Béisbol Cubano

Carlos Martí suspendió el examen

¿Movió correctamente Carlos Martí las piezas cubanas en este IV Clásico Mundial de Béisbol?

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Pero ¿acaso pueden existir esperanzas, aunque sea un hálito, cuando el grifo de las carreras se abre en contra de Cuba y comienzan a caer como agua fría, cuando empieza a evaporarse con celeridad las remotas posibilidades de avanzar a la fase final del Clásico Mundial de beisbol? Les digo algo, no hay que ser masoquistas. De lo malo se sale rápido y los cubanos optaron por esa vía, antes de  pasar por la agonía de estar conscientes que el mal trago está servido y tomarlo lentamente.

En el Clásico, la selección antillana se despidió de la peor manera. Tras un estoico partido ante Japón, que despertaba un poco las ilusiones dormidas, ocurrió el desplome. Holanda fue cruel, tanto, que puso a sus rivales en el paredón de la muerte y una vez allí, no le bastó con uno, ni dos, le disparó catorce tiros de gracia y les recordó a los derrotados que sus epitafios estaban escritos desde hacía un tiempo. Cuba se hundió en las aguas cenagosas de un nocaut lapidario de 14-1.

Los holandeses y los nipones vinieron a reencarnar sus papeles de tipos duros con los antillanos. Israel, no quiso ser menos, y fue el que inició el conteo de protección. En resumen, un efecto dominó de derrotas que fue imposible detener. Pero, que más se puede pedir, habida cuenta de que se cumplió el objetivo de pasar la primera vuelta y ante el beisbol jugado durante los seis partidos, por más que existan las ganas, desaparecen de un tirón, explicablemente.

Hace dos días un fuerte amigo me acusó, a quemarropa, de ser anticubano, en materia beisbolera. Bien alejado de la verdad. No me dejé provocar y respondí que no es cuestión de anticubanía, solo que vivo y moriré con mis pies sobre la tierra. La realidad, por dolorosa que sea, está ahí, cerca y sociable.

Hay tanta tela por donde cortar, que hasta la mejor tijera terminaría mellada. Nuestro principal hombre desde el box, el granmense Lázaro Blanco, el que días antes puso a soñar a los escépticos y fue guardado como cosa buena para los partidos machos, no respondió a los intereses precompetencias y fue uno de los varios fiascos de la plantilla cubana. Cuando el pitcheo es el tema flaco de un equipo y su principal figura falla sendas veces, ¡ojo!, puede ser el acabose.

De Carlos Martí no cambio mi criterio. Sigue siendo un tipo noble, campechano, sin tanta jerga que deslumbre y con la sabia que se hereda de 40 años metido en estadios y potreros, dirigiendo pelota. Sin embargo, parece que los años no pasan por él y no es porque tenga porte de buen mozo a sus 68 almanaques. Martí parece que se quedó como una estatua fría y solemne, detenido en el tiempo en cuanto a su método de dirección rígido, obsolescente y falto de la lozanía que requiere el beisbol moderno.

No es que la coja con el pobre hombre ahora, porque lo que se propuso como prioridad lo cumplió –aquello de superar el primer nivel, resultado muy a tono con la realidad que vive nuestra pelota, ingresada casi en un coma profundo-, pero también es cierto que él es el manager de este “trabuco”, y por tamaña responsabilidad, le toca recoger buena parte de los platos rotos. Aunque, como me repite hasta el cansancio un amigo que fue estratega por muchos años en la pelota provincial de la Habana, dirigir un equipo Cuba es meterse en la boca del lobo, porque casi siempre estás sumiso al mandato de otros entes. Y dudo que esta vez el mentor granmense haya sido excepción de una regla de años.

Pero Carlos fue conservador y paternalista casi hasta los últimos compases de la historia que concluyó. Cuando el tema de la eliminación estaba más cerca y se veía venir la necesidad imperiosa de consumar de una gesta, fue entonces que el manager cubano en el Clásico obedeció los acertados antojos que le dictaba, bajito al oído, el siempre efectivo Pepe Grillo.

El granmense Carlos Benítez necesitaba descansar desde bien temprano en el evento, pues en la gira por Asia dio síntomas evidentes de no ser el mismo que hacía un mes se incluyó en el All Stars de la Serie del Caribe. Yoelkis Céspedes era otro que requería el mismo remedio que su compañero Benítez y para seguir con la misma tónica pongo a consideración si había que esperar que Frank Camilo Morejón se lesionara para que probara el banco.

Sobre el espirituano Frederich Cepeda creo que su historia pesó toneladas. El único jugador cubano que ha transitado por las cuatro ediciones de este evento, si bien tuvo un OBP de 36.4 gracias a la notable cifra de boletos recibidos, su producción, requisito exigente siempre para un tercer bate, nunca existió, pues en 15 veces al bate, apenas disparó un indiscutible y nunca impulsó a compañeros suyos. Inobjetablemente fue su peor vivencia en estas lides –habituado a ser efectivo a raudales- y una clarinada de que su carrera va camino al ocaso. Y por ello nadie le quitará lo bailado.

Todos estos casos fueron ejemplos de la tibieza de Carlos Martí a la hora de darle agua al dominó de sus piezas. Y en cuanto al pitcheo, le dio una sobreutilización al zurdo yumurino Yoanni Yera, que como dije antes se mostró mustio, con poca velocidad y escasa estamina. El partido inaugural ante Japón, Carlos y su cuerpo técnico lo dieron por perdido, prácticamente, y existieron varias situaciones de juego en que las cartas sacadas de la manga no fueron las idóneas y eso terminó pasando factura, no lo dudemos.

A pesar de que Martí desaprobó el examen de comandar su primera selección nacional de nivel, con este equipo Cuba más no se podía aspirar. Entiéndase que ha sido el menos cualitativo, por mucho, de los cuatro presentados en los Clásicos Mundiales y el saldo global fue de dos victorias y cuatro reveses.

Quizás dentro de cuatro años, para el 2021, Cuba pueda incluirse entre los semifinalistas del valorado evento. No me contradigo, porque si antes dije que nuestro beisbol está en coma, la única manera de salir pronto de ese trance es abrirles las puertas de la selección nacional a aquellos jugadores que se desempeñan en el circuito de las Grandes Ligas. Hoy un colega me comentó que estaba visto y comprobado que el Clásico era para los mejores y acaso, ¿no son ellos los mejores?

PD: No sé por qué en estos días el nombre de Rey Vicente Anglada, como un carrusel, no para de dar vueltas en mi cabeza. ¿Ustedes sabrán la razón? (David Diaz)

 

 

1 Comment

1 Comment

  1. Baldo Alexy

    17 Marzo, 2017 at 5:10 pm

    Realmente nuestra pelota no esta al nivel de un clasico como este, quizas en algun momento se pudieron hacer algunos cambios, pero igual no hubiera sido diferente el resultado, del picheo ni hablar, ese funciona a su maximo nivel en series del Caribe…pornto nos veremos con Holanda de Nueva casi seguro en el torneo de ciudades interpuertos de ese país…
    Hubiera estado completo este articulo, si el autor hubiera incluido su propuesta de director para el Cuba en este Clásico, y que equipo llevaria a este evento…
    Martí lo hiso bien, pero no es mago, y esos son los mejores peloteros de Cuba, mas dos o tres que se quedaron porque no todos podian ir…

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