Historia

Armandito “El Tintorero” en el recuerdo

Por NÉSTOR PÉREZ

El 27 de diciembre del año 1939 nació en La Habana Armando Luis Torres Torres o simplemente Armandito “El Tintorero”, aficionado número uno de la pelota cubana, quien pasó gran parte de su vida entre las gradas de diferentes escenarios deportivos animando cada espectáculo y a sus protagonistas.

De esta manera se ganó el calificativo de “Show Man” del deporte en Cuba, más que todo del béisbol, el que conoció tiempo después de haber pasado toda su niñez en una Casa de Beneficencia, al quedar huérfano desde bien pequeño y donde le dieron los apellidos de Valdés Valdés.

Tuve el privilegio de entrevistarlo poco tiempo antes de que se deteriorara su estado de salud, precisamente en su “casa”, el estadio Latinoamericano de la capital cubana. Allí me contó interesantes pasajes de su vida y acerca de sus peripecias en los estadios, esas que lo llevaron a convertirse en una especie de director de orquesta dirigiendo los convites deportivos.

El 26 de agosto del año 2004 dejo de existir este sencillo hombre de pueblo, pero al menos tan doloroso desenlace tuvo el tacto de llegar después que los cubanos conquistaran la medalla de oro en las Olimpiadas de Atenas .

Aquí los dejo con la mencionada entrevista como justo homenaje a Armandito, a quien todos los amantes de la pelota recordamos con cariño y admiración. Sepan, además, que su concurrida peña se mantiene vigente en el parque Latinoamericano, compuesta por más de 50 miembros de todos los municipios de la capital.

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Armandito “El Tintorero”: Aficionado número uno de la pelota cubana

“¡Vamos chico, pégale fuerte a la bola, que con la de tercera ganamos!” Al momento, el bateador empuja la de la victoria de Industriales, la de Cuba…, y se estremece el graderío del estadio Latinoamericano de la capital cubana.

El festín es dirigido, desde hace más de 30 años, por un inquieto “personaje” enamorado del béisbol, a quien siguen miles y miles de aficionados, todos bajo su batuta, cual fiel director de orquesta.

¿Quién no conoce en el mundo de las bolas y los strikes en la mayor Isla de las Antillas a Armandito “El Tintorero”? Este hombre de pueblo recibió en la XXXV Copa Mundial de Béisbol, celebrada en La Habana, el segundo gran regalo de toda su vida, precisamente por dar apoyo al espectáculo beisbolero desde el graderío.

“Óigame, no es igual dar ánimo o aplaudir a un pelotero, que sentirlo uno en carne propia, créame. El haber recibido una placa de reconocimiento de manos de Aldo Notari, presidente de la Federación Internacional de Béisbol (IBAF), confeccionada en Italia exclusivamente para mí, y ante más de 30 mil espectadores, todavía me tiene emocionado.

“Esto es lo más grande que me ha sucedido, al igual que cuando me invitaron para asistir a Baltimore, en 1999, al tope entre los nuestros y los Orioles.” Sobre este viaje a los Estados Unidos rememora: “Fue otra alegría indescriptible. Al salir, me dijeron que yo era el presidente de la Comisión de Embullo, y recuerdo que respondí que pondría bien alta la bandera que siempre llevo en mi corazón.

Allí confié también en la victoria. “Me gusta mucho la pelota y conozco los resultados de cualquier equipo en el mundo, pero jamás pensé que pudiera presenciar un juego entre una novena cubana y otra de las Grandes Ligas en su propio estadio. ¡Qué más le puedo pedir a la vida!

Después de estas dos grandes satisfacciones, puedo morir tranquilo”. No sólo en el estadio Latinoamericano, sino en otras instalaciones deportivas de La Habana, Armando Luis Torres Torres trocó sus apellidos por el de Tintorero. Lo que muchos no saben es que, antes, sus nombres iban acompañados de Valdés Valdés. Porque, nacido el 27 de diciembre de 1939, quedó huérfano muy pequeño y pasó toda su niñez en una Casa de Beneficencia.

La garganta de Armandito es privilegiada. Desde 1966 anima a sus equipos. Empezó dando aliento al Habana; en 1968, Oscar Fernández Mell le solicitó que lo hiciera también con Industriales (novena de la capital cubana), pues tenía muchos aficionados, y así lo hizo.

Hace 35 años se sienta en el mismo lugar en el parque insignia de la pelota en Cuba, el mencionado Latinoamericano: séptima fila, segundo puesto, entre home y tercera; la butaca tiene una placa que identifica quién es el dueño. Silvatos, gritería y sus eternos seguidores, 56 de los cuales conforman la Peña a la cual dirige, condimentan cada juego.

Siempre hay una iniciativa y basta un gesto para que su “equipo coja la seña”. La barrida, con su escoba; el tun turun tun para quienes deben cargar los bártulos; conteo hasta 10 para el lanzador explotado, una bullita, y muchas cosas más.

Su presencia se hace, sin lugar a dudas, indispensable. Lo de Tintorero surgió a partir de 1970, cuando comenzó a trabajar en la tintorería La Cubana, centro en el cual se mantiene laborando como jefe de brigada.

Acerca de la participación de Cuba en los eventos internacionales del 2003, sonríe y exclama: “¡No es fácil vencernos! Ganamos de manera convincente los tres torneos más importantes del año: los XIV Juegos Deportivos Panamericanos de Santo Domingo, en República Dominicana, la XXXV Copa Mundial efectuada aquí en La Habana, y el Preolímpico de Panamá, …y eso que casi todos los equipos incluyeron a jugadores profesionales en sus filas.

“Se demostró una vez más que Cuba tiene calidad suficiente para batirse de tú a tú con cualquier novena, y que de seguro recuperará el cetro olímpico este año en la cita de Atenas.” “¡Ah!, por cierto, periodista, sería realmente lamentable que los intentos por excluir al béisbol en próximos años del calendario olímpico, se concreten, pues este deporte, después del fútbol, es el que más llena los estadios en el mundo.

Además, se juega en todos los continentes. Por eso los aficionados tenemos que apoyarlo cada vez más. No concibo una Olimpiada sin su presencia, y mucho menos si Cuba lograra algún día la sede, como bien merece.”

 

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