Béisbol Cubano

Ángel López : “Un día me bajaron del avión y se acabó todo para mí”

Hace más de 45 años nació un Diablo en Sagua la Grande. Bueno, la verdad es que se llama Ángel López Berrios, pero un periodista villaclareño (José Antonio Fulgueiras) le puso ese mote por ser lo opuesto a su nombre. Creo que no necesita presentación, pues con estos escasos datos que he lanzado casi todos sabrán que estoy hablando de uno de los receptores más integrales que han pasado por la pelota cubana, testigo de 12 temporadas en Series Nacionales, con average ofensivo de 267, 107 dobles, 115 jonrones y promedio defensivo de 985.

Hoy vive en Estados Unidos, desde hace 18 años. Su salida de la Isla fue impulsada por una sanción injusta al decir de sus palabras. A él y a dos compañeros suyos los condenaron de por vida a estar alejados del béisbol cubano por un hipotético contacto con el lanzador villaclareño Luis Rolando Arrojo, quien decidió quedarse en suelo estadounidense días previos a los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.

Hoy eso es un recuerdo, quizás una maraña que nunca le impidió salir adelante en un país ajeno. A lo largo de la entrevista el ex máscara villaclareño explicó con lujos de detalles lo ocurrido en ese entonces.

Empezó en la pelota en Ranchuelo a la edad de siete años y a los 12 pasó a la EIDE provincial. Luego en la categoría juvenil integró el equipo Cuba que participó en el Campeonato Mundial en Windsor, Canadá 1986, donde fueron campeones. El santiaguero Luis Delis fue el director y sólo perdieron un juego con Estados Unidos, una carrera por cero, con pitcheo estelar de un Grandes Ligas como Mike Mussina, que lanzó en los Yankees de Nueva York.

Estando en los juveniles es convocado al aquipo de Villa Clara para la Serie Nacional en su temporada 1986-87, bajo la dirección de Eduardo Martín Saura. “Estuve muy contento con grandes figuras que estaban en ese momento como Victor, Jova, Alberto Martínez”, expresa.

¿Llegaste a lo más alto del béisbol cubano para sustituir a Albertico?

“En ese año no lo sustituí porque habían otros receptores, pero fue una gran experiencia para mí, me fijé mucho en las cosas que hacía un gran receptor como él, bien disciplinado, un gran atleta y muy inteligente, que era lo que más me gustaba de él”.

Sin dudas, tu paso por las selecciones villareñas implicó un sitio muy importante de tu vida.

“Para mí significó lo máximo, un gran equipo que nunca se daba por vencido, se jugaba con gran amor al béisbol. Los tres años seguidos que quedamos campeones siempre estarán en mi corazón, como lo mejor de mi carrera con Los Naranjas, el equipo perfecto. He tenido grandes directores como Jorge Fuentes, Martin Saura, Carlos Martí, pero como Pedro Jova no hay dos. Además, puedo darme el lujo de decir que juqué con la mejor línea central que ha existido en la pelota cubana para mí, conformada por Toca en primera, Jorge Díaz en segunda, Paret como torpedero, Acebey en la antesala y Víctor como jardinero central”.

Tanta felicidad en esos años, ¿acaso todo fue perfecto?

“En 1992 fui suspendido por Martín y nadie estuvo de acuerdo con esa decisión solo él. El equipo estaba en mala racha, perdimos 10 juegos seguidos y no me puso a jugar y le pregunté por qué razón, si yo estaba bien, tenía siete jonrones y no me dio explicaciones. Yo le dije que no me pusiera más y me dijo que yo era un falta de respeto y me separó del equipo”.

Tuviste tus oportunidades en la selección nacional…

“Mi primera selección nacional fue en 1993, a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Juan, Puerto Rico. Allí compartí con estrellas como Pacheco, Kindelán, Linares, Víctor, Gurriel, El Duque, Valle, lo mejor de lo mejor y además, participé en la primera ocasión que se jugó con profesionales en Puerto Rico. Intervine en topes en Japón, también en la Liga del Pacifico de México, donde jugamos un mes y no perdimos. De igual forma concursé en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata 1995 y en torneos en Holanda. Mi último equipo Cuba fue a la Copa intercontinental de Italia 1997, sin embargo, me bajaron del avión y se acabó todo para mí”.

Todo coronado por aquella conocida sanción en 1997 que no solo te afectó a ti.

“Efectivamente. Estando en la preselección para los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, llegamos y comienza el tope con Estados Unidos, donde se quedó mi compañero Luis Rolando Arrojo. Estuve unos días en Atlanta y fui eliminado de la preselección. Llego a mi casa y al siguiente día me dicen que tengo que ir a la policía. Me hicieron muchas preguntas, entre ellas por qué se quedó Arrojo. Les dije que esa fue su decisión y que yo no sabía. Me dijeron que si sabía algo que lo dijera, porque me iba a traer problemas y no iba salir más. Imgínate.

“Al año siguiente vamos a México, al entrenamiento de altura y cuando regresamos nos llamaron a Paret, a Luis Enrique González –coach de Villa Clara y del Cuba en ese tiempo- y a mí. Porque supuestamente habíamos hablado con Arrojo en México, porque él había ido a vernos. Todo eso fue una gran mentira, acabaron con nosotros y el equipo. La sanción que nos impusieron fue alejados de la pelota cubana de por vida. No podíamos entrar a ningún estadio”.

Ante esa “puñalada” decides irte del país, quizás un tanto desesperado.

“Me voy definitivo en agosto de 1998, es una gran historia y nos hicieron un documental aquí. Me fui en lancha con Toca, Jorge Díaz, Osmany García, Alain Hernández y Maykel Jova, gracias a amigos que no te puedo decir, los cuales fueron a Cuba y nos sacaron. Teníamos visa para Nicaragua y Cuba siempre nos negó el permiso de salida. Aquí tengo un libro en los que aparecemos todos los que salimos de Cuba de una forma u otra, desde Arocha hasta El Duque”.

¿Cómo logras firmar en Estados Unidos?

“Llego de República Dominicana y voy a Puerto Rico, donde empiezo a jugar una Liga de profesionales retirados y ahí me vio el papá de Jorge Posada y me dijo que me ayudaría. Hice unas pruebas con los Indios de Mayagüez y empecé en la pelota profesional. Al terminar la serie, los Marlins estaban interesados en mí y viajé a Miami, me vieron, les gustó lo que hice y me firmaron. No llego a las Mayores porque considero que antes era más dificil que ahora, no le daban mucho chance al pelotero cubano. Aquí juega el que más dinero le dan y yo no conseguí un gran contrato, por la firma $50.000 y un sueldo de $15,000 al mes, mientras que al primer catcher del equipo le dieron $5 millones”.

Háblame de aquel incidente con Lázaro Vargas.

“Aquí hablamos a menudo sobre eso, porque cada vez que jugaba en el Latino me gritaban por eso y Vargas siempre me dijo que fue culpa de él por no deslizarse en home, yo ni lo toqué. Aquí tengo el video de recuerdo y se lo enseñé”.

¿Fue El Diablo López un pelotero disciplinado?

“En 12 años me botaron una sola vez del terreno. Fue en el play off contra Industriales, una jugada en home en la que Orbe Luis Rodríguez era out esperado y me levantó el pie y me fracturó la clavícula y yo respondí. No recuerdo si fue en 1993 o 1994”.

¿Cómo llegas a ser uno de los receptores más integrales de la pelota cubana?

“Se lo debo a ese gran receptor que me lo enseñó todo, Lázaro Perez. Con el tiempo fui aprendiendo, mucho trabajo, mucha dedicación y me siento muy orgulloso de estar en esa lista”.

¿A qué te dedicas en el presente?

“En el año 2004 vi que no tenía chance de jugar en la MLB y le pedí a los Marlins que me liberaran. Me mudé para Tampa y tengo una Academia con Yobal Dueñas y Orlando Chinea, además de trabajar en una farmacia”. (David Díaz)

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