Béisbol Cubano

El día que Carlos Tabares se retire, hay que retirar su 56

Hoy, a las 8 y 15 p.m., el estadio Latinoamericano tiene dos razones para llenarse o estar casi a tope. La primera, que Industriales buscará a toda costa inclinar la balanza a su favor frente a Las Tunas en una de las semifinales de la pelota cubana. Víctor Mesa prometió clasificar a los azules a la postemporada y lo cumplió; prometió llenar el Latino y hoy es el momento ideal para lograrlo, sobre todo porque la afición habanera no festeja un título desde 2010 y es el retorno de los Leones a los play offs, después de una Serie 56 nefasta.

El segundo motivo para que el Coloso del Cerro sienta el peso de casi 55 000 aficionados se desprende de la lealtad y el respaldo que merece Carlos Tabares, quien hoy estará recibiendo su retiro oficial del deporte activo, a los 43 años y delante de la afición que tanto le aplaudió cuando disparó un cohete impulsor entre dos fildeadores o cuando realizó una jugada extraída de la imaginación.

Con el guante, Carlos hacía lo difícil, real; lo fácil, algo por lo que no era necesario preocuparse ni una gota, más bien hacer lo que muchos pitchers compañeros suyos: caminar con dos outs rumbo al dagout sin alarmas, de espalda a un fildeo infalible firmado por un perfecto defensor.

Carlos Alberto Tabares Padilla, el Lince Giraldillo como lo bautizó el colega de la COCO Andy Vargas, se retirará en su segunda casa, el estadio más emblemático, histórico e icónico del beisbol cubano. Pensándolo bien, en el Estadio Latinoamericano hoy será despedido ceremoniosamente uno de los jugadores más emblemáticos, históricos y representativo del beisbol cubano.

Tres adjetivos que describen realmente a distintos episodios de la historia de nuestro deporte: uno de concreto, cabillas y arcilla, el otro viviente, de carne y hueso, pero con un nivel de estrechez entre ambos que puede ser casi vitalicio.

Digo vitalicio porque el Taba la verdad que hizo lo que pocos. Cuando pasen los años y los más jóvenes indaguen en los libros, comprobarán que su última Serie Nacional como jugador fue la 56, y que en la siguiente, la 57, seguía caminando por el banquillo con su camiseta azul de Industriales y su legendario número 56 en el dorsal como auxiliar del director Víctor Mesa. Carlos cambió el beneplácito de permanecer con su familia de ahora y para siempre, por seguir dando guerra con el equipo de su vida. Así son los integrantes del llamado club azules de corazón, como el libro del desaparecido periodista Jorge Alfonso y Nolan Chacón.

Cuando se le haga en unas horas su retiro oficial, el cual me imagino sea un homenaje trabajado y acorde al atleta que se despide, estaremos presenciando un suceso bien peculiar e interesante dentro de la historia del deporte mundial. El protagonista de la velada probablemente suelte lágrimas ante el público que lo venera, es la hora del adiós soñado, pero luego de la emoción de lo vivido, Tabares no hará lo que han hecho todos los que en un momento pasaron por ese bello instante.

En vez de marchar con todos los regalos entregados y los reconocimientos del público a casa, su presencia física se mantendrá en el Latino, a unos centímetros de la tercera almohadilla, cumpliendo sus funciones de coach. Ya lo dije, lo de Tabares, el Latino y la pelota puede ser un matrimonio de por vida. No descuiden que sus ambiciones son llegar a hacer algún día director del equipo por el que jugó 25 temporadas.

Después de todo, el otrora jardinero central es un tipo bien suertudo, para que decir otra cosa. Cuando numerosos peloteros estelares de este país han tenido que esperar varios años por un retiro medianamente decente y otros siguen esperando, con la esperanza perdida de que eso ocurra, Carlos Tabares tendrá un merecido homenaje un año después de haber colgado su guante. ¿Qué más se puede pedir?

Eso sí. El 56, su número 56, tiene que ser retirado de los uniformes de Industriales. Primero, porque ese número le debe su gloria al Capi Azul, y segundo, porque es un número que encierra un misticismo muy grande con su portador. Se retiró en la Serie 56, con 1956 imparables e incluso un amigo me contó que el número de su móvil tiene ese doble dígito al menos una vez.

Cuando murió el piloto francés Jules Bianchi, la FIA retiró su número 15; también los Chicago Bulls hicieron lo mismo con el 23 de Jordan; el Napoli italiano retiró el 10 de Maradona y los Dodgers de Los Ángeles guardaron el 42 de Jackie Robinson. Tan sencillo que los grandes no lo son por gusto. (Rafael Rofes)

 

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