Béisbol Cubano

Carlos Tabares: “Quisiera ser el director de Industriales en el futuro”

Por NÉSTOR PÉREZ

Ganar los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 y Atlanta 1996, al beisbol cubano le supo a gloria. Implicaba tantas cosas, pero, por encima de todo, era otro cuño de credibilidad a un prestigio recitado en la arena internacional. En Sidney 2000 vino el bache requetesabido, y perdimos la corona ante los Estados Unidos de Tom Lasorda.

Cuatro años después, en una ciudad donde el beisbol es puro exotismo, ocurrió el rencuentro. El 25 de agosto de 2004 el equipo cubano volvía a empaparse con las mieles del oro olímpico, cuando rindieron 6-2 a los australianos en Atenas, Grecia. De ese momento, obvio que se rememora a todo el equipo volcado sobre la grama del Complejo Olímpico Helénico celebrando el triunfo, pero el fildeo de Carlos Alberto Tabares Padilla es imposible desprenderlo del recuerdo.

Carlos Tabares siempre lució su número 56 en las 25 Series Nacionales con Industriales

Desde su sempiterno jardín central, “actuó” una de las mejores jugadas que ha disfrutado hasta el aficionado más aburrido de ver beisbol, de eso vivo convencido. Una larga conexión que amenazaba con montar al 56 de Industriales, y mediante una corrida veloz y extravagante, prácticamente de espalda, logra fildear la bola cuando rebota en el colchón, y a la vez le pasa gato por liebre al árbitro que decretó el erróneo out.

Esa jugada, junto a una bastante parecida realizada un año antes en los Panamericanos de Santo Domingo, signa la vida de Tabares, quien aclara que en ambas oportunidades estaba lanzando el diestro santiaguero Norge Luis Vera. El nacido el 8 de julio de 1974 en Plaza de la Revolución, se retiró en la pasada Serie Nacional 56, un poco jugando con su imperecedero número en el dorsal. Fue un pelotero al cual el traje del equipo Cuba le quedó a la medida, aunque en las categorías inferiores la selección nacional nunca existió para él.

“En una preselección nacional juvenil fui injustamente eliminado, en la temporada 1990-91. Llego a la casa y le digo a mis padres que no quería jugar más pelota y ellos me dicen que no me desanimara, que tenía apenas 16 años y que luchara por hacer equipo en la primera Liga de Desarrollo celebrada en Cuba, en 1991, en la cual Guillermo Carmona dirigió el equipo de la capital.

“En 1991 estoy teniendo una Liga de Desarrollo muy buena y un 28 de diciembre me llaman a la casa y me dicen que me preparara, que estaba con Industriales. Días antes yo le había dicho a mi padre que quería estar con Vargas, Javier y otras estrellas de los Azules, ¿qué te parece? En mi segundo año con Jorge Trigoura  tengo un desempeño notable y es cuando discutimos el campeonato con Villa Clara, en esa postemporada es que comenzó a sonar el nombre de Carlos Tabares por mi agresividad, mi entrega, los grandes fildeos y mi condición de bateador oportuno. A partir de ese momento más nunca fui llevado a la reserva hasta mi retiro, y mi primer viaje fue un equipo Cuba B en 1996 a Holanda -quedó champion bate-, al año siguiente asistí a un tope en Nicaragua –culminó entre los más destacados- y así una serie de eventos internacionales”, rememora el actual coach de tercera base de Industriales.

Después de varias temporadas consecutivas como un bateador estable y un gran fildeador, en 1998 recibes una noticia que no fue de tu agrado.

“Después del Campeonato Mundial y los Juegos Centroamericanos de Maracaibo, llego a Cuba y un compañero dijo que yo era un posible desertor y no viajé más hasta 2003, es una injusticia que la voy a decir donde quiera, porque fueron cuatro años perdidos en la selección nacional, estando en muy buen momento, con números buenos en esas Series. Regresé en 2003 y hasta el 2007, todos los eventos en que participé obtuve oro, con excepción de un Preolímpico en el Latino y el primer Clásico Mundial en 2006”.

Cuando concluye Guillermo Carmona su mandato al frente de Industriales, llega Rey Vicente Anglada, ¿cómo asimilaste esa noticia?

“En ese momento no nos conocíamos y el primer día no me pone a mí, ni a Javier y pone a Doelsis Linares, Urgellés y a Yasser Gómez y designado a Kendry Morales. Nada más que me dio la oportunidad la aproveché y me permitió ganarme la titularidad. A partir de ahí las cosas salieron bien y de hecho es con el director que mejor he jugado, tres campeonatos logrados, es decir, que no estamos hablando de cualquiera”.

De esos tres títulos con Anglada, ¿con cuál te quedas?

“Todos esos campeonatos con Anglada significan mucho y estarán siempre guardados con mucho cariño en mi historial, como también las otras coronas que obtuve. Pero creo que el más importante fue el de 2003, porque fue el año del record, el año que muere mi padre y el año que regreso al equipo nacional”.

En 2006 tienes el privilegio de ser uno de los integrantes de la selección nacional que participó en el primer Clásico Mundial. Después de una década de celebrado ese evento, ¿cómo lo recuerdas?

“Antes del Clásico celebramos un tope de preparación contra Nicaragua y después de eso es que surge la frase de dejar la piel en el terreno. El Clásico Mundial me permitió conocer a muchas estrellas, nos enseñó lo que era el beisbol profesional, observamos la profesionalidad con que ellos jugaban el beisbol y el oficio”.

…el juego de la final contra Japón.

“Después de ganarle a Puerto Rico y a República Dominicana en una segunda vuelta, dijimos que había que meterle a Japón. Pero el día de la verdad a ellos todo le salió bien, sino hubiese sido histórico un equipo amateur ganando un campeonato entre tantos profesionales. Sin embargo, ese segundo lugar tuvo tremenda connotación, eso será un recuerdo vitalicio, igual que los Juegos Olímpicos de Atenas 2004”.

A la defensa, Tabares fue uno de los guantes más seguros del beisbol cubano.

Exhibiste un estilo de juego durante tus 25 Series Nacionales bastante similar al que presentan los jugadores asiáticos.

“Sabía que era un pelotero bajito, con buenas piernas, con fuerza, pero me centré más en el tacto, en tirar al cortador, a batear por detrás de los corredores. Estuve un mes en Japón antes de los Juegos Olímpicos, vi el sistema de juego y los entrenamientos de ellos y me di cuenta que eso era lo mío, estudié mucho ese beisbol, vi videos e incorporé otros detalles a mi forma de jugar”.

Una carrera repleta de grandes fildeos, pero, sin dudas, hay dos que te distinguen. ¿Con qué jugada te quedarías, con la de Santo Domingo 2003 o la de Atenas 2004?

“Te digo algo, en ambas oportunidades mis piernas contribuyeron a alcanzar la victoria, en esos juegos que, casualmente, lanzó Norge Luis Vera. Por la calidad del fildeo me quedo con el de los Juegos Panamericanos de Santo Domingo 2003 y por la connotación del evento, me quedo con el de Atenas 2004. Fueron dos jugadas bastante parecidas, porque tuve que correr hacia atrás y hacia el left-center, el de Santo Domingo fueron 22 pasos y el de Atenas está por ahí. En Santo Domingo tuve que coger la bola y romper caída y en Atenas tuve que saltar y hacer malabares con el guante y con la mente”.

Tras mucho éxito con Anglada, luego el beisbol capitalino se sumió en un descenso hasta la actualidad, sin obviar ese título con Germán Mesa, que la verdad dejó a más de uno ilusionado.

“Ese título logrado en 2010 lo ganamos porque fue un compromiso que hicimos con nosotros mismos por algunos hechos que ocurrieron esa temporada y con Germán tuvimos varias discrepancias, sin embargo, como dije, ganamos ese campeonato. Yo pienso que la pelota en La Habana, aparte del éxodo de atletas, lo que estaba falta era de un poco de atención, desde aseguramiento, de estímulo al hombre y otras cosas que se van a ir recuperando, como la identidad.

“También la disciplina de entrenar fuertemente, no faltar a la preparación y tomarse con mucha seriedad lo que se hace, ser un profesional del beisbol.

“Estamos luchando por recuperar a ese equipo dinámico, que los aficionados vengan a ver a un equipo y a jugadores de su preferencia, estamos apostando porque vengan al Latino 50 000 o más aficionados. ¿Cómo se logra eso? Siendo un profesional de lo que hacemos”.

¿Fue intencionado retirarte en la Serie Nacional 56, a propósito de tu número?

“Sí, siempre lo tuve en cuenta y realicé una preparación especial para cuando llegara ese momento lucir bien, tal vez no como cuando era más joven, pero siempre con la idea de dejar una bonita impresión en mi despedida. Y así fue, con 42 años,  no perdí la habilidad, la agilidad, la flexibilidad, no perdí tanta velocidad, pues en las 60 yardas hacía 6´6, te repito con 42 años. Son cosas que te demuestran que lo planifiqué y me salió bien. Le dije a mi director Javier Méndez que quería terminar donde empecé: en el center field, y le aseguré que iba a ver los mismos fildeos y la misma agresividad de Tabares y eso es lo que ocurrió”.

¿Te fuiste con algunas deudas?

“Digamos que sí, no pude llegar a los 2000 hits, pero fíjate que casualidad que terminé con 1956, como mi número, algo bonito. Por lo demás, cumplí mis propósitos, pero siempre queda algo”.

¿Cómo lograste abarcar tanto terreno, allá atrás, en el center field?

“Haciendo una fuerte preparación física, muchos tramos de potencia, de velocidad, para desarrollar mis piernas.  En las mismas prácticas fildeaba mis batazos y los de mis compañeros, y eso llevó a que desarrollara el sentido de la ubicación y de desplazamiento”.

Creo que pudiste robar más bases.                           

“Sí, muchas más, pero Industriales era un equipo de bastantes jugadas de corrido y bateo. Estuve tres años seguidos discutiendo el champion robador de bases”.

Te convertiste en todo un especialista en esas jugadas de corrido y bateo.

“Desde las mismas prácticas. Llegaba y era bateando entre primera y segunda, hasta que me especialicé en batear las bolas por dentro y tuve mis resultados”.

¿Qué se te ha dicho de tu retiro oficial?

“Quiero hacerlo en el Latinoamericano y me gustaría que fuera en una subserie contra Pinar del Río, equipo que siempre le dio tremendos juegos a Industriales, además de ser el conjunto de mi hermano Pedro Luis Lazo. Me gustaría que fueran todos los aficionados que de una forma u otro me apoyaron”.

Asegura que su participación en el I Clásico Mundial fue una experiencia irrepetible.

¿Cómo llegaste a ser coach de Industriales? Te retiras y no te tomas un tiempo fuera de los terrenos…

“Es cierto que no me tomé un respiro fuera de los terrenos de pelota, pero ya trataré de dedicarle tiempo a mi familia. El profesor Víctor me llamó y me dijo que me uniera a él en el cuerpo de dirección de Industriales, en funciones de coach de tercera base, y yo muy contento porque siempre fue un pelotero al que admiré y un manager con el que me sentí identificado por toda esa disciplina que él lleva al terreno, te educa y enseña a jugar el beisbol.

“Voy a nutrirme de todos los conocimientos posibles que él me ofrezca, para en un futuro ser el director de Industriales, que es una aspiración que tengo, y estoy convencido que el profesor Víctor será un gran maestro”.

¿Cómo han asimilado los jugadores la metodología de dirección de Víctor Mesa?

“Muy contentos,  porque saben que Víctor hizo un trabajo muy serio en Matanzas, se preocupó por el atleta y sus necesidades. Desde que llegó, se han mejorado muchas cosas y los peloteros son los primeros que han manifestado sus ganas de trabajar con él”.

¿Logrará Industriales avanzar a la siguiente fase?, es la pregunta que muchos se hacen, teniendo en cuenta el nuevo director.

“Ese es el primer objetivo. Y pienso que sí, porque saldrá un buen equipo, lo que hay que hacer es trabajar juntos y olvidarse que si el pitcheo está flojo, porque esa realidad la viven casi todos los equipos. Sin embargo, nuestra ofensiva está muy buena, con la entrada de Yordanis Samón, de Jorge Luis Barcelán, se redondea mucho y sumaremos a Alexander Rodríguez como cerrador”.

Tabares, eres uno de los mejores center field de la pelota cubana. Víctor, igualmente, tiene ese mérito, ¿cómo te sientes cuándo eres comparado con él?

“Imagínate. El estilo de Víctor de ser un jugador espectáculo siempre me gustó y cuando me comparan con él, no hago más que sentir orgullo. También me comparan a veces con Laffita, Rosique, el mismo Javier, todos jardineros centrales que se desplazaban muy bien, tenían buen sentido de ubicación. Esa comparación con Víctor, lejos de destruir, se goza, se disfruta, y se toman las partes constructivas”.

 

 

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