Béisbol Cubano

Serie Nacional… Caso Artemisa: un bochorno de los grandes

En cualquier deporte, como debe ser, los grandes momentos terminan por no salir de nuestras mentes, como símbolos del éxito, del espectáculo en su punto clímax y en muchos casos como elementos de identidad. Pero, como bien decía una frase que grabé hace ya algunos años, del deporte también se hereda el recuerdo de lo desabrido, es decir, las conductas censurables y deshonrosas que lastran el llamado fair play y conducen a la mala reputación de determinadas disciplinas, equipos o atletas. Tristemente, en el deporte sobran los malos ejemplos.

El material de hoy abordará la pelota cubana, que no escapa de determinados comportamientos que de vez en cuando laceran la práctica de un deporte sano, filosofía que vengo escuchando desde que descubrí mi pasión por la actividad física, a principios de los años setenta. Sin ir tan lejos en el tiempo, pondré sobre el tapete algunos sucesos que han sido fuertemente condenados en su momento y así ilustrar el episodio por el que escribo estas líneas, ocurrido el pasado domingo 3 de diciembre en el juego entre los equipos de Artemisa y Matanzas en el estadio Victoria de Girón.

No preciso el año exacto, pero sí es imposible no recordar aquel incidente protagonizado en el cuartel de los Gallos espirituanos, donde el bateador industrialista Lisván Correa persiguió con un bate en la mando durante un buen tramo del estadio al lanzador local Yasniel Sosa. A su paso, como se puede comprobar en los videos que describen el momento, Correa lanza swines como un loco a cuanta persona se le interpusiera en su camino y luego se puede apreciar una riña tumultuaria entre los dos conjuntos, muy parecida a las que cada año nos regalan las Grandes Ligas.

Después de aquel incidente, que también involucró a varios agentes del orden público, la sanción impuesta a Correa no se correspondió con la magnitud de lo engendrado. Como tampoco fue atinada la sanción sobre el pelotero matancero Demis Valdés si se analiza lo provocado por él, al salir como un bólido del banco y con un bate en su mano, la emprendió con el lanzador villaclareño Freddy Asiel Álvarez, a quien afortunadamente no golpeó, pero uno de sus swines impactó contra el rostro de Ramón Lunar, compañero de Freddy. Demis se tomó la justicia por sus manos ante una situación que no tenía nada que ver con él.

Ese tipo de incidentes —entre atletas, es decir—son los más usuales en el beisbol de las Series Nacionales, pero también han sucedido otras indisciplinas graves que han implicado a peloteros y árbitros, un fenómeno que trasciende la pelota cubana, pues en las Mayores uno de los episodios más sonados aconteció hace 85 años, a causa de una bronca entre algunos miembros de los Medias Blancas de Chicago y el umpire George Moriarty luego de un choque. Lew Fonseca, timonel del equipo, y los jugadores Milt Gaston y Charley Berry se encontraron en el túnel con Moriarty, quien derribó a Gaston, pero no se quitó de encima el hospital, a causa de contusiones y una mano fracturada.

Aunque pasó hace ya algunos años, el pinero Michel Enríquez, uno de los peloteros más consagrados que ha tenido Cuba, fuera del estadio de su municipio le propinó un batazo al ampaya José Pérez Julién , situación que lo alejó más de un año del beisbol organizado. Víctor Mesa, hace cuatro o cinco temporadas, en una de sus rabietas, le tiró tierra a un oficial en la cara y puedo seguir citando ejemplos, que aunque no han llegado a la violencia, han sido frutos de inconformidades de los peloteros con jugadas de apreciación o (malos) conteos, que lógicamente involucran a los árbitros.

Pero tocando el asunto en cuestión, el del pasado domingo 3 de diciembre en el juego entre los equipos de Artemisa y Matanzas en el estadio Victoria de Girón, antes que todo confesaré que jamás había visto algo similar en la pelota cubana o en cualquier otra liga, ya sea en Estados Unidos, Venezuela o en Yibuti, donde los conceptos del juego no deben estar muy bien comprendidos.

En el juego en cuestión, el imparcial de home, Luis Daniel del Risco, expulsó a los jugadores artemiseños Yosvani Peñalver y Jorge Alomá, además de al entrenador Armando Balaguer, debido a que le protestaron un conteo. Cuando los dirigidos por Dany Valdespino fueron a cubrir, el lanzador Israel Sánchez y el receptor José Carlos Padrón tuvieron un pequeño diálogo antes del primer envío y cuando este ocurrió, el máscara se retiró para que la pelota golpeara al árbitro, quien recibió un pelotazo, y automáticamente expulsó a Sánchez, a Padrón y al mentor Valdespino.

¿Qué les parece? Después de todo, da hasta gracia, pero lo que más risas provocó es la suspensión durante seis encuentros del lanzador y el receptor y de Balaguer a tres juegos, medida anunciada por la Comisión Disciplinaria del evento, luego de que se determinara que los tres violaron el reglamento disciplinario. Para no extenderme más: sin importar que el árbitro del Risco haya realmente tenido malas decisiones en ese choque, un torneo organizado que se respete no puede dictaminar apenas seis desafíos de suspensión a los causantes de una indisciplina premeditada y bastante bochornosa por demás, de esas que marchitan. No, eso sí que no. (Pedro Villavicencio)

 

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