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Abel Ramírez: “Puede que muchos me digan traidor, mi conciencia está muy limpia… seguiré siendo cubano dondequiera”

De Santiago de Cuba a Miami. Lleva tres años en esa ciudad estadounidense y espera que pasen cinco para poder regresar de visita a su país natal. Así lo estipula la ley cubana para los deportistas que han abandonado su nación durante un certamen deportivo o algún contrato bajo el amparo del INDER: ocho años desterrados del lugar al que por derecho le corresponde. El clavadista indómito Abel Ramírez estuvo más de cuatro décadas vinculado de distintas maneras a este deporte.

20 años como integrante de la selección nacional y 12 como capitán de numerosas figuras en el conjunto patrio. En su expediente aparecen más de 100 viajes al extranjero a competiciones de diversos niveles, “contribuí con mi ejemplo a formar muchos atletas, a los que les inculqué el amor por el deporte, por su bandera y país, tal como lo hice yo. Todo eso para terminar en el olvido y hundido en la total ignorancia de nuestros dirigentes deportivos. Vi a muchos con similar trayectoria, campeones mundiales y olímpicos, en igual situación que la mía, o peor, obligados a la ilegalidad, al alcoholismo y no quisiera seguir ahondando en este círculo vicioso”, prefiere el indómito.

¿Coméntame de tu llegada a la selección nacional?

“Llegué a La Habana en 1976 con el entrenador Fernando Guerra, proveniente de Santiago de Cuba. Fui promovido por mis resultados en los Juegos Nacionales Escolares del año anterior. Participé en 1977 en los CCCAN, celebrado en República Dominicana, donde obtuve medalla de plata. Esa misma temporada intervine en un torneo que se celebraba entre los países socialistas, en Varsovia, y culminé con un título y un segundo lugar, además de un bronce en el Campeonato Nacional de mayores. Todo eso con 13 años, Gracias a estos resultados, en 1978 integro las filas de la selección nacional de mayores.

“En los primeros cinco años en la selección nacional tuve la dicha de competir junto a los mejores clavadistas del mundo en torneos que actualmente ya no existen. En algunos de esos eventos obtuve buenos resultados, en 1982, en la RDA, alcancé un cuarto puesto entre casi 50 atletas, solamente superado por Falk Hoffman, campeón olímpico de Moscú 1980 en la plataforma, Alexander Pornof, titular bajo los cinco aros en el trampolín a tres metros y Tomas Nut, finalista en campeonatos mundiales y citas olímpicas.

“Entre 1983 y 1985 perdí y gané con todos, menos con el estadounidense Greg Louganis. En los Juegos Mundiales Universitarios de Kobe 1985, en el que solo faltó la leyenda Louganis, quedé en el segundo lugar, solo superado por el subcampeón olímpico chino Tan Liangde. Después de la plata en los Juegos Panamericanos de Caracas 1983 y de este rendimiento en la Universiada, venía el Mundial de Madrid 1986, al cual yo era un buen aspirante para luchar por medallas pero no participé por una lesión en el tendón de Aquiles”.

La plata alcanzada en la Universiada de Kobe constituye tu mejor resultado deportivo, me arriesgo a asegurar.

“Mis dos resultados más grandes fueron ese y el de los Panamericanos de Caracas, en ambos me llevé la medalla de plata. En Kobe perdí con el chino subcampeón olímpico, medallista mundial y en Copas del orbe, mientras que en Caracas fui derrotado por Louganis, que es el mejor clavadista de la historia. En los dos eventos las medallas de bronce fueron a parar a los cuellos de atletas estadounidenses, lo que evidencia el nivel de esas competiciones”.

Después de los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 decides retirarte, con 33 años y el sentir de varias insatisfacciones.

Tal y como lo dices, decidí retirarme, porque entre otras cosas, las injusticias me seguían y yo entendí que por mi calidad de atleta no debía seguir permitiéndolo. En enero y diciembre siempre tuvimos dos eventos, uno en Las Palmas de Gran Canaria, La Copa Pepsi, y el otro en Brasilia. Siempre estaba invitado a esos certámenes desde 1989, participando y obteniendo buenos resultados. Entonces, en 1997,  me comunicaron que no participaría, pues se había decidido llevar a figuras jóvenes, siempre participaban junto a mi Maité Garbey y Jesús Aballí, éramos los tres atletas más destacados y más veteranos del equipo.

“Al decirme aquello lo entendí perfectamente, pero luego supe que no era así, que de los tres, el único que no iría a esos dos eventos era yo. Al pedir explicación, no supieron convencerme. Les dije que cuando yo había sido joven nunca me dieron la oportunidad que les estaban dando a los más jóvenes, yo me lo tuve que ganar venciendo a los más destacados. Al ver que me dieron respuestas banales, enseguida pensé que no aguantaría una injusticia más y decidí retirarme.

“Para colmo de males, anterior a eso estuvo la injusticia de los Juegos Olímpicos de Atlanta, cuando el INDER no aceptó la clasificación de la FINA, sino una supuesta clasificación que ellos determinaron, porque por la clasificación de la FINA bien pude haber participado como mínimo en tres citas estivales”.

Y has tocado, probablemente, la mayor espina deportiva que guardas en tu alma. Muchísimos años dejando los pulmones en las piscinas y te despediste sin participar en unos Juegos Olímpicos.

“Eso es parte de las cosas complicadas del deporte. Cuando apenas tenía 16 años se celebró la edición de Moscú, entonces me dijeron que era muy joven y tenía un futuro por delante, que no era necesario apurarme, cuando ya había competido con algunos de los que estuvieron en esos juegos y les había ganado. Solo fueron Pedreguera y Milagros.

“En las ediciones de Los Ángeles 1984 y Seúl 1988, Cuba no participó. En Barcelona 1992 y Atlanta 1996, el INDER decidió la suerte por nosotros y los más curiosos fueron los de Sidney 2000. Ya yo estaba retirado y había regresado de una colaboración en Venezuela, me enteré que habían cambiado al presidente del INDER y era Humberto Rodríguez, quien había dado la orden que todo aquel atleta que clasificara por sus respectivas Federaciones participaría en los Juegos Olímpicos.

“Hubo un caso al que yo me uní, al del pelotero Lázaro Valle, que después de retirado integró el equipo olímpico. Como en mi deporte la clasificación no era difícil, decido pedirle a la Comisión que me dieran la oportunidad de hacer el intento, pues no importaba que llevara algunos años de retiro, me sentía en condiciones de lograrlo porque competiría en la Copa Cuba, una de las lides avaladas por la FINA para otorgar clasificación olímpica.

“Una vez más fui víctima del peloteo cubano. Al final decidieron que no, con disímiles de pretextos ilógicos, nunca pensaron que quien pedía una oportunidad era un atleta que lo había dado todo por este deporte, capitán del equipo nacional por muchos años, militante de la juventud y atleta destacado con una gran trayectoria”.

Decías que eras militante de la juventud, no obstante, en 2014 tomas la determinación de no seguir prestando ayuda técnica a República Dominicana y te quedas durante un torneo en Puerto Rico.

“Yo comencé en 1971 en mi natal Santiago de Cuba y salí de de misión en marzo de 2013. Fueron 42 años siendo fiel, representando a mi país y regresando con la misión cumplida a mi tierra y con los míos, a seguir luchando con mi deporte. Fueron muchos años de duros sacrificios y consciente de la situación que vivía nuestro país, pero a la vez sin un sustento que me permitiera mantener mi casa, mi familia, ni siquiera cubrir mis necesidades mínimas, que eran la alimentación y vestir a mis hijos y a mi madre.

“Aparte, no tenía manera de mantener la casa que me había ganado con mis resultados. Solo ganando 20 dólares al mes no me alcanzaría para nada y mirando que las cosas se pondrían peor aún, más en mi deporte que se veía venir un derrumbe, tanto en condiciones como en resultados. Yo siempre quise crecer como entrenador, como profesional, y no tenía opción ninguna en Cuba, sabiendo que aquellos que a lo mejor me llamarían traidor, jamás me hubiesen resuelto la situación por la que yo estaba atravesando.

“Decidí intentarlo en otras tierras a ver si lograba tener lo mínimo para poder atender a mi familia y tomé esa decisión puramente económica, siempre pensando que si no haces nada por ti, nadie lo hará y así decidí unirme a mi pareja actual que radica en la Florida. Puede que muchos me digan traidor, mi conciencia está muy limpia, pues sigo siendo cubano donde quiera que me encuentre, seguiré sintiendo el olor a mi tierra santiaguera. Considero como mis hermanos a todos los cubanos que están por el mundo como yo, que han dejado a sus familias por un futuro mejor. Soy y seré cubano hasta la muerte”.

En Estados Unidos llevas pocos años, ¿cómo has asimilado tu vida en este país?

“Llegando aquí recibí toda la información que reciben los cubanos,  que hay que hacer lo que aparezca y todos mis paisanos llegan con la intención de meterle el pecho a lo que caiga, por tal de prosperar.  He trabajado en la construcción, de valet parking, de lifeguard y en la actualidad me encuentro ejerciendo en un Spa de masajista”.

¿Por qué Abel Ramírez Jr. no completó el camino para igualar o superar a su padre?

“No voy a justificar a mi hijo, no creo que haya tenido la disciplina que se requiere para hacer una  gran figura deportiva, se exigen sacrificios que no todos pueden aceptar. Casi nunca se motivó por una de las razones que expuse antes, no todo el mundo tiene la voluntad de crecerse ante las injusticias y a él le afectó mucho ver cómo no se era justo muchas veces en nuestro deporte.

“A lo mejor quise erróneamente que él  siguiera mis pasos, pues condiciones tenía de sobra y muchas más de las que yo tuve,  pero fue más fuerte la desilusión que el deseo de quedar bien con su padre.  Además, desde niño lo acompaña el talento por la música. Actualmente lo impulsa su voluntad de ser un buen cantante, no todos tenemos la dicha de hacer cosas diversas y a él Dios le facilitó esa segunda vocación”.

Para varios entendidos figuras como el mejor clavadista cubana de todos los tiempos. Sin embargo, también existe la impronta de José Antonio Guerra.

“Para muchos lo fui o lo soy, porque argumentos tendrán.  En cuanto a Jose, decir que somos atletas de épocas muy diferentes y compararnos es como hacerlo con Messi y Maradona. Yo fui en mi tiempo un negro cubano en un deporte que no tuvo nunca tradición de mi raza y eso me permitió abrirme un camino en el mundo del clavado y eso creo que se valoró mucho en ese momento.  Tuve grandes resultados, participaciones en muchos eventos de clase mundial y creo que las lesiones no me dejaron dar todo lo que hubiese querido.

“Por su parte, Guerra, que más que ser el mejor de toda la historia en Cuba desde mi criterio, fue en un momento el mejor clavadista del mundo desde los pies hasta la cabeza y lo digo como fan y especialista. Te digo con honestidad y no es por menospreciar el talento de los clavadista chinos, rusos, alemanes, mexicanos, ingleses, australianos y estadounidenses, por citar algunos casos, ningunos de ellos ha entrenado en las condiciones de nosotros.

“Jose tuvo sus grandes rendimientos en precarias condiciones, seres como él solo nacen en Cuba, con la grandeza, la entrega y el talento que lo llevó hasta los más altos niveles que llegó”. (Roger Dávila)

 

1 Comment

1 Comment

  1. Felix

    2 mayo, 2017 at 6:35 pm

    Abel fuistes y sigues siendo campeon y eres cubano y seguiras siendo cubano,aunq al boca sucia de Randy Alonso diga q eres un excubano.Randy es una RATA.!!!

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