Japonesa de beisbol profesional, más de 16 peloteros originarios de la Mayor de las Antillas han fichado hasta la fecha por alguna organización del más alto nivel del beisbol profesional nipón.

Después de iniciado el presente milenio es que han llegado la mayor cantidad de jugadores cubanos a ese circuito asiático, y entre los últimos que lo han hecho están el villaclareño Dayán Viciedo, el tunero Alexander Guerrero, el matancero Yadir Drake, el pinero Héctor Mendoza, el avileño José Adolis García, el pinareño Liván Moinelo y claro, el granmense Alfredo Despaigne. Obviamente, quedan descartados del listado global todos esos peloteros retirados inexplicablemente a mediados de la década del 90 y enviados a Japón, donde jugaron en ligas industriales.

Haciéndole swing al tema de hoy, que no puede ser otro que el triunfo de los Halcones de SoftBank en la Serie de Japón, después de dejar tendidos e impotentes a las Estrellas de DeNA, en un play off que llegó hasta el sexto partido y los flamantes titulares se impusieron en cuatro. Los Halcones, pertenecientes a la Liga del Pacífico, añadieron a su vitrina el octavo cetro de Serie nipona, pues el anterior databa de 2015. Mucho, muchísimo crédito se llevan en la corona del elenco de Fukuoka los cubanos Despaigne y Moinelo, con actuaciones relevantes tanto en la fase regular como en la postemporada. Sus estadísticas prometo tratarlas en otro momento.

Este triunfo del granmense y el vueltabajero en el clásico otoñal japonés reescribe la historia para los coterráneos que han participado en la fase decisiva de este circuito. Primero que todo, es la primera vez en los anales de la pelota rentada nipona que dos cubanos logran de un golpe, con una misma selección, llegar a la cima del podio. Seguimos, antes que la dupla campeona de la Isla solamente un pelotero cubano había logrado proclamarse monarca en esa liga, y de eso hace 25 años, cuando el santiaguero Orestes Destrade lo hizo de manera consecutiva entre 1990 y 1992.

¿Quién es Destrade? Pues un hombre de 55 años que entre 1981 y 1986 se enroló con los Yankees de Nueva York, transitando por todos sus niveles hasta 1987, que implicó su estreno en la Gran Carpa. Tras 24 veces al bate y cinco imparables, ese propio año desciende a AAA y en 1988 es canjeado a los Piratas de Pittsburgh, franquicia con la que comenzó en las Mayores, para luego ser bajado hasta AA.

Después de nueve temporadas en Estados Unidos, el inicialista y jardinero indómito decidió probar suerte en Japón y 1989 marcó el inicio de sus cinco contiendas allí, pues con los Leones de Seibu promedió para .262, con 476 hits, 77 dobles, 160 jonrones, 389 remolcadas y robó 42 bases en 61 intentos.

Fue un bateador de poder brutal, y en Japón se encargó de recordarlo, pues conectó más de 30 bambinazos en cuatro de sus cinco campañas. Junto a la gratificante dicha de sus tres coronas, se llevó el reconocimiento de MVP de la Serie de Japón de 1990, tres títulos de cuadrangulares en la Liga del Pacífico y en tres ocasiones conformó el All Star de la contienda. Basta decir que Destrade superó tres veces la cantidad de cuadrangulares de Despaigne en la campaña concluida.

Su último año en Japón fue 1995, pero antes pudo jugar cuatro temporadas en Grandes Ligas con los Yankees, Piratas y los Marlins, bateando para .241, además de 26 jonrones, 25 tubeyes y 106 impulsadas. Llama mucho la atención que a diferencia de la liga japonesa, donde salió al robo 61 veces, en la Gran Carpa redujo sobremanera ese apartado hasta una irrisoria cantidad de tres intentos en 237 partidos.

Aunque, como se ha dicho, han sido tan solo tres los peloteros de Cuba que han ganado al menos un título de Serie de Japón, pero existe otro atleta de casa que llegó hasta la fase conclusiva y no pudo ser campeón. Se trata de quien para muchos es el mejor pelotero que ha pasado por las Series Nacionales, el antesalista pinareño Omar Linares.

El Niño Linares, en una salvedad insólita en la pelota cubana, en el ocaso de su carrera fue autorizado a jugar en las Grandes Ligas niponas. Allí estuvo tres campañas y en la última, en 2004, es que alcanza la Serie Mundial, en la que su conjunto, los Dragones de Chunichi, perdió por 4 choques a 3 ante los Leones de Seibu, el otrora equipo de Destrade.

Según el sitio beisboljaponés, en aquel entonces el vueltabajero estuvo presente en seis de los siete choques de la gran final, promediando para .389, con siete anotadas, tres dobles y dos impulsadas resultantes de par de cuadrangulares.

Para concluir, añadir que otros dos cubanos estuvieron cerca de llegar a la Serie de Japón. El inicialista camagüeyano Leslie Anderson, quien con los Gigantes de Yomiuri en 2014 se tituló en la Liga Central, pero después su club quedó fuera de competencia al caer frente a los Tigres de Hanshin y ese mismo año el pinareño Juan Miguel Miranda, al decir de beisboljaponés, tuvo la misma desdicha en la Liga del Pacífico. (Néstor Pérez)

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