Béisbol Cubano

EN CUBA… ¿Otro altar beisbolero para la Isla?

El Cristóbal Labra con ese nombre no nació hasta la década del 70 en Cuba, pero es anterior al 1959 que se empieza a escribir su historia. El Estadio Municipal de Isla de Pinos es inaugurado un 24 de febrero de 1957 y con él la Isla (doblemente aislado por quedar fuera de la ínsula principal) se unía a la historia beisbolera cubana, al menos con terreno propio.

Dice Juan Armando Quintana, uno de esos infaltable en la ahora cuna de los Piratas, de los que mediodía tras mediodía vende maní en sus gradas y respira un poco el maltrecho béisbol de Cuba, que el mejor equipo de pelota en dicho país, es el de la Isla. «Si lo miras de punta a cabo no tienen nombres muy importantes en la alineación, nadie da 3 pesos por ninguno ahí dentro, sin embargo todos los años están en la pelea».

La Isla había convocado a muchos cuando aquel mítico tercer puesto de 1998, pero en 2015 se ganó las credenciales de histórico con aquel subtítulo nacional ante los Tigres de Ciego. Pero el altar beisbolero de los pineros merece una mirada más cariñosa, por el empuje de los Piratas y porque su público, aun perdiendo 1000 a cero (como me exagera una oriunda de Gerona) se mantiene encima de la goleta, o sea apoyando a los suyos, bajo el sol. Sí, porque al Labra ya le endilgaron otro nombre: «El estadio de las sombrillas» porque faltan muchos techos en las gradas. Tal parece que los Piratas empezaron sus faenas aquí.

«Ya empezaron a techar algunas, van poco a poco, como las gradas que le faltan al de Ciego. Sin prisa y con calma», comenta el “Toro”, uno de esos personales imperdibles en un juego normal. Usualmente cuando el equipo está por empatar o amenaza a ello, el Toro se sube sobre el dogout del visitador con algunas matas de «vencebatallas». El público se suma al “trabajo” y lo aúpa con este coro: «Toro sacude el gajo». Otro personaje pintoresco es el carabela, aficionado a la botella más que al béisbol, pero que en cada evento deportivo se disfraza de carabela y apoya a los suyos. El Labra es un hervidero, rico en amor al deporte nacional. Alguna vez también le nombraron «El paraíso de los jonrones», porque como estadio municipal tenía las medidas más cortas que los provinciales. Las dimensiones eran 320 por el jardín izquierdo, 390 por el centro, y 310 por el jardín derecho. Sin embargo, desde la contienda 2003-04 esto cambió, luego de que se ampliaran las distancias, sobre todo por el jardín derecho y se ampliara la capacidad del estadio incluyendo 3 gradas nuevas por la parte izquierda. Ahora es uno más, respecto al resto.

A la única sede de los Piratas, también se le restableció la luz artificial en el año 2007 para la Serie Nacional 47, después de 17 años obligados a los juegos diurnos. La felicidad duraría poco, otra vez la cueva de los del parche vuelve a estar condenada al castigo de un mediodía tropical. Junto a ello la condena del doble viaje. Gerona-Batabanó, Batabanó-Guantánamo. Solo imagínelo, es caótico. Con la ausencia de Metropolitanos en la liguilla cubana, la Isla tuvo otra condena, convertirse en la cantera de los habaneros que no hacen equipo en la capital, en la novena azul. Yolbert Sánchez, Alfredo Rodríguez, Rigoberto Gómez, todos se marchan de la Isla, hechos y derechos.

«Al Labra le falta de todo, menos el calor, el del sol y el de su gente, pero sabes que es lo más raro, que Mandy Jhonson, después de 18 años, deja el equipo y llegan a la final. Pero compadre—díceme Migue, el administrador del Labra—aquí falta que le hagan una estatua a Mandy, es lo único que falta». (Ignacio Valenzuela)

 

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