MLB

Astros al cenit

Por JESÚS SUÁREZ-VALMAÑA

(Dedicado a mis dos hijos: Jesús Suárez y José A Suárez, que cumplen hoy 27, como el número de José Altuve)

Se han coronado los Houston Astros, en el Juego 7 de la para mí más espectacular y trepidante Serie Mundial en muchos años. La veo muy fácil entre las tres mejores que he tenido la suerte de ver o seguir desde hace casi 4 décadas, aunque me hubiera gustado una mayor “pelea” azul y menos dislates en su manager a lo largo de este choque final y decisivo.

Felicidades a un súper merecido campeón y en especial para  un cubano que brilló allí con luz propia -del que no perderé la oportunidad de referirme- y que justo en este último cruce de espadas, mostró que es todo un caballero, ante un rival que no salió nada bien parado. Olviden las rechiflas de un público manipulado.

Pero no queda alternativa, dado el desenlace, en mi opinión definido muy temprano y prematuramente para este partido crucial, que comenzar por lo negativo de su conducción tan inexplicable por el lado perdedor, sin menospreciar un ápice las virtudes del triunfador.

No es concebible en UN JUEGO DECISIVO DE VIDA O MUERTE dejar a tu pitcher abridor tanto tiempo IDO TOTALMENTE DEL JUEGO, y más en un señor como Yu Darvish con notables antecedentes “cardíacos”.

Un Game 7, de todo o nada, no es un juego de temporada regular, o incluso empezando una serie corta, donde es casi sagrado dejar “caminar” más al abridor, sino justo todo lo contrario, no puedes permitirle un pestañeo.

Pero lo de Dave Roberts esta vez fue injustificable, pues como manager él y sus lugartenientes, debieron captar -como percibió toda persona cuerda del planeta viendo este choque- todas y tantas señales de debilidad de tu iniciador en un partido así, de vida o muerte.

Darvish simplemente y muy pronto, comenzó a dar señales de flojera manifiesta, sino que cualquiera diga si nadie notó estos signos, que intentaré enumerar:

El japonés, además de las mismas 5 carreras que permitió aún en dos innings menos que en su anterior y también fracasada salida, le abrió debajo, con bola, a nada menos que 6 bateadores de los 10 enfrentados, hasta el jonrón ya demoledor de George Springer (para mí el claro MVP de la Serie).

Pero aún más: a uno de los pocos rivales a los que le abrió con strike, Brian Mc Cann, le dio otro más, para ponérsele arriba con esos dos seguidos sin bola…pero luego volvió a sus andadas para terminar dándole el boleto. Así continuó impunemente poniéndose debajo al iniciar los conteos por los siguientes cuatro bateadores (!?) incluido el propio Springer.

 

Entonces mi pregunta es: ¿C”omo Roberts continuó con él? ¿Por qué esperó para alzarlo con la grúa sin necesidad de regalarle enfrentar a más de uno o dos bateadores de la tanda baja?; y todo cuando era manifiesto que Darvish no solo estaba “fuera de juego” sino para no permitirle llegar de nuevo a enfrentar al estupendo hombre proa de los Astros.

¿Cómo es posible tal demora teniendo otros abridores incluso con aceptable reposo, además del mejor bullpen de toda la temporada, y pese a los altibajos de esta Serie Mundial, mucho mejor que el de sus adversarios? Y perdonen la reiteración: ¿Cómo es posible, insisto, que además, aún si se tuviera alguna duda por el cansancio de tu cuerpo de relevistas, no apelar de inmediato a esos dos otros estupendos abridores, listos y con disposición, en el alma y humanidad hambrientas de Kershaw y Wood -demostrada su forma y disponibilidad plenas en este mismo pleito! ¿Cómo no utilizarlos más temprano, precisamente para dar más respiro a ese excelente bullpen, quizás algo agotado?

Y la pregunta breve y final: ¿Cómo lo podrá justificar ahora el señor Roberts?, con todo y que he sido siempre muy diáfanamente cuidadoso en no emprenderla con virulencia contra él y sus errores, como los de cualquier otro manager de este béisbol.

¡Es realmente inexplicable! A no ser que no sea volver a apuntar lo que he repetido como un mantra acerca del dogma en el uso de los pitchers que a menudo, en este beisbol cada vez más computarizado y sabermétrico, les hace a muchos managers acá perder la brújula del sentido común.

Yo no oculto que vi un muy tenue favoritismo para el club azul angelino, luego de cumplirse la profecía valiente de Yasiel Puig y que ningún otro compañero de su equipo acompañó; pero lo que mis ojos y sentimientos vieron a todo lo largo es que pese a no ser efectivo, nadie como el Caballo Loco le ponía más ganas a este conclusivo Game 7 entre los de su equipo.

No obstante, con el marcador ya debajo por dos carreras para Los Ángeles, mantenía la esperanza de cumplirse mi vaticinio -el profesional al margen de mis simpatías- pero ocurrió entonces un destello; un instante supuestamente adverso antes de cerrársele a los visitantes lo alto de primer inning. Algo mágico y quizás un guiño irónico del destino: y no fue otra cosa que el saludo efímero, contenido, pero contundentemente manifiesto de Yuli Gurriel a Yu Darvish antes de iniciar su primer turno en el cajón de bateo.

Nadie en el Dodger Stadium, ni los sapientes comentaristas, ni el propio asiático-iraní-japonés (…que se yo ¡!) esperaban ese gesto de Gurriel, quizás más propio de un extinguido caballero gallardo y medieval, inéditamente insolito en GLs. Fue para para decirlo en cubano: una “galleta sin manos” ante tanto “booo” y brete. Yo ya entonces quedé convencido, o por lo menos comencé a sospechar, que ese era el principio del fin para Darvish y LA….Y fíjense como ya, totalmente “ido de pitcheo”, el abridor Dodger tuvo que emplear 13 lanzamientos de los 24 que ya gastó en esa entrada inicial para enfrentar al espirituano-habanero, incluidos 7 fouls!…hasta lo dominó en un flay al RF…pero ahí empezó el desfonde de su diarrea!

Allí una muy franca debilidad, pese al aparente cierre de llave -que al parecer Roberts no supo discernir o notar, inmerso en el triunfalismo reinante de su entorno- se sentenció en mi opinión el final de Yu D; quien atormentado ante la consumación del desastre, y si de verdad hubiera tenido en su sangre orgullo de samurai, más los cargos de conciencia por prestarse -aunque fuera por accidente y con todo y sus declaraciones atenuantes- a tanto chanchullo donde lo más racista fue justo la desproporcionada sanción al propio Gurriel, debió ya sacar su katana de honor y hacerse un harakiri o seppuku.

A partir de ahí, al menos como yo lo percibo, la apuesta y terquedad del mando Blue comenzó a desdibujarse, mientras se venía ya venir, tras el primer cero del cubano-americano Mc Cullers Jr; como su pupilo -el del manager azul- comenzaba a regarse más y a abrir con bolas continuamente a toda la tanda baja astral que no detuvo su declinar hasta que ya se descompuso totalmente como deshojada flor y sobrevino el predecible y demoledor batazo.

De lo demás hay que apuntar la súper productividad de los Astros en este partido clave, quienes con solo 5 hits hicieron sus 5 carreras; en contraste diametralmente opuesto a lo que apenas pudieron unos Dodgers, que se desalmidonaron cazando primero las curvas de McCullers para luego no ver las rectas a 98 de Morton, quienes con un hit más que sus productivos rivales dejaron nada menos que a 10 hombres en bases y batearon un anémico hit en 13 oportunidades con hombres en posición anotadora.

No hay justificación allí tampoco, y caben pocas palabras, como no sea que se vieron derrotados muy temprano, penoso si consideramos que aún les faltaban 24 out por entregar -pues fue casi una entrega sin combatir- pese a la importante desventaja de 5, que jamás debió considerarse irreversible desde tan temprano.

Lo cierto es que el triunfo fue merecidísimo para los Astros, que 24 horas antes vieron detenido su momentum, pero que recuperaron y se lo arrebataron con hidalguía a los Dodgers un día después a la hora del cuajo.

Estoy convencido que este elenco tiene, sobre todo en las figuras de Altuve, Springer, Correa, Gurriel y Bregman -como tal vez pudiera agregar a González- un nucleo de desbordado talento, para un equipo que con sus muy buenos abridores: Keuchel, Verlander (por una temporada mas), Morton y Mc Cullers, junto a la búsqueda o negociación de un par de buenos relevistas, pudiera convertirse en una posible dinastía para llegar o ganar el cetro de las 30 banderas doradas uno o dos años más al hilo, tras alcanzar hoy ya lo más alto de la cima por primera vez en su historia desde 1962, los mismos casi 55 años de este redactor.

Finalmente dos consideraciones por mi condición de cubano:

Primero, la alegría enorme que siento por mi correligionario Yulieski Gurriel, quien ha logrado por fin una corona en un campeonato tras 17 años de transitar por los tres países más históricos y emblemáticos en la génesis y desarrollo de este deporte en el mundo: Cuba, Japón y ahora en Estados Unidos; justo en su primera temporada completa en las ligas supremas de su nación fundadora y líder, que nada tienen de nacionales y si muy universales.

Yuli “el Piña” Gurriel, puede decir con orgullo, como un emperador Julio César del Siglo 21, aquello de Vini, Vidi, Vici (vine, vi, vencí) al llegar a la MLB y en su primera temporada lograr el sueño mayor en este deporte, justamente en el más trascendental escenario de todos, la Serie Mundial de Grandes Ligas, con una actuación protagónica que incluye un record de hits para cubanos en postemporadas. Amen de lo que significa ese anillo tan elusivo a miles de súper estelares de todas las épocas y a él mismo, durante toda su trayectoria anterior en torneos domésticos.

Nunca, o pocas veces ha sido tan válido y pertinente aquello de: “and, in the end, the love you take is equal to the love you make”, como diría Sir Paul Mc Cartney.

Por ello cierro con quizás lo más cursi: se me salió el corazón de ver al Yuli con esa bandera cubana sobre los hombros, imagen que ojala puedan ver todos en su Patria sin que a un torpe funcionario se le ocurra la “brillante idea” de editarlo y sustituirlo poniendo en cabina a los comentaristas de turno.

Creo que es algo inédito, o por lo menos un signo de tiempos distintos, ¡detrás de ambas orillas del charco!

Y muy convencido: Porque la Nación y sus símbolos, desde Martí hasta la bandera, no son patrimonio de letanías ni panfletos. Nace a menudo así, de un muchacho dotado para el deporte, pero simple y genuino; no importa su billetera abultada justo sin hacer daño a nadie y solo por gracia de su enorme talento, que hace mucho merecía ser premiado ante tanto insulto e ignorancia.

Y lo otro, es el tema de los vaticinios. Vale recordar lo de siempre: que no tienen que ver con preferencia alguna. Y que en mi caso, lo asumí con mucha responsabilidad, objetividad y respeto por cualquiera que me lea, aún en mi escaso tiempo libre y a modo de divertimento.

La verdad al final es que en lo personal estoy muy satisfecho, porque en los ya más específicos pronósticos que brindé, los de ALCS, NLCS y ahora la Serie Mundial, acerté con el equipo vencedor, excepto con esta última, definida como predije en el séptimo y último juego, que como es sabido, es una ruleta rusa.

Ganó un equipo que me encanta, pues tengo preferencia por los de tónica ofensiva. Pero creo que lo más importante era darle a mis amigos y lectores de mi muro (e incluso más allá, pues fue reproducido por otras plataformas), un referente y guía para seguir estos formidables eventos de lo más selecto y máximo del baseball. Sobre todo ahora que por primera vez en mi país, comienzan a verse como natural, las andanzas y glorias de peloteros nuestros en la mejor pelota del mundo.

Y todo, haciéndolo de antemano, pues odio el “resultismo”, amén de que tras tantas energías y empeño al brindárselo, con tanto bla, bla, bla de haberlo dicho al final no hubiera sido muy válido. Hay que hacerlo y jugársela antes de que se tire la primera bola.

Lo demás, como discrepancias, aciertos y desaciertos, bienvenido, pues lo hice en última instancia para divertirme y que se divierta todo el que me lea.

Hasta la próxima temporada.

Los Angeles, California

Noviembre 2, 2017, 12:30 PT

 

 

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