Béisbol Cubano

Fernando Hernández, otro gigante que se nos fue

Lo vimos jugar innumerables veces, vestido con aquel emblemático uniforme de los Vegueros de Pinar del Río. Era un traje llamativo –como un marrón oscuro o algo así, ademas del verde que defendio con el nombre de su provincia-, pero no solo su color llenaba tribunas, pues en aquellos equipos de Pinar en décadas pasadas sobraba la calidad de sus jugadores por encima del mencionado uniforme.

A Fernando Hernández lo vimos dar palos por doquier y defender los jardines con la maestría de los “big leaguers”. Fue y será por siempre de los mejores de nuestra pelota, un tipo sencillo, que a cambio de nada llenaba estadios en Cuba como Casanova, Urquiola, Leonildo Martínez, Lázaro Cabrera, Luis Crespo, Giraldo González, Mario Negrete, Porfirio Díaz, Jesús Guerra, Juan Carlos Oliva (la lista es interminable)… y muchos otros en una generación beisbolera repleta de estrellas en la más occidental de las provincias cubanas.

Nada, el tipo fue estrella, y Cronodeportes quiere hacer justa mención a este pelotero grande entre los grandes y ejemplo dentro y fuera del terreno.

Y apuntamos algo: Si un medio periodístico en Cuba va delante en eso de estar “arriba de la bola”, por decirlo de alguna manera, ese es el periódico provincial Guerrillero, de Pinar del Río. Siempre informando en el momento preciso. Por eso, anexamos este trabajo, de Kitín Rodríguez Girado, en el cual se realza la figura de Fernando, un pelotero de la gorra a los spikes.

Aquí les va:  

 EL “VEGUERO” FERNANDO

A la gran vega de tabaco pinareña, de la cual la familia beisbolera logró sus grandes cosechas desde el año 1978, le falta desde el sábado 7 de Octubre, un gran veguero; el veguero Fernando Hernández. Un veguero cuya producción no solo estuvo centrada en lo que hacía propiamente con un bate en la mano, sino en la que lograba con su carisma, y con su jovial carácter.

Es realidad inobjetable, que cuando nos atribuyen algún epíteto o adjetivo, es porque de alguna manera lo merecemos. No por gusto el inigualable narrador y comentarista deportivo Bobby Salamanca bautizó a Luis Giraldo Casanova como “El Señor Pelotero”, a Giraldo como “Maravillas” González o Alfonso Urquiola como “El Relámpago de Bahía Honda”, municipio del que por cierto, procede la adorable familia de Fernando. Logró él entonces, con su manera de comportarse, que le llamasen el “Caballero del Terreno”, o simplemente “el pelotero de los niños.

Fue un privilegio para mí, haber sido compañero de cuarto con Fernando en el Motel camagüeyano “El Castillito” en el año 2007, en aquellos días en que el equipo de béisbol juvenil, dirigido por Giraldo González, recuperaba su título de campeón nacional, precisamente ante el elenco agramontino.

Meses después, debido a un aumento de su presión arterial, la salud de Fernando se vio quebrantada, sufriendo una hemorragia cerebral híper parenquimatosa. Después de ser intervenido quirúrgicamente en el Hospital Provincial Abel Santamaría, fue trasladado al “Julito Díaz”, en la capital del país. Transcurrió el tiempo y cuando su recuperación alcanzaba ya el 97 por ciento, tres años después, sufrió un infarto cerebral que le causó daños irreversibles y su rehabilitación no fue ya la suficiente para su mejoría.

En sus últimos once años, Fernando no mereció otra cosa que el excelente ambiente familiar en el que se vio envuelto, arrullado por Juana, su compañera en la vida, y sus hijas Arlenis y Arnelis, además de la constante preocupación y cuidados del resto de la familia, incluyendo a Juan, su hermano que también incursionó con éxito en nuestras Series Nacionales.

A toda la brillante trayectoria como pelotero, se unió siempre en Fernando, su incuestionable valor como revolucionario; militante de la Juventud primero, de nuestro glorioso Partido Comunista después, merecedor del otorgamiento del escudo pinareño, entre otras distinciones recibidas.

No se olvidará pues, nunca en Fernando, su número nueve, como no se olvidará su récord de 12 impulsadas en un juego, porque aunque hoy está igualado, correspondió a él ser el primero en hacerlo y ya en diciembre cumplirá ese record 29 años.

A decir del cantor, el espacio vacío que queda, cuando un amigo se va, estará siempre lleno del recuerdo eterno de los que bien quisieron a Fernando Hernández Rodríguez, cariño y afecto que supo ganarse gracias al inmenso ser humano que siempre llevó por dentro. Descansa en paz, “Caballero del terreno”.

 

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